
Por Jorge Carvajal
Diario del Sur
Pedro Bombo se llamaba en realidad Pedro Zarama Castillo. Se afirma que nació en Tangua el 31 de diciembre de 1931, hijo de don Isaac Zarama y Blanca Ismaelina Castillo.
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Su cédula de ciudadanía, que aún se conserva, es la número 5.201.889, en la cual manifestaba no saber leer ni escribir. Medía 1,47 metros, era de profesión obrero y vivía en la calle 17 número 25-72 del barrio San Andrés, lugar donde murió el 30 de julio de 1983, a consecuencia de un incendio.
Según el Manual Historia de Pasto, Pedro Zarama Castillo, o mejor conocido como Pedro Bombo, “era un personaje estimado y apreciado por todas las familias de Pasto, especialmente del sector de la Catedral, lugar en el cual tuvo su entorno. Era una persona honrada, por eso lo querían”.
Una anécdota cuenta que un día sufrió un accidente al caerse de un vehículo en movimiento, lo que le ocasionó lesiones delicadas y obligó a su reclusión en el Hospital San Pedro. Las enfermeras se sorprendían por la gran cantidad de personas que visitaban a Pedrito, a diferencia de otros personajes importantes internados en el mismo centro de salud a quienes ni siquiera sus familias iban a ver.
Pedro Bombo se sostenía con la ayuda solidaria de muchas familias de la ciudad. Cuando obtuvo el bombo, su figura se volvió familiar para los pastusos, pues empezó a recorrer las calles anunciando noticias y promoviendo productos populares como envueltos o empanadas.
Le gustaba moler y desgranar maíz en las casas, además de tostar café, actividades con las que era llamado con frecuencia: “Pedrito, vaya a moler maíz”, “Pedrito, vaya a tostar café”. Él mismo tostaba el café y lo llevaba a los molinos. Incluso le preguntaban con anticipación cuándo iría, porque lo estaban esperando.
Tenía su propia agenda y atendía a familias reconocidas de la época: los Viteri, el padre Concha, el doctor Rosero Pastrana, los Ortega, Jaime Santacruz, sus tías Torres, entre otros. No era el “bobo del pueblo”, ni un ser despreciable; era una persona inteligente, con documento de identidad, y de plena confianza para muchas familias pudientes de Pasto.
Sabía votar y decía ser conservador. Además, era profundamente piadoso. Cuando repicaban las campanas dejaba todo lo que estaba haciendo para ir a misa. Tenía rosarios, estampas y oraciones que guardaba cuidadosamente en una caja.
Los niños lo seguían por las calles. Era risueño, cantaba y se reía de sus propias canciones. Nunca utilizó vocabulario soez. Su canción predilecta, la más larga que se sabía —aunque no completa— decía: “Pañuelo blanco me diste, pañuelo para llorar; de qué me sirve el pañuelo si no te puedo olvidar”.
Los amigos
Fueron amigos de Pedro Bombo, María Piña, también residente del barrio San Andrés, de quien la presidenta de la Academia Nariñense de Historia, Lydia Inés Muñoz Cordero, escribió que “era de figura pequeña y delgada, de rostro arrugado y color ocre, pero con una sonrisa y una alegría que no le cabían en el cuerpo”. Era conocida como la Niña María o María Cantinas.
Otro de sus inseparables amigos fue Avelino, conocido como “El Pólvora”, residente en el barrio Pandiaco y experto en lanzar cuetes, de donde surgió su apodo. Eran tres personajes típicos: Avelino, María Piña y Pedro Bombo, que hacían realidad el adagio popular: “Dios los cría y ellos se juntan”.
Quienes lo conocieron bien coinciden en que al inicio solo se le veía con una mochila al hombro. Luego andaba con un platillo de banda que alguien le regaló o con una bocina para hacer propaganda. Más tarde, los músicos de la banda le obsequiaron el bombo que lo haría famoso: un instrumento viejo con el que recorrió las calles y al que siempre acudía cuando había fiesta.
Para las celebraciones religiosas tenía una memoria prodigiosa y no se perdía ninguna. En esas ocasiones hacía retumbar de manera estruendosa su bombo, que terminó convirtiéndose en un símbolo de su personalidad y, por qué no, de la ciudad de Pasto.
Pedro Zarama Castillo, Pedro Bombo, murió en un incendio que lo sorprendió en la humilde pieza donde vivía, a las 10:30 de la noche del sábado 30 de julio de 1983, cuando tenía 54 años.
Gracias a las gestiones de don Ramón Almeida Argoty, fue velado en el Cuartel de Bomberos. Las honras fúnebres se realizaron el 1 de agosto de 1983 en la iglesia de San Andrés, hasta donde fue llevado en una máquina de bomberos. Luego, su féretro fue conducido en hombros hasta el cementerio de El Carmen.
Al sepelio asistió una gran multitud de personas de todos los estamentos sociales. Incluso el entonces gobernador de Nariño, Carlos Albornoz Guerrero, habló en el cementerio y exaltó su vida y significado para la ciudad de Pasto. El secretario privado de la Gobernación, Néstor Viteri Cifuentes, gran amigo de Pedro Bombo, logró que la Administración Departamental asumiera los gastos funerarios.
Su sepulcro quedó ubicado a la entrada del cementerio, frente a la iglesia. Aunque la funeraria había contratado una tumba en tierra, los asistentes al entierro insistieron y colaboraron para que su descanso final fuera en una bóveda.
Foto: Internet
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