Agricultura: El campo en Colombia envejece y al consumidor no le importa

Por Julio Andréz Rozo Grisales

Tomado de

Cuando leí el Tercer Censo Nacional
Agropecuario del 2015 y las opiniones de los expertos que lo analizaron, quedé
sorprendido con el siguiente dato: “Mientras que en 2005 el 64,2% de los
hogares rurales dispersos tenían niños menores de 15 años, hoy la cifra es
apenas del 50%
”.

Me pareció alarmante esta cifra si
el análisis lo ampliamos en una línea de tiempo: ¿A qué porcentaje disminuirá
la cantidad de jóvenes residentes en las zonas rurales para el año 2050, cuando
yo tenga 70 años? ¿Cómo será el modelo de desarrollo agrícola para ese
entonces? ¿Qué comeremos y quién, o qué sistema será el encargado de cultivar
los alimentos?
¿Presenciaremos acaso un modelo en donde los jóvenes migran como
cardúmenes a las ciudades justo después del parto?
Son muchas preguntas que corren por
mi cabeza y que invito a que hagan mella en la suya. No como para quitarle el
sueño, pero sí para pensar cuál es el rol suyo y mío para evitar varias cosas,
entre ellas, las siguientes:
¿Quién producirá los alimentos en el
futuro y al hacerlo será un modelo de producción en donde muchos pueden actuar,
o se trata de la génesis de los macro-monopolios agrícolas?
¿Cuáles son las aspiraciones de los
jóvenes que migran del campo a la ciudad?
¿Acaso están condenados a hacer lo
que les toca o vienen motivados a venir a las urbes debido a los imaginarios de
éxito que se venden en las redes sociales?
Estas preguntas que se mezclan entre
lo filosófico y lo pragmático denotan varias oportunidades para construir
políticas públicas más decididas para las zonas rurales HOY.
Siempre que recorro los campos del
país, encuentro respuestas por parte de los jóvenes que evidencian una gran
desmotivación y desapego hacia actividades como la agricultura
y peor aún, un
desapego y hasta vergüenza por sus tradiciones culturales como el vestir una
ruana, por ejemplo.
Y lo consulto con colegas y expertos
y la respuesta está dada, para qué buscarla más: “hay que hacer del campo una
actividad sexy, atractiva que corresponda con las nuevas necesidades de los
jóvenes rurales y adicionalmente millennials
”. Sí, ¿pero cómo?, ¿será cuestión
de motivación y/o también de definir las aspiraciones que ellos tienen?
En el último año he preguntado a más
de 800 jóvenes en las zonas rurales qué es lo que ellos quieren para sus vidas,
cuál es su propósito de vida. Y bien, al hacer mis propias estadísticas, sus
pasiones están indefinidas y casi el 60% de estos adolescentes hiperconectados
anhelan los estereotipos de los jóvenes que caminan Unicentro un sábado en la
tarde
.
Es cuestión de darle oportunidades
de ingreso a los jóvenes para que no engorden las estadísticas de desempleo en
las ciudades, coinciden muchos de los expertos o quienes opinan sobre el tema.
Y sí, pero hay factores que lo condicionan y en lo cual la tarea está rezagada
(empezando por una presencia más sólida por parte del Estado con todo lo que ello
conlleva: educación, salud, emprendimiento, trabajo, vías, infraestructura,
crédito, etc.
).
Hasta este punto del artículo las
preguntas le otorgan la responsabilidad a las entidades públicas, ¿y usted, y
yo, y los consumidores? Coincido con que la mezcla para que nos reenamoremos
del campo radica en la existencia de oportunidades económicas, con la
posibilidad que tienen ellos de recrear nuevos imaginarios de vida y éxito
personal
.
Lo paradójico del asunto es que
cuando uno habla con los jóvenes en una conversación más profunda, en una
charla que va más allá de un par de respuestas que denotan la idolatría hacia
una ciudad desconocida, uno puede identificar que sí aman su tierra, que sí
quieren materializar oportunidades en su territorio, pero no quieren pasar la
dureza de vida por la cual atraviesan muchos de sus padres
.
Apoyar las economías familiares y
campesinas con la compra de productos campesinos no solucionará el problema de tajo,
dentro de un escenario de ausencia del Estado. Pero sí ayudará a cambiar en
algo las realidades que viven los hogares rurales DESDE EL CONSUMO. Así pues,
permítase como consumidor responsable hacer más turismo rural
y entrar en
contacto con realidades que trascienden la carrera séptima en Bogotá, desde la
oportunidad de preferir una fruta a un snack tradicional, que si bien, estas
últimas también dan empleo a otra persona, puede transformar el enfoque del
impacto que una compra puede generar.

Este es un espacio de opinión destinado a
columnistas, blogueros, comunidades y similares. Las opiniones aquí expresadas
pertenecen exclusivamente a los autores que ocupan los espacios destinados a
este fin por el blog Informativo del Guaico y no reflejan la opinión o posición
de este medio digital.

Author: Miguel Cordoba

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