Icono del sitio INFORMATIVO DEL GUAICO

Juan Mares: “Cómo sembrar huevos de iguana en un cuerpo de mujer”

Alejandro García Gómez, columnista
Spread the love

Desde Nod
Por: Alejandro García Gómez
Correo: pakahuay@gmail.com

Escribe JM: “Mi primer poema decía ‘Luz Marina’ (y esa era la extensión y profundidad de ese poema) [… escrito sobre la playa de la arena de un río, con mi dedo gordo del pie izquierdo…]. Al otro día, de regreso a la playa, encontré a una iguana gris verdosa, borrando mi poema y, al verme, corrió al agua como una cometa… En el mismo sitio, por pura nostalgia, quise escribir el verso del día anterior, esta vez con una varita de guásima. Al empezar con la palabra ‘Luz’, se desenterraron los huevos de la iguana comecogollos de jobo que se enamoró del rizado lumínico, para sembrar sus huevos en la arena”.

🎥 Suscríbete a nuestro canal de YouTube

👉 Informativo del Guaico en YouTube

✅ No te pierdas videos con la actualidad de Sandoná, Nariño y Colombia.

En Los vuelos del poema. Antología personal (Medellín, 2025, colección Urabá Escribe, p. 35), bien prologada por Alma Flórez.


Juan Mares, su nombre real —porque la Registraduría Nacional “lo apodó” Juan Carmelo Martínez en su cédula— (Quebrada Arriba, Guatapé, Antioquia, 1951), es un poeta que conocí en “mis tiempos”, en los talleres de Manuel Mejía Vallejo y en el de X-504 (como se firmaba el poeta nadaísta Jaime Jaramillo Escobar), en la Biblioteca Pública Piloto de Medellín; y en el de la Universidad de Antioquia, con Mario Escobar Velázquez (injustamente olvidado).

Mi recuerdo de la primera vez que lo vi se remonta a la imagen de una interminable Coca-Cola de litro y medio que usualmente se terciaba en una bondadosa mochila de cabuyas crudas, y que su mano —prolongación de ésta— sacaba de debajo de su poncho paisa para compartirla, a pico de botella, junto con sus historias y su bonhomía, con “Marcial Berrío”, El Chino, “Aarón Rodas” (El Hermético), Marquitos, Luque “El Ángel Oscuro” (que hoy deambula entre los vapores nocturnos de Medellín), Jorge Corredor, Ángel Rosendo (dueño de una caja de cartón de cuadernos de refrescos Moresco repletos de poemas; hoy es pastor) y otros amigos.

Supe luego que, tomado como remiso en una calle de Apartadó, Caribe antioqueño, debió prestar servicio militar en la IV Brigada de Medellín, tiempo que aprovechó para adelantar su escuela primaria, siempre pospuesta por la errancia y los problemas económicos de una familia de 13 hermanos. También supe que, terminado su servicio, migró a Tierralta (Caribe cordobés) y de ahí a trabajar por 15 años en algunas de las tantas empresas bananeras de Urabá (Caribe antioqueño).

De allá lo trajeron en urgencia médica terminal al Hospital La María (hoy Hospital General) de Medellín, a causa de un accidente que casi se lo lleva en alguna de sus labores obreras: “cuando se me cayó media bodega encima”, dice. La larga convalecencia la aprovechó asistiendo a los talleres literarios mencionados —cuando lo conocí—, comiendo caldos de cerebro, de ojos de buey o de vaca y huevos entremezclados en esas sopas que le preparaba su madre (que merece otra reseña junto a su padre) “para que coja fuerzas de nuevo, mijo”; y JM le ganó el pulso a la Parca:

“[…] Mi madre encarna el poema
cuando reza
para que su hijo, que salió poeta,
la tuberculosis
lo deje seguir escribiendo poemas.

Y mi padre teje el poema
cuando todos los días silba o canta
y va al trabajo a ganarse el mercado
más un ojo de buey o de vaca
para su hijo que salió poeta”.
(p. 73)

Validada su primaria (a los 26 años), hizo un bachillerato nocturno en Medellín (diploma a los 46 años, 1996); de ahí estudió una licenciatura en Letras en la Universidad de Antioquia (diploma a los 51 años, 2002), de manera semipresencial. Para su estudio universitario, con más de 46 años, madrugaba en bicicleta desde Apartadó a Turbo cada fin de semana: ida y vuelta por seis años (Apartadó–Turbo, 32 km; en carro, 42 minutos).

Sin terminarla aún, se dedicó desde entonces al magisterio y a la labor cultural en el Golfo, en el Caribe antioqueño, donde ya había fundado —como buen paisa— un taller literario: Urabá Escribe, que funciona desde 1985. Es ese mismo Urabá al que años atrás había llegado como chapeador de canales y botalones, empacador, sellador, cartonero, barcadillero, cunero, empinador, cortador, garruchero, auxiliar de deshoje, embolsador, regidor de abono, regador de rechazo de boleja, lavador y empacador de fruta, gurbiero, etc.: “todas las actividades, menos desmanchador ni administrador”, dice.

En 2019 fue seleccionado por el Canal Caracol para su programa Titanes Caracol, por su labor cultural en “su” Urabá. El lunes 15 de diciembre de 2025 le informaron que había sido elegido para recibir un reconocimiento en el programa Verso a Verso de la Radio Nacional de Colombia, por esa misma labor. El informe se lo dio el viernes anterior (12 de diciembre) la señora San Martín, directora del programa. Que si no podía viajar, preparara un video y lo enviara. Y claro, no pudo viajar y no sé si alcanzó a enviar el video. Cosas de la “burrocracia” bogotana, de izquierdas o de derechas; es lo mismo.

En Medellín, su familia también vivió una errancia por barrios populares, similar a la que antes los había llevado a deambular por una amalgama de tierras caribeñas y antioqueñas serranas. Vivieron un tiempo a expensas de ayudas alimenticias mensuales de los Cuerpos de Paz gringos, mientras su padre había desaparecido inexplicablemente por un año, hasta que apareció como dueño de un solar que servía como botadero de basuras entre los barrios Castilla y Castillita y levantó allí los muros de la casa familiar, en los extramuros de Medellín.

Y aquí un fragmento de su poema (o cuento, como lo clasifiquen los “taxonomistas”) que más me conmueve; texto de cuatro páginas y media: Mamá Candó:

“Er guandú de un afló quej sonrisa der so.
Lo siembran er loj cultivoj contra er ma’r de ojo.
Da unaj semilla como lágrima der so.
Sibve pa prepará unoj mote que te da maj lujerloj sojo”.

[…] También aconsejaba a un descarriado:

“[…] Cría juiiicio muchaaacho.
A mí me dio la mijma pataleta de pelá.
A vece se pasa bueno y a vece se pasa ma.
Jadta guayaba que baja tené que comé,
ya que mae natura da fruta pa’ too suj pajariiitoj,
pero trabaja pa’ que no te baja a morí de jambre
y no tengaj que robá lo que no tej jaj ganao
y vay te den un paloque te jaga morí
maj magullao que güevo de iguana en guinda […]”
(pp. 45–49).

Cierro la puerta para que contemplen las figuras del poeta de Guatapé–Apartadó.

Nod, Medellín, 15.I.26.

Este espacio de opinión está abierto a columnistas, blogueros, comunidades y otros autores. Las ideas expresadas son responsabilidad exclusiva de sus autores y no representan la posición ni la línea editorial del Informativo del Guaico.

📢 Síguenos para más información:

👉 Haz clic para seguirnos en Facebook

👉 Únete a nuestro Canal de WhatsApp

✅ No te pierdas las noticias de Nariño y Colombia.

Salir de la versión móvil