Columna Desde Nod por Alejandro García Gómez


U del Chocó y educación antioqueña
“(En
las pruebas Ecaes) los resultados más bajos en licenciatura en educación fueron
los obtenidos por los estudiantes de esta universidad (Chocó), una institución
que no tiene ni un solo programa académico acreditado en alta calidad y más de
14 carecen de acreditación”
, denuncia el columnista chocoano José Mosquera (EL
MUNDO, Medellín, 11.V.12), entre otros hechos que afectan la calidad de sus
egresados. Como Maiakovski en uno de sus poemas en el Amazonas, dirán muchos
“no importa, es en territorio peruano”, al observar desde Leticia un barco que
se incendia en el otro lado del río; es el Chocó, dirán; es perfumar un bollo,
dijo otro. El asunto es de allá y de acá.
He venido insistiendo en que a raíz de que la
profesión docente ha sido tenida en menos, porque todos los gobiernos siempre
han considerado que la educación pública es un gasto, o un despilfarro
necesario para acallar a la gente, éstos han insistido en mermar cada vez más
la calidad de vida de los docentes y sus familias
. En tiempos no tan lejanos se
les llegó a pagar con botellas de aguardiente. Hoy se sigue pagando la
educación con las mismas rentas aunque ya no nos humillan obligándonos a vender
las botellas nosotros mismos o nuestra esposa o hijos en las propias cantinas
(tema del que también me serví para ambientar mi novela “El tango del profe”,
señalada en artículo anterior). Hoy la tortura es más sutil: tratan de
reventarnos a punta de reuniones y un sinnúmero de actividades e informes
escritos, que nadie lee por inútiles, y clases hasta a 22 cursos diferentes de
hasta 65 estudiantes por semana por profesor. Tanto que es un rumor muy serio
que la EPS del magisterio antioqueño (y de otros dptos.), al verse alcanzada
–por costos y personal- con la consulta de docentes a siquiatría, están pagando
cursillos de manejo psiquiátrico a sus médicos generales para la atención de
los docentes medio sicóticos en ejercicio que les llegan cada vez en mayor
número.

Pero como además, por acto legislativo, ley y
decreto correspondiente (01/01 –con JM Santos Minhacienda de Pastrana-, 715/01
y 1278/02), se acabó con lo poco que quedaba de la profesión al permitir la
entrada a ella de los profesionales diferentes a licenciados, hoy es cada vez
más escaso encontrar jóvenes que decidan estudiar licenciaturas
. Los neoprofesionales,
diferentes a licenciados en educación, entran a la docencia mientras “se
cuadran” en “su trabajo definitivo” porque van a encontrarlos con iguales o
mejores garantías pero siempre con mayores sueldos (un licenciado o profesional
comienza con $1.325.952 menos los descuentos legales). Muchos programas de
universidades públicas y privadas se han cerrado por falta de estudiantes. De
esto no han estado exentas ni Medellín ni las grandes ciudades ni sus áreas
metropolitanas, o de influencia, ni los dptos. del país con más desarrollo
económico. Esta es la razón más importante –quizá la única- por la que la
educación antioqueña en primaria y secundaria, pública y privada, cada vez está
más servida por docentes de Chocó y Córdoba. El problema no es que sigan
llegando, como llegamos muchos a muchos sitios y trabajos por el derecho que
nos da la vida y nuestra constitución política a descubrir nuevos horizontes,
de allá hacia acá o de acá hacia cualquier rincón colombiano. La cuestión es
que se empiece a pensar en serio en esto. Los pactos educativos con las
ciudades capitales más pequeñas, cercanas a Medellín y su área metropolitana o
a estas grandes capitales, son lo acertado. Podría comenzar a pensar en esto el
proyecto “Antioquia la más educada”, del gobernador Fajardo. Pero también
Aníbal y el resto de alcaldes metropolitanos deberían entrar al pacto. Por
ahora, la solución inmediata sería encontrar la manera de promover la calidad
de las universidades que sirven de cantera de los docentes de los antioqueños.
La mediata, y definitiva, sería promover la mejoría de la profesión docente.
Otro reto para Fajardo, Aníbal y los otros alcaldes para liderar desde la gran
provincia. 20.V.12

Author: Miguel Cordoba

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