
Por Pablo Emilio Obando Acosta
peobando@gmail.com
Pasto guarda en el corazón de su centro histórico un tesoro que no siempre valoramos como se merece: el Museo del Carnaval. Allí, entre figuras gigantes, colores desbordantes y obras que parecen salidas de un sueño colectivo, se rinde tributo al alma creativa de un pueblo que ha hecho del arte su forma más alta de expresión. Es el lugar donde se respira Nariño, donde cada pieza habla, grita, canta y baila el espíritu de la cultura pastusa.
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Es imposible recorrer sus salas sin quedar maravillado ante la precisión, la belleza y la fuerza simbólica de cada obra. Madera, papel, yeso, espuma, pintura y telas se convierten, bajo las manos de nuestros artesanos, en animales mitológicos, personajes históricos, dioses, diablos, fantasías. Todo un universo plástico y sensorial que va mucho más allá de un desfile de enero: es la historia viva de un pueblo que resiste y crea.
El Museo del Carnaval no es solo un museo. Es un testimonio. Es memoria colectiva y es también presente activo. Y mucho de ese espíritu se ha logrado gracias al trabajo comprometido de la Oficina de Cultura Municipal, bajo la coordinación del señor Jorge Taipe, un gestor cultural que ha comprendido el valor de organizar, cuidar y proyectar este espacio hacia la comunidad. Su visión ha permitido que el museo se convierta en una parada obligada para turistas y locales, en un aula abierta donde se aprende con los ojos y con el corazón.
Sin embargo, esa grandeza artística ha crecido tanto que el espacio ya resulta insuficiente. Las obras, cada vez más imponentes, más ricas en detalles, claman por más aire, más luz, más lugar. Por eso, esta columna quiere cerrar con una propuesta concreta, sensata y urgente: adecuar el gran patio adoquinado que rodea la Oficina de Cultura Municipal como una ampliación natural del Museo del Carnaval. No se trata de encerrar el espacio, sino de cubrirlo con un techo armónico, lleno de colorido, que dialogue con la estética del museo y permita una expansión digna para este santuario del arte popular.
Esta iniciativa podría marcar un hito en la gestión cultural de la actual administración, liderada por el alcalde Nicolás Toro Muñoz, y sentar las bases para que futuros gobiernos locales continúen fortaleciendo el legado artesanal del pueblo pastuso.
El Museo del Carnaval ya no es solo una vitrina: es un canto a la creatividad, una ofrenda al arte y una promesa de futuro. Hagamos que siga creciendo como crecen nuestras obras: con identidad, con belleza, con alma.
Este espacio de opinión está abierto a columnistas, blogueros, comunidades y otros autores. Las ideas expresadas son responsabilidad exclusiva de sus autores y no representan la posición ni la línea editorial del Informativo del Guaico.
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