
Comunidades indígenas en las montañas de Cumbal, a más de 3.000 metros sobre el nivel del mar, han puesto en marcha un ambicioso proyecto de bancos comunitarios de semillas. La iniciativa busca preservar la seguridad alimentaria y recuperar decenas de variedades de cultivos tradicionales que habían sido desplazados por la expansión de la ganadería.
A pesar de que la región de Cumbal se ha consolidado como una “potencia en producción de leche”, este auge económico ha puesto en riesgo la diversidad alimentaria local, un problema que la pandemia de covid-19 dejó al descubierto.
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La Tierra Desplazada por la Ganadería
La expansión de la actividad ganadera ha transformado la economía local en el sur de Nariño, fronterizo con Ecuador. Sin embargo, esta transformación ha reducido drásticamente las parcelas dedicadas a la siembra de alimentos.
Segundo Gilberto Peregüez, adulto mayor y líder indígena del resguardo Gran Cumbal, recuerda que hace medio siglo, el valor principal era la comida y el trueque, no el dinero. “Hoy vemos comunidades dedicadas a producir leche. Han desplazado los cultivos y con ello nuestras tradiciones”, explica Peregüez.
La crisis se hizo palpable durante los confinamientos: “Había dinero para comprar, pero nunca se preocuparon por sembrar. La gente tenía tierras, vacas, pero no había qué echarle a la olla”, afirmó Peregüez.
La Casa de Semillas: Un Rescate Educativo
Ante este panorama, un grupo de docentes del Instituto Educativo Técnico Agropecuario Indígena Cumbe impulsó el rescate. Pidieron a sus estudiantes recolectar muestras de todas las semillas que tuvieran en casa, creando un banco inicial con el objetivo de cultivarlas, preservarlas y distribuirlas.
“El ejercicio fue sorprendente. Encontramos decenas de variedades de papa, frijol, maíz y otros tubérculos. Allí vimos la importancia de lograr que esas semillas no murieran, de hacerlas retornar a las casas”, indicó Esteban Gargotena Rosero, profesor del colegio.
El proyecto, que hoy se enmarca en el programa “Biodiversidad para Ecosistemas Resilientes en Paisajes Agrícolas”, ha identificado más de 30 especies de cultivos de alimentos y un centenar de especies aromáticas y medicinales, muchas de ellas que parecían desaparecidas.
Un Sistema de Trueque para la Conservación
Para garantizar que estas variedades lleguen a todos los hogares, el colegio estableció la Casa de Semillas Yar Pue Cumbe, que actúa como centro de conservación y nutre otros nueve “bancos nodales” ubicados en escuelas rurales.
El sistema funciona bajo un modelo de préstamo con compromiso: “Las familias que deseen sembrar estas semillas pueden pedir prestado desde un kilo, con el compromiso de retornar al banco un kilo y medio cuando haya cosecha”, explica Jorge Alirio Asa Arellano, maestro de la escuela Romerillo.
Este proceso de rescate no solo impulsa la seguridad alimentaria, sino que también ha enriquecido la gastronomía local. María Rosero, cocinera tradicional nariñense, celebra el retorno de los sabores ancestrales: “Hemos recuperado el sabor que nos heredaron nuestras abuelas y hoy preparamos comidas con papas de colores, sabores y texturas deliciosas”.
La meta es clara: como afirma Peregüez, “Recuperar las semillas es recuperar el territorio. En Cumbal, hoy somos potencia en producción de leche, pero pronto seremos potencia en producción de comida saludable y ancestral”.
Con información de La Crónica del Quindío
Foto: EFE/Mario Baos
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