Icono del sitio INFORMATIVO DEL GUAICO

Latinoamérica: un mundo por hacer

Pablo Emilio Obando, columnista
Spread the love

Por Pablo Emilio Obando Acosta
peobando@gmail.com

La madrugada en que Estados Unidos bombardeó Venezuela y derrocó al presidente Nicolás Maduro, trasladándolo a territorio estadounidense, marcó un punto de quiebre en la historia reciente de América Latina. Las imágenes de una Caracas en llamas y una región en alerta recorrieron el mundo, y con ellas una pregunta se impuso en el debate global: ¿es legítimo que una nación, por poderosa que sea, invada a otra bajo el pretexto de “restaurar la democracia”?

🎥 Suscríbete a nuestro canal de YouTube

👉 Informativo del Guaico en YouTube

✅ No te pierdas videos con la actualidad de Sandoná, Nariño y Colombia.

El derecho internacional establece principios claros: la soberanía, la no injerencia y la autodeterminación de los pueblos. Pero la realidad geopolítica suele burlarse de esos principios. Las potencias actúan muchas veces al margen del derecho, amparadas en sus intereses estratégicos. En el caso de Venezuela, el discurso estadounidense evocó la defensa de los derechos humanos y la libertad democrática, una narrativa familiar usada también en Irak, Afganistán, Libia… y cuyos resultados han sido, cuando menos, cuestionables.

La historia ofrece un espejo incómodo: en los años 30 y 40 del siglo XX, las democracias europeas y Estados Unidos tardaron en reaccionar ante el ascenso de Hitler y la expansión nazi. Cuando finalmente intervinieron, lo hicieron con la convicción de detener un genocidio y una amenaza global. Pero esa guerra tenía un marco distinto: se trataba de una agresión manifiesta de un régimen contra múltiples naciones. ¿Es comparable ese escenario con la situación venezolana? ¿Puede justificarse una invasión por razones “morales” o políticas, sin una agresión directa previa?

El dilema de Latinoamérica no termina ahí. Nuestra región ha sido, desde el siglo XIX, campo de batalla ideológica entre dos grandes fuerzas hegemónicas: el capitalismo liderado por Estados Unidos y, más recientemente, los modelos socialistas autoritarios impulsados por la ex URSS, China, Rusia y aliados. Países como Cuba, Venezuela, Nicaragua o Bolivia han intentado romper con el imperialismo estadounidense, solo para caer en nuevas dependencias económicas y militares, en muchos casos más cerradas, represivas y estancadas.

El caso cubano es emblemático. Más de seis décadas de revolución no han traído bienestar al pueblo, sino precariedad, represión y aislamiento. Venezuela, en su intento por zafarse de la tutela del norte, cayó en una crisis humanitaria y una economía devastada, con millones de personas huyendo del país. Y la pregunta persiste: ¿liberarse de un imperio para someterse a otro?

¿Dónde están entonces las alternativas latinoamericanas? ¿Dónde están los líderes capaces de imaginar y construir una tercera vía, propia, autónoma, pensada desde la realidad y las necesidades de nuestros pueblos? No una copia tropical del neoliberalismo, ni un calco de los modelos soviéticos o maoístas, sino un pensamiento crítico, situado, comprometido con la democracia, la equidad, la justicia ambiental y la soberanía.

Los pueblos latinoamericanos no son inferiores. Han resistido siglos de colonialismo, esclavitud, dictaduras y despojo. Pero han sido traicionados, una y otra vez, por élites que negocian con el extranjero, por ideologías impuestas y por estructuras que impiden el florecimiento de una verdadera emancipación. La falta no es de capacidad, es de proyecto común.

Latinoamérica necesita un nuevo pacto. Un pacto cultural, político, económico y ético. Una refundación. Necesitamos educadores que enseñen a pensar, no a repetir. Economistas que prioricen la vida, no los indicadores del FMI. Políticos que escuchen más de lo que hablan. Intelectuales que cuestionen sin caer en los extremos. Ciudadanos que no se dejen seducir por los “mesías” de turno, vengan del norte o del este.

Mientras no construyamos nuestra propia ruta, seguiremos siendo el patio trasero de las potencias. Seguiremos viendo partir a nuestros jóvenes, nuestras ideas, nuestras riquezas. No hay salvadores externos. O nos salvamos entre todos, o nos hundimos fragmentados.

Latinoamérica sigue siendo un mundo por hacer. La historia aún no está escrita. Pero es hora de tomar la pluma.

Este espacio de opinión está abierto a columnistas, blogueros, comunidades y otros autores. Las ideas expresadas son responsabilidad exclusiva de sus autores y no representan la posición ni la línea editorial del Informativo del Guaico.

📢 Síguenos para más información:

👉 Haz clic para seguirnos en Facebook

👉 Únete a nuestro Canal de WhatsApp

✅ No te pierdas las noticias de Nariño y Colombia.

Salir de la versión móvil