El lunes 6 de julio de 2026, el Estadio de Seattle debía ser el escenario de una fiesta deportiva de octavos de final entre Estados Unidos y Bélgica. Sin embargo, la atmósfera que se respiraba en las redacciones de Colombia y el mundo estaba lejos de ser festiva; el césped no solo albergaría a veintidós jugadores, sino a una de las mayores crisis de gobernanza ética en la historia moderna de los mundiales. Folarin Balogun, el goleador estrella del conjunto anfitrión, saltaba al campo de juego libre de sanción. Pero para llegar allí, el reglamento del deporte más popular del planeta tuvo que ser forzado en los despachos presidenciales de Washington y en los comités de la FIFA, desatando una unánime ola de indignación y rechazo en la crítica periodística colombiana.
El telefonazo que doblegó a Zúrich
Todo comenzó el miércoles 1 de julio en Santa Clara, California, durante el duelo de dieciseisavos de final entre Estados Unidos y Bosnia y Herzegovina. Balogun propinó un temerario pisotón sobre el tendón de Aquiles de Tarik Muharemović. Aunque el árbitro brasileño Raphael Claus no percibió inicialmente la gravedad de la infracción, la posterior revisión en la cabina del VAR ratificó la temeridad de la jugada y Claus le mostró la tarjeta roja directa. La ley del fútbol era clara: expulsión directa y una fecha de suspensión automática para el siguiente encuentro.
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Pero la maquinaria geopolítica se encendió de inmediato. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, realizó tres llamadas personales al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, exigiendo revocar la sanción para evitar que el delantero se perdiera el partido de octavos. Desde el Despacho Oval, Trump justificó públicamente su intromisión ante la prensa: “No creí que fuera una falta; pensé que eran dos grandes atletas que chocaron a toda velocidad y se enredaron”. De paso, el mandatario atacó la integridad de Claus, calificándolo de ser un árbitro “un poco sospechoso si revisas su pasado”.
Para complacer al poder anfitrión, el Comité Disciplinario de la FIFA ejecutó una pirueta jurídica inédita en la historia moderna del torneo: aplicó el Artículo 27 de su Código Disciplinario para dejar en suspenso la ejecución de la tarjeta roja por un período de prueba de un año, habilitando de urgencia a Balogun para enfrentar a Bélgica. La UEFA reaccionó de inmediato con absoluta estupefacción, acusando a la FIFA de “cruzar una línea roja” y de socavar gravemente la credibilidad de la competición.
“Un insulto a los que inventaron el fútbol”: la ira de la prensa colombiana
En Colombia, los micrófonos y las columnas de opinión no tardaron en estallar ante lo que consideraron un atropello descarado al juego limpio. El reconocido escritor y periodista Daniel Samper Pizano, en diálogo con Julio Sánchez Cristo en el programa 6AM Hoy por Hoy, arremetió de frente contra la cúpula del fútbol asociado. Samper Pizano calificó la habilitación de Balogun como “un abuso de poder e influencia política intolerable” y “un insulto a la gente que inventó el fútbol y a las leyes de este deporte”.
En un tono mordaz, el columnista acusó directamente a Infantino de actuar de forma servil ante Trump, afirmando de manera crítica que el presidente de la FIFA “besa con cara radiante el trasero del mandatario norteamericano”. Asimismo, Samper catalogó a la dirigencia de la FIFA como una “superestructura de abusadores y traficantes” y reveló haber firmado una petición de carácter mundial para exigir la renuncia de Infantino.
Por su parte, en el sintonizado programa radial El Pulso del Fútbol de Caracol Radio, los periodistas César Augusto Londoño y Steven Arce expresaron un rechazo categórico. Londoño tildó la medida de “arbitrariedad tremenda” y “decisión absurda”, defendiendo que la expulsión decretada por Claus era “totalmente justa” dado el “impresionante” pisotón de Balogun. Para Londoño, el uso del Artículo 27 representó una manipulación reglamentaria destinada únicamente a favorecer a Estados Unidos. En el mismo espacio, Arce lamentó que esta intromisión sumiera al Mundial de 2026 en una alarmante falta de legitimidad y que se estuviera politizando abiertamente el deporte.
La voz de exdirigentes de la región también tuvo eco en la prensa nacional. Wilmar Valdez, expresidente de la Asociación Uruguaya de Fútbol y ex-presidente interino de la CONMEBOL, declaró en Caracol Radio que la exención constituía una “mancha” imborrable para el torneo. Valdez contrastó la velocidad de la FIFA para complacer a Trump con su inacción en otros casos, como cuando no intervino de oficio para revisar una dura falta de Lionel Messi en su debut que muchos consideraron roja directa. “Es indudable que aquí hubo una decisión política que sienta un precedente complicadísimo”, advirtió Valdez.
Juristas colombianos en el ojo del huracán deportivo
La controversia tocó fibras sensibles en Colombia debido al rol protagónico que desempeñaron dos ilustres juristas de este país en los comités internos de la FIFA que posibilitaron y blindaron jurídicamente la polémica habilitación del jugador estadounidense.
El exmagistrado de la Corte Constitucional Jorge Iván Palacio, en su rol de vicepresidente del Comité de Disciplina de la FIFA, formó parte del órgano que suspendió la tarjeta roja de Balogun recurriendo de forma excepcional a la elasticidad del Artículo 27. A su vez, la exprocuradora general de la Nación Margarita Cabello Blanco, miembro del Comité de Apelación de la FIFA, formó parte de la terna que firmó la inadmisibilidad del recurso de apelación de urgencia interpuesto por la Federación Belga de Fútbol.
El comité que integra Cabello cerró la vía ordinaria del torneo al argumentar procedimentalmente que Bélgica “no era parte formal en el expediente disciplinario” del jugador sancionado, una movida procedimental que la prensa local reportó bajo un riguroso escrutinio ético. Carlos Marín, en debates radiales del país, no dudó en describir el blindaje de esta habilitación como “una especie de golpe de Estado” al derecho deportivo.
La “trampa” reglamentaria bajo la lupa técnica
El periodismo deportivo colombiano también acudió al análisis técnico para desmontar la argumentación oficial de la FIFA. El exárbitro de la Primera División de España Eduardo Iturralde González expuso en Caracol Radio el vacío ético del fallo de los comités. Iturralde explicó que recurrir al Artículo 27 constituía una auténtica “trampa” jurídica, dado que este artículo fue conceptualizado originalmente para suspender sanciones colectivas —como aplazar la clausura de una tribuna condicionada al buen comportamiento del público— y jamás para indultar tarjetas rojas directas originadas por faltas de juego.
El analista arbitral recalcó que la resolución colisionaba directamente con el Artículo 10.5 del reglamento oficial de la Copa del Mundo 2026, el cual impone una suspensión obligatoria tras una expulsión. Iturralde concluyó con pesar que la comunidad del fútbol quedaba expuesta a “una de las mayores injusticias del fútbol” , mientras que el analista arbitral argentino Miguel Scime advertía de manera tajante en la radio local que “con Trump todo es posible”.
Paralelismos de cooptación política: de Trump a Gustavo Petro
La indignación de la prensa no se detuvo en las fronteras de los comités de la FIFA. El semanario político Semana aprovechó la coyuntura del Mundial 2026 para trazar un agudo paralelismo entre la intromisión geopolítica de Trump y las pretensiones de cooptación del deporte en el ámbito doméstico colombiano.
Mientras se cuestionaba a nivel mundial que Trump utilizara a la FIFA como su “títere” para salvar a Balogun, en Colombia se criticó duramente el oportunismo del presidente Gustavo Petro. En medio de la cita orbital, Petro publicó un polémico mensaje en la red social X donde pretendió adjudicar a su gestión el rendimiento de la Selección de Colombia masculina :
“Recibí un pueblo lleno de hambre cuando recibí la presidencia, dejo mi presidencia con el pueblo comiendo bien, bailando muy bien, y jugando fútbol bien y sin trucos”.
La revista Semana y diversos analistas catalogaron la afirmación como una flagrante ironía y un descarado intento de propaganda, recordando el pobre historial deportivo de su gobierno, marcado de forma prominente por la histórica pérdida de la sede de los Juegos Panamericanos de Barranquilla y la cancelación definitiva del proyecto para albergar la Fórmula 1 en el país. Además, llamó la atención el tono sarcástico de Petro al sugerir un deseo de ver una final mundialista entre Estados Unidos y Colombia “y sin trucos”, aludiendo directamente al escándalo de Trump.
El karma deportivo en la cancha de Seattle
A pesar de la intensa batalla diplomática, las presiones presidenciales y el blindaje procesal, la verdad última del fútbol se terminó dictando sobre el césped. El lunes 6 de julio de 2026, Folarin Balogun saltó como titular para disputar los octavos de final frente a Bélgica ante la expectación de un planeta indignado. Pero los dioses del fútbol parecen tener su propio código disciplinario.
Bélgica aplastó sin atenuantes a Estados Unidos con un contundente 4-1 en Seattle, despidiendo al anfitrión de su propio campeonato. Con goles de Charles De Ketelaere (minutos 9 y 33), Hans Vanaken (57) y Romelu Lukaku (90+3), la escuadra belga desarmó por completo el esquema norteamericano. El goleador indultado, Folarin Balogun, disputó los 90 minutos pero completó un partido sumamente gris, registrando apenas tres remates, completando solo siete pases y saliendo de la cancha con una bajísima calificación de rendimiento de 5.7.
La prensa deportiva colombiana reportó el desenlace bajo la hipótesis del “karma deportivo”. Diversos paneles de opinión coincidieron en que el fútbol cobró su propia factura moral frente al abuso de poder político. El capricho presidencial de Trump de doblar el brazo del reglamento para salvar a su estrella solo sirvió para debilitar la mística de su selección y ratificar que, aunque los presidentes puedan forzar despachos, el balón siempre termina rodando con sus propias reglas inapelables.
Investigación realizada con Gemini
Fuentes: The Guardian, AP News, El País y Fox News
Foto: De la broma a la interferencia real: en 2018, Gianni Infantino le entregaba simbólicamente una tarjeta roja a Donald Trump en el Despacho Oval. Ocho años después, en el Mundial de 2026, el mandatario estadounidense usaría su influencia política para forzar a la FIFA a suspender la tarjeta roja de su delantero estrella, Folarin Balogun. (Foto: Evan Vucci / AP)
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