El fútbol: Alegría, pasión…… y recuerdos

Mi ventana
Por Ramiro García
A decir verdad, el papel desempeñado por nuestro seleccionado nacional de balompié en la reciente, sorpresiva y atípica Copa América – por ausencia de favoritos en la final-, no puede calificarse como un fracaso. Es preciso recordar los superlativos comentarios de especialistas internacionales en el tema, acerca del  esfuerzo y talento colectivos; del manejo y tenencia impecables del balón; de la chispa y vértigo de algunas individualidades, etc. Pero si nos apartamos de las expresiones ajenas, reconozcamos haber observado en este experimento un trabajo colectivo y de mayor profundidad con respecto a pasadas selecciones; por supuesto, no exento de mejoras en la definición, que finalmente es el mayor y relevante traspié. De una manera simplista, quien no convierte goles, inexorablemente  tiene que recoger el balón de  su propio arco. Además, se supone que la mira está puesta en las eliminatorias para el mundial de Brasil 2014, para lo cual, en mi concepto, el técnico debe estar expectante de la evolución del connotado mediocampista y eximio pasador de balones, Giovanny Moreno, o en su defecto, Magnely Torres, o el mismísimo juvenil  Rodríguez, el del Porto; es decir, hay que incorporar al equipo un eficaz enlace.  En fin, el  tiempo y trabajo permitirán afinar las líneas para la obtención de  mejores resultados futuros. Por ahora esperemos a ver qué nos depara el seleccionado sub-20 en el torneo mundial a celebrarse en nuestra patria, pues estos jóvenes son depositarios del futuro futbolístico.
En otro nivel, y sobre el mismo tema deportivo, quiero referirme a mis recuerdos sobre el fútbol sandoneño, y más precisamente con lo sucedido  hasta finales de la década de los setenta, época en que  tomé la decisión de emigrar hacia otras latitudes.
Quien haya sido practicante o aficionado a este deporte de masas, no podría sustraerse al reconocimiento de ese inolvidable equipo llamado Atlético Sandoná, aquel de la divisa auriazul -como la de los bosteros de Boca Juniors, Argentina-,  fundado y auspiciado logística y económicamente, entre otros, por dos mecenas: Juvencio Zambrano  y José Félix Jurado. El primero, excelente futbolista;  el otro, por aquel entonces, empresario del transporte y gran promotor del deporte. Obviamente que sin el concurso y   participación de otros aficionados  aportantes de ideas y recursos, no hubiera sido posible lograr el incipiente  desarrollo de ese deporte en aquella época dorada. Por mi mente desfila  una pléyade de destacados futbolistas –algunos, ya desaparecidos-,  a quienes menciono por su nombre o remoquete, aún con la seguridad de excluir involuntariamente a otros no menos importantes. Entonces, cómo no recordar  a ese virtuoso y espectacular arquero llamado Huérfano –nunca conocí su verdadero nombre-, aquel que nos deleitó con su hombría y arrojo inigualables. La misma posición fue eficazmente resguardada por Giraldo Zambrano, “Zeta”, un guardameta de envidiable físico y presencia en el arco; o a Edmundo Santos, un verdadero felino en sus desplazamientos bajo los tres palos, y destacado por sus nada ortodoxas maneras para encarar a cualquier delantero habilidoso. Ni hablar de “el Pala”, Marcial Montezuma, un guardameta que inspiraba respeto, solamente enfrentándolo.   Mención especial para Carlos Barahona y Ángel Rosero,  dos arqueros con enormes cualidades. En la retaguardia, sin duda alguna las palmas son para Franco Hidalgo, un  recursivo, técnico, y  valeroso defensa central, con pié fino – como dirían los argentinos-; Diomedes Agreda, otro central que otorgaba seguridad en la línea defensiva, al igual que Polo Castillo, eficazmente rudo y una verdadera guadaña para los delanteros que osaran gambetearlo. En esa posición igualmente se destacaron, el profesor Silvio Castillo, un elegante y caballeroso defensor, así como el fogoso y áspero Mitchelly Girón, y los Ortega, aquellos impasables del Barrio San Francisco. El profesor Aurelio Cabrera y Luis Fajardo, ambos defensores, tampoco pasaron inadvertidos en el ámbito futbolístico.  Indiscutiblemente en el medio campo abundan  nombres de notables elementos, como Fernando Rosero, dotado de una técnica y visión excepcionales; Lucio Cruz, aquel infatigable mediocampista con vocación goleadora y de buena pegada; el ya mencionado Juvencio Zambrano; el talentoso y recuperador de balones, Carlos “Ché” Zambrano. Quién no recuerda al menudo y habilidoso mediocampista  Giraldo Rosero, o a Edmundo “Cacha” Hidalgo, otro inteligente futbolista con innatas condiciones de goleador, tempranamente retirado de esta disciplina deportiva. Si de delanteros se trata, la lista sí que es extensa, y prefiero sólo mencionarlos: Everardo Narváez, Carlos López -eximio convertidor de tiros penaltis-, Lucho Córdoba, Alberto Fajardo, Primitivo Enríquez, el petiso y oportunista Roberto Palomino, los hermanos Silvio y Alberto Hidalgo, Ignacio Fajardo, Lalo Zambrano, Gabriel Rivera, al promisorio pero vanamente desperdiciado Alfredo “Churo” Jurado, y al  afroamericano de casi 2 metros de estatura: André; así, a secas. Por cierto, su oficio era la albañilería.
Se considera como fortuna  el  arribo circunstancial y  posterior contratación como tutor y director técnico en esta disciplina, del ex futbolista profesional Juan Molina, quien partió en dos la historia  del fútbol sandoneño; pues este avezado deportista impartió fundamentos teóricos, nociones estratégicas y la enseñanza de una depurada técnica y calidad en el ejercicio de este deporte. Igualmente es menester reconocer el aporte como futbolista, árbitro y mentor del fútbol, al profesor Eduardo Arévalo.
Como de todo hay en la viña del Señor – al decir coloquialmente-, también conocí algunos aprendices eternos del fútbol, quienes, literalmente, no daban pié con bola, por más esfuerzos y esmero en lograrlo. Estos especímenes pertenecían a la escuela del afamado humorista Fontanarrosa, quien apuntaba: “mi problema con el fútbol radica en dos carencias: no puedo patear con la derecha….. y, además, mi izquierda es un desastre”. Menciono con respeto y humor a estos personajes, asumiendo el riesgo de lograr su enemistad. Entre los muchísimos troncos, recuerdo a Jorge “Pata”, un verdadero despropósito del balompié; a José “Moto”, el prototipo de un petardo zurdo; al arquero Edmundo Erazo, “El Cali”, un colador de cuanto gol pueda imaginarse; a “Winnipeg” Sánchez, un farolero que presumía haber pertenecido a las divisiones inferiores del América de Cali, y al rey de reyes, José Elías Castillo, mi  amigo y colega caficultor, a quien su equipo  lo alineaba tan sólo porque su condición económica le permitía suministrar el balón para los entrenamientos. COSAS DEL DEPORTE.
Entre las escuadras con mayor renombre destaco el ya aludido Atlético Sandoná,  Once Deportivo,  Deportivo Alianza, Club Yerbas, Nueva Ola, Independiente, etc. Posteriormente, algunos dirigentes tuvieron la magnífica idea de celebrar anualmente el torneo Interbarrios, para lo cual se dividió geográfica y físicamente el área urbana. A través de la web me he enterado que esta clase de torneos continúa realizándose en forma periódica; además de otros eventos rurales y de fútbol-sala. ENHORABUENA.
PD.  Al momento de escribir este artículo, me he enterado del accidente automovilístico sufrido por mi amigo y contemporáneo, Jaime Arcos Moncayo, a quien desde este medio le deseo una pronta recuperación de su salud. 

Author: Miguel Cordoba

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