
Cada 5 de enero, Ipiales revive una historia de resistencia, arte y memoria colectiva. La entrada de la Familia Ipial, corazón del Carnaval Multicolor de la Frontera, no nació como espectáculo, sino como respuesta popular a una fiesta que durante décadas fue privilegio de unos pocos.
En los años previos a 1966, el carnaval ipialeño estaba marcado por cabalgatas de las familias hacendadas, mientras campesinos y pueblo observaban desde las aceras. Esa exclusión encendió la chispa de un grupo de jóvenes liderados por Segundo Manuel Solís, “El Tango”, músico, líder cívico y soñador del carnaval. Inspirado en la Familia Castañeda de Pasto, propuso crear una expresión propia, arraigada en la identidad local. Así nació, el 5 de enero de 1966, la Familia Ipial.
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Desde su primera salida, la comparsa transformó el carnaval. Con teatro callejero, crítica social, humor picaresco, disfraces y música, la Familia Ipial convirtió el Día de Negros en un espacio de encuentro popular. Apareció entonces el Cacique Ipial, figura central que, mediante el Bando, decretaba el imperio de la alegría y denunciaba, con ironía, las tensiones sociales y políticas del momento.
Tras la muerte de “El Tango” en 1968, su hermano Alirio Solís asumió el liderazgo y mantuvo viva la propuesta durante años de esplendor. La Familia Ipial creció hasta reunir más de un centenar de integrantes y se consolidó como una de las expresiones más avanzadas del teatro callejero en el sur del país.
Con el paso del tiempo llegaron las crisis, los cambios generacionales y las tensiones institucionales. Desde los años ochenta, el debate sobre la identidad del carnaval llevó a rescatar con más fuerza las raíces indígenas y ancestrales, especialmente de la cultura Pasto. En algunos periodos, la esencia se diluyó; en otros, como a partir de 2014, propuestas artísticas coherentes devolvieron al 5 de enero su sentido simbólico.
Hoy, la Familia Ipial sigue siendo más que un desfile. Es memoria en movimiento, una expresión que recuerda que el carnaval nació del juego, la crítica y la igualdad, y que el color negro, cada 5 de enero, no es maquillaje: es historia, identidad y resistencia compartida en las calles de Ipiales.
Con información y foto de la Ipialeñísima
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