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Menos ruido y más presencia en el Congreso

Pablo Emilio Obando, columnista
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Por Pablo Emilio Obando Acosta
peobando@gmail.com

El Congreso de la República atraviesa una de sus crisis más profundas: no solo de credibilidad, sino de sentido. Mucho discurso, demasiada estridencia, poca escucha. En ese escenario, vale la pena detenerse —aunque sea por un instante— a pensar qué tipo de liderazgos necesita hoy el país.

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Hace algunos días, como ya lo expresé, fui testigo de una escena sencilla, casi invisible para el radar político: una mujer acompañando, escuchando y gestionando soluciones concretas para un grupo de personas vulnerables. No había tarima, ni consignas, ni promesas. Solo compromiso. Solo presencia.

Más tarde supe que se trataba de Lilian Quintero, candidata a la Cámara de Representantes por el Partido de la U, lista 103. Lo revelador no fue su condición de candidata, sino que nunca hizo uso de ella. No buscó adhesiones, no capitalizó la necesidad ajena, no convirtió el servicio en propaganda.

Y entonces surge la pregunta inevitable:
¿qué pasaría si ese mismo comportamiento llegara al Congreso?

El país no necesita más representantes expertos en el micrófono, sino legisladores capaces de escuchar antes de hablar. El Congreso no requiere más protagonistas del debate estéril, sino actores comprometidos con el impacto real de las decisiones que allí se toman sobre la vida cotidiana de la gente.

Un liderazgo como el que encarna Lilian Quintero sugiere una política distinta: una que entiende la representación no como privilegio, sino como responsabilidad; no como escenario de vanidades, sino como espacio de servicio.

En un Congreso marcado por la desconexión social, por reformas que pocas veces escuchan a quienes más las padecen, resulta pertinente pensar en representantes que no lleguen a aprender qué es la vulnerabilidad desde el escritorio, sino que la conocen desde el contacto directo y permanente.

Tal vez el mayor déficit del Legislativo no sea técnico, sino humano. Y ahí es donde liderazgos silenciosos, constantes y coherentes cobran valor. Porque quien sirve sin anunciarlo, probablemente legisle sin traicionar.

No se trata de idealizar personas ni de vender redentores políticos. Se trata de reconocer que el país requiere un Congreso menos ocupado en la pelea y más enfocado en la solución; menos distante y más conectado; menos ruidoso y más efectivo.

Si ese espíritu —el de la acción silenciosa, el compromiso genuino y la escucha activa— lograra abrirse paso en el Capitolio, quizá empezaríamos a reconciliar la política con la ciudadanía.

Y tal vez, solo tal vez, el Congreso volvería a parecerse un poco más al país real que dice representar.

Este espacio de opinión está abierto a columnistas, blogueros, comunidades y otros autores. Las ideas expresadas son responsabilidad exclusiva de sus autores y no representan la posición ni la línea editorial del Informativo del Guaico.

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