“Abran la puerta que quiero ser libre”

Desde Nod
Por Alejandro
García Gómez.
“Usted es un
enemigo de las Farc, porque no acepta las condiciones de los prisioneros de
guerra; eso no está permitido”, dizque respondió Simón Trinidad al profesor
Moncayo
cuando le suplicó, por su intermedio al Secretariado de las Farc -quien
tenía secuestrado desde el 21 de diciembre de 1997 a su hijo Pablo Emilio y a
otros militares en el Cerro Patascoy- para que les permitiera el estudio a
distancia de los militares plagiados que lo desearan. Las familias se
responsabilizarían de toda la logística.

Esto lo cuenta Yury Moncayo en “Abran
la puerta que quiero ser libre” (Impresol Ediciones Ltda., Bogotá, 2013)
. No
sería la única humillación. Las recibirían cada día de las Farc, de los
sucesivos gobiernos, de los mandos militares y de muchísimos colombianos del
común.
Desde esa madrugada
–Yury tenía 11 años-, la vida cambió para siempre a la familia Moncayo Cabrera,
de Sandoná, un pueblo nariñense.  Con una
sola voz plural, la de cada uno de la familia, Yury narra el minuto a minuto de
esa madrugada y de esos primeros días de angustia enloquecedora, mientras el
resto de los colombianos nos sumergíamos en las fiestas de Navidad y Año Nuevo
y los sandoneños, y nariñenses en general, en la locura de un nuevo Carnaval de
Negros y Blancos.
Y pasa esa
primera Navidad, el Año Nuevo y los Carnavales. Y pasa el primer mes de
angustia. Y pasa el primer año. Ellos, los familiares de los militares
secuestrados, no cuentan para el gobierno ni para nosotros los colombianos, a
quienes desde hace tiempo se nos han empañado los espejos del alma
. El país
cambia de presidente. El fatuo Pastrana reemplaza al desvergonzado Samper. Pasa
otro gobierno. Llega el primer mandato de Uribe. Igual cinismo; la angustia y
el dolor de ellos no importan. Al contrario, comienzan los chismes que van y
vienen; el más canalla de todos: que el secuestro es un contubernio entre el
Profe Mocayo y las Farc para conseguir dinero. La hipocresía del primer
cuatrienio de Uribe es igual o peor. Sólo cuentan los “secuestrados de
primera”. Termina el primer mandato de Uribe. Nada. El Profe Gustavo imagina
mil maneras de llamar la atención para que el gobierno actúe, pero nada nos
saca del marasmo al país y de la doblez a los sucesivos gobiernos y a las Farc.
El domingo 17
de junio de 2007, Estela Cabrera, madre y esposa, ha preparado una comida
especial, donde no falta el cuy con papas y ají de maní y huevo, porque es el
Día del Padre. En medio del almuerzo
, El Profe informa a su familia que ha
decidido caminar desde Sandoná hasta Bogotá. Salgo ya, les dice. Decisión
arriesgada sí pero no tan peligrosa –ni tan fatal- como la que tuvo pensado:
hacerse enclavar sobre una cruz en la Plaza de Bolívar, que la tuvo decidida.
Sólo desistió por las súplicas y disputas con su esposa, el llanto de sus hijas
y demás familiares. Yury, que ya ha cumplido los 20 años, toma también la
decisión más trascendental de su vida. El Profe no había contado a nadie su
plan. Ella observa que empaca un par de pantaloncillos, medias, camisetas y un
pantalón. Lo ve salir solo desde su casa y el alma se le empieza a arrugar.
Cuando su padre ha recorrido más de media cuadra, le grita: “¡Tavo, esperáme,
que yo también me voy con vos!”. Como puede, arma otro mínimo bolso para sus
efectos personales. Salen a las 3:40 pm desde Sandoná. Los despiden mínimas
personas, además de su familia. El propósito es llegar a la glacial Pasto, la
capital, a casi 50 km de distancia. Caminan toda la noche y, a la madrugada,
observan a la distancia las luces de la ciudad.
Así van
cumpliendo cada uno de los objetivos que los llevarán -desde el sur- al centro
de Colombia y luego por Latinoamérica, Europa y el mundo en este desgarrador
testimonio y Yury los narra con los errores del novel escritor, pero con su
sangre
. 08.XII.16.

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Author: Miguel Cordoba

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