Nuestra arquitectura propia

Mi Ventana

Por Ramiro García
Casi cuatro décadas
después de emigrar de mi pueblo -por diferentes y razonables propósitos-,
siempre tuve la intención de regresar, así fuese solamente por percibir la
satisfacción de caminar por sus calles y detenerme en las esquinas a escuchar
viejas y nuevas historias
 contadas
repetidamente por familiares, amigos o conocidos de épocas remotas.

Esos cortos y gratos
espacios de tiempo y lugar permiten percatarse de la inevitable y
gradual transformación física y cultural de cada interlocutor
, así como también
del grado de desarrollo o deterioro de la riqueza arquitectónica y natural del
poblado.

Ciertamente, la
modificación integral la percibimos con
cierto asombro quienes nos hemos alejado por mucho tiempo
, pues para el
residente su transitar rutinario no le permite establecer esos cambios, casi
imperceptibles. Es casi como el efecto que produce mirarse diariamente en un
espejo.

Bajo esa perspectiva,
y considerando que se avecina la celebración de la tradicional fiesta de luces
y colores de la noche del 7 de diciembre, cuando todo el poblado engalana
solidariamente su cuadra
, evoco uno de esos largos trayectos sin asfalto,
cargado de buenas historias, que en mi
recuerdo aparece como detenido en el tiempo.

Se trata del icónico
tramo entre el barrio Meléndez y la
antiquísima capilla de la Virgen de Las Lajas, ubicada en lo que antes se
conocía como Pénjamo
.

Pues bien, hace poco
tiempo tuve la oportunidad de transitar por ese legendario, bello y mágico
escenario
, hoy conformado por calles de los barrios Meléndez y El Porvenir.

Esas calles, aunque
soportan intactas algunas casas con
techo de tejas de barro, provistas de aleros de tipo colonial, y edificadas con
paredes balaustradas, adornadas con grandes
puertas y ventanas de madera; conservan dramáticamente su estructura
arquitectónica propia
, resistiéndose a claudicar ante el
avance de la modernidad; que en éste caso ha traído consigo construcciones un
tanto desordenadas y caóticas, irrespetando alturas, materiales y la volumetría
propia de la arquitectura colindante.

Es el arrasador
desarrollo que ha eliminado casi por completo las características originales
del entorno
. En suma, un urbanismo desprovisto de adecuada planificación.

Ya en el sector
conurbano se encuentra, casi intacto, y resistiendo el embate del tiempo
-además de un  escaso mantenimiento-, el
viejo trapiche en donde solíamos realizar una pausa para degustar el afamado
guarapo de caña
. Pude constatar también, que sigue vigente e incólume la antigua
Tejería, en donde se elaboraba el ladrillo y tejas de barro destinados a muchas
construcciones objeto de este escrito.

Como una gran mayoría
de los habitantes del poblado tiene vocación y veneración mariana (Virgen de
Fátima, Nuestra Señora del Rosario, etc.), no podía sustraerme de visitar la
antiquísima capilla de la Virgen de Las Lajas, lugar que conserva intactas su
fachada y la sencillez de sus muros interiores; obviamente con el deterioro propio del tiempo. En fin,
el espíritu estilístico de esta obra reposa en su sobriedad
.

Consuela saber que
este templo religioso será objeto de restauraciones estructurales, en razón a
que ha sido considerado patrimonio cultural y religioso.
Finalmente debo decir
que con este escrito e imágenes pretendo homenajear a los moradores iniciales de este interesante
trayecto, pues a muchos de ellos tuve el privilegio de conocerlos
. Ellos
dedicaron su vida entera a faenas agrícolas y comerciales para dejar ese legado
a su descendencia. Con trabajo constante y honestidad; cuando ser caficultor,
cañicultor  o ganadero era sinónimo de
prosperidad. Todo indica que difícilmente volverán esos tiempos boyantes. Sus
herederos han tratado de conservar con mucho esmero y sentido de pertenencia
esos inmuebles, que no son nada distinto a unas reliquias arquitectónicas.

Quizá tarde mucho tiempo en que la modernidad arrase sin compasión esos
bucólicos espacios

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Author: Miguel Cordoba

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