Visión de mujer
Por Elsy Melo Maya
elsy.ya@hotmail.com
En Colombia, los procesos electorales reflejan las dinámicas sociales, políticas y culturales de los territorios. En el departamento de Nariño, las elecciones legislativas de 2026 ofrecen un escenario revelador para comprender las transformaciones y tensiones que atraviesan la democracia como mandato constitucional en la cotidianidad de nuestra región.
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Para el jueves 12 de marzo, fecha en la cual se realiza este escrito, según los datos oficiales reportados por la Registraduría Nacional del Estado Civil y el Consejo Nacional Electoral, el departamento contó con un potencial electoral cercano a 1,23 millones de ciudadanos habilitados para votar, de los cuales alrededor de 650 mil acudieron a las urnas, lo que refleja una participación aproximada del 52,7%.
A primera vista, esta cifra podría interpretarse como un “módico” compromiso democrático; sin embargo, desde un análisis académico se evidencia un dato que no puede pasar por alto: el 50%, es decir, la mitad del electorado, optó por abstenerse de participar. Este fenómeno, recurrente en distintos procesos electorales, invita a una reflexión más profunda sobre los niveles de confianza ciudadana en las instituciones, la capacidad de los partidos o grupos políticos para representar los problemas de lo público y las brechas persistentes entre la política, el debate político y la cotidianidad regional.
Seguidamente, también se nota que el proceso generó aspectos positivos. El porcentaje de votos válidos, cercano al 94%, muestra que quienes decidieron participar lo hicieron con una intención clara de expresar sus preferencias políticas. Este comportamiento define una ciudadanía que, aun en medio de las adversidades que afectan el contexto, busca incidir en el poder político.
Lo anterior, desde una percepción territorial, deberá entenderse como la expresión de una sociedad diversa y pluralista, con un tejido social complejo que comparte una idea política común. Nariño es un territorio atravesado por múltiples identidades y realidades sociales: comunidades indígenas, poblaciones campesinas, dinámicas urbanas emergentes, comunidad flotante y una tradición organizativa comunitaria. En este contexto, el voto se convierte en una forma de expresar aspiraciones, inconformidades y proyectos colectivos de futuro.
En consecuencia, desde la academia los resultados electorales de 2026 no deberían reducirse a la lógica de vencedores y vencidos. Más bien establecen una oportunidad para interrogar el estado de nuestra participación electoral territorial y generar investigaciones serias que contribuyan al fortalecimiento de la democracia representativa.
(Docente ESAP, Especialista Yovanni Delgado Meneses)
16 de marzo de 2026
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