Crece deforestación en Nariño

Visión de mujer
por Elsy Melo Maya
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El Geógrafo Julio Cesar Martínez Dejoy, egresado de la Universidad de Nariño, nos comparte este interesante artículo, que refleja una alarmante situación. “La cifra oficial entregada por el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible sobre la deforestación en el país, cuenta  que el 74% de la deforestación para el año 2019 se concentra en 6 departamentos, siendo Chocó el  que mayor incremento refleja con cerca de 6 mil hectáreas, seguido de Norte de Santander con 9.910 hectáreas y el departamento de Nariño con 3.461 hectáreas.

El crecimiento desmesurado en las tasas de deforestación, no solo ubica a nuestros ecosistemas en alta vulnerabilidad, sino que a su vez, contribuye con alrededor del 33% de la emisión de gases efecto invernadero; sumado a esto, la problemática asociada a conflictos de usos de suelo, explotación forestal, ampliación de la frontera agrícola y la inducción de ganadería extensiva en áreas de páramo, áreas de recarga hídrica y zonas de alta pendiente. Estas actividades guardan una estrecha relación, siendo sus efectos los detonantes en temporadas de menos lluvias, del incremento de los Incendios de cobertura vegetal, sequía y desabastecimiento de agua; y en temporadas de lluvia, la recurrencia de eventos como movimientos en masa e inundaciones, generando así daños irreparables sobre los bienes y economía productiva de las comunidades.

Y la pregunta recurrente frente a esta situación podría ser: ¿y cuál es el papel real de las Corporaciones Autónomas Regionales en la protección de los ecosistemas? Lo cierto es que la respuesta, es aún más preocupante, dado que la  responsabilidad que recae sobre estas corporaciones, no se hace visible en la concertación ambiental del ordenamiento territorial, y esta realidad se contrasta con la ausencia o incorrecta implementación de las políticas de los instrumentos de Ordenación del Territorio (EOT, PBOT, POT) por parte de las administraciones territoriales. Sin embargo, al parecer estos datos  sobre la deforestación que no dejan de ser alarmantes, tampoco  mueven a la sociedad civil ni mucho menos impactan la agenda pública de los gobernantes en general.

La conclusión a esta preocupante realidad, además de fácil resulta trágica: nuestras territorios tendrán que enfrentarse no solo a la crisis por la falta de agua, sino también a fenómenos hidrometereologicos cada vez más extremos, y esto, gracias al resultado de nuestras propias acciones, que demuestran la falta de interés y responsabilidad  en lo que debiera ser un compromiso de todos. Hoy por hoy, nos encontramos en un punto de no retorno. Un futuro más optimista, depende de nosotros mismos”. 

Julio 13 de 20202

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Author: Miguel Cordoba

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