El paraíso de las carcajadas ausentes


Por Alejandro García
Gómez

Para Kekas y Menchi,
Para Gabriel,
Míos, en mi sangre.
Los habitantes abren
sus palabras a otro día igual,
Que se filtra a través
de la grieta misteriosa de los techos.
El humo de las casas
Se mezcla con el
tañido de las oraciones y la liturgia
Del Padre Ángel María,
del sacristán Gilberto y de sus mínimas ancianas.

Hay aroma de café
suave y recién colado           
En esta montaña de
envidia verde.
Hoy el volcán no
filtra su advertencia de cenizas ni tremores.
Mi madre nos prepara,
con el pan y el queso, el huevo cocido
Para el café del
desayuno antes de la escuela.
Las palabras de papel
blanco se disuelven en la boca del maestro:
Cristóbal Colón
descubrió América el 12 de octubre de 1492.
El Negro Carlos, mi
vecino de pupitre,
Murió de cáncer
dejando mujer e hijos.
Simón Bolívar libertó
cinco países y con Panamá seis
Montado en su caballo
Palomo.
Carlos Segundo, El
Pipón, mi otro vecino,
También dejó viuda y
huérfanos de maestro y cáncer.
De tarde en tarde me
encaramaba al mundo virginal del solar paterno,
A platicar con la
tristeza gris del cielo
Frente al navío
embalsamado de mi volcán,
Lejos de la inmensa
voz del mar, inexistente entonces.
Cada paraíso se
deshace en mis manos:
Los dioses del destino
de los hombres
Conocen el siguiente
paso mío y lo graban en el agua que fluye y que me moja.
El poblado de montañas
de envidia verde y azul de Sur
Es ahora parque gris
de amigos y gorriones de granizo
Que me miran desde la
pileta entre sus carcajadas ausentes.
Ríen y discuten; se
abrazan y disputan a cabezazos,
Entre fumadas a
escondidas y alguna botella de vino robado.
Y las palabras se
disuelven aún más en mí:
La Justicia es.
La Democracia es.
La Libertad es.
Los agentes oxidantes
capturan los electrones
Que los agentes
reductores ceden.
Mis palabras navegan
en un mar de ojos.
Mis estudiantes se
escurren por entre las tapas de mi escritorio.
De ellos aprendí que
para identificar el color falso
Es necesario aprender
a bailar la danza de las máscaras.
Que el color blanco
Cuando es papel que se
diluye en tus ojos o en tu boca
O raya de tiza que se
convierte en pensamiento libre
O rayo de luz preñado
de esperanza y fe
O una falda bella que
insinúa profundidades,
Tiene sentido.
Que no debemos
despertar el alma del pájaro invisible de la felicidad.
Contrabandista en
Rumichaca y Tufiño fui.
Negocié con el oro y
la plata de Barbacoas y Chordeleg.
En Medellín conocí a
Juan Manuel Cuberos
Que me duró lo que
tarda una bala equivocada en encontrar a un amigo eterno.
Allí sobreviví al seco
abrazo de las bombas que me mataron tantas veces.
A través del olor
silencioso de la niebla emerge ahora mi poblado
Y me mira con ojos de
ahogado desde el agua.
Vuelvo de un río de
agua estancada
Que fluye desde la
mirada azul del naranjo florecido
Desde la huerta de mis
tíos abuelos Pina y Jenaro,
De las revistas de
aventuras leídas a escondidas de mi padre.
De lejos vuelvo.
Desde mis ojos
amarillos con senos de  mujer –de ella-
Que alumbran los muros
de la que hoy es mi casa.
De lejos vuelvo –mi
poblado-.
Una nube de negocios
negros, blancos y grises,
Silencian para siempre
el tañido, la liturgia y mi salón de clases.
Besos de hojas secas
vagan entre las sombras del templo.
Los fantasmas de los
muros escuchan sus fantasmas.
Preces y blasfemias
incineran los lampararios
Y ascienden calcinadas
entre los aleluyas de añoso incienso.
Con su tristeza
antigua,
Las carcajadas del
parque fuman y beben entre el llanto de sus duendes.
Nadie escucha su
llanto de roca congelada.
Los niños y las niñas
llenan las tabernas.
Danzan y se embriagan
hasta la locura o hasta la muerte
Vigilados desde la
penumbra triste de sus padres
Sólo cuando logran
limpiar con el codo
La cortina de su
llanto.
Los dioses del
destino, otra vez entre juegos y burlas,
Se disputan el último
paso del hombre de negocios
Que acaba de levantarse
del lecho de su amante.
Otra carcajada cae en
las neblinosas alas del silencio.
El poblado duerme otra
vez.
Nuevamente ha
recordado a la muerte.
Y Sandoná jamás
volverá a ser el que entonces fui.
Medellín, septiembre
de 2013
Tomado de: Colaboraciones
SUSURROS 2

Author: Miguel Cordoba

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