
Por: Guillermo Portilla
Facebook: guillermo.portilla.14
Dicen que la naturaleza no cobra venganza, sino que enseña lecciones, a veces con dureza. Imaginemos por un momento que el agua tiene sentimientos. El pasado 28 de diciembre, en Sandoná, el agua fue tratada como basura, como un juguete desechable; y apenas un mes después, los días 3 y 4 de febrero, esa misma agua se escondió, dejándonos con los grifos secos y el alma llena de angustia.
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Es una metáfora dolorosa pero real: el agua que tiramos por la terraza en medio de la risa, es la misma que nos faltó en la ducha y en la cocina.
El Día de los Inocentes en nuestro municipio se ha desdibujado. Lo que debería ser tradición se ha tornado en una batalla campal absurda donde “galladas” se camuflan en los terceros pisos y terrazas, arrojando litros de vida a la calle. Duele ver cómo padres de familia, llevando a niños pequeños de la mano, les enseñan a desperdiciar, normalizando la agresión contra el transeúnte que regresa cansado de trabajar. No hay respeto, no hay conciencia ambiental; solo un derroche disfrazado de alegría.
Pero la realidad nos golpeó días después. Un aguacero torrencial, de esos que recuerdan la fuerza del río Ingenio, se llevó la bocatoma. Y ahí empezó el verdadero vía crucis.
Hace pocas semanas, un aguacero torrencial destruyó la bocatoma del acueducto municipal. Los días 3 y 4 de febrero, Sandoná amaneció sin servicio, recordándonos lo frágil que es nuestro sistema de abastecimiento. Aquí es donde debemos detenernos a reflexionar sobre administración y gratitud. Llevar un metro cúbico de agua hasta el grifo de tu casa no es magia; es un milagro de ingeniería y esfuerzo humano.
Mientras en el pueblo la ciudadanía se quejaba y sufría la incomodidad de cargar pesadas canecas de agua desde fuentes lejanas para poder cocinar o vaciar un baño, en la montaña ocurría un acto heroico y silencioso. Los operarios de EMSAN trabajaban día y noche, bajo la lluvia inclemente y el frío, arriesgando su integridad para devolvernos el servicio.
El llamado es sencillo: que el 28 de diciembre deje de ser el día de la inconsciencia hídrica y se convierta en una jornada de reflexión. Eduquemos a los menores, sensibilicemos a los adultos y entendamos que cuidar el agua es cuidar la vida misma.
Reflexión para mis paisanos de Sandoná
A veces la vida nos quita un momento lo que no valoramos, para que aprendamos a cuidarlo. Pasamos de tirar el agua en carnavales a cargarla en canecas por necesidad. Los invito a leer este texto que escribí con el corazón. Es hora de que transformemos ese “Día de Inocentes” en un día de sensatez. Un día para brindarle culto a ese líquido tan preciado que es sinónimo de vida. Compártelo.
Este espacio de opinión está abierto a columnistas, blogueros, comunidades y otros autores. Las ideas expresadas son responsabilidad exclusiva de sus autores y no representan la posición ni la línea editorial del Informativo del Guaico.
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