“Lasos de amor”

Visión de mujer
Por Elsy Melo Maya
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Para las mujeres que hemos decidido ser madres, con la conciencia clara del compromiso y la responsabilidad que ello implica, me atrevo a decir que el amor por nuestros hijos no es comparable con ningún otro sentimiento. Este no tiene límite y abarca la comprensión, la solidaridad, la confianza, la paciencia, el apoyo, la entrega total por siempre y para siempre. Nunca dejan de ser nuestros, en el mejor de los sentidos, así pasen los años y construyan sus propias familias. Y todo esto se evidencia en el relato de vida que hoy nos comparte la docente y madre Libia Enríquez Meza.

 “Los hijos son un pedacito del alma, que como madre jamás los sueltas; ellos crecen, se vuelven jóvenes, adultos, y siguen ahí como seres mágicos. No imaginamos el dolor para ellos, ni la tristeza, ni la enfermedad o el fracaso y cuando les llega, el alma se resiste, no admite que el dolor físico o el sufrimiento emocional los toque, la fuerza de madre, de mujer se vuelve como un roble, no decae, no se lo puede permitir, hay que sostener a esa parte de nuestra vida, todo lo que hay alrededor se vuelve secundario, incluidos los sueños que se están construyendo o que se han logrado.

Hoy recuerdo cuando supe que a una de mis hijas le diagnosticaron cáncer de mamá. Cuando escribo esto, siento un vacío en el estómago, un sinsabor que recorre mi cuerpo, no quiero mencionarlo, me da miedo, sin embargo, saco fuerzas para expresar lo afortunada que fui y las bendiciones que recibí; no siempre pasa así, hoy doy gracias a Dios por permitirme escribir lo que siento como madre y como mujer y tener la fortuna de haber superado esa etapa tan difícil y dolorosa, aunque el camino no fue fácil: la distancia que nos separaba para apoyarla era muy grande, ella estaba perfeccionando sus estudios profesionales de medicina a través de una beca en otro país.

En este proceso, logre entender como los lazos del amor logran conexiones extraordinarias. Una noche me desperté con un dolor intenso en mi brazo izquierdo, no podía dormir, mi corazón latía con fuerza, pensé que me iba a dar un infarto, me asusté…, traté de comunicarme con mi hija, pero no fue posible, sentí más angustia, pensé que algo estaba pasando, al día siguiente me entero que a mi hija le diagnosticaron un cáncer de mama, no tenía a mis otros hijos ni a mi familia cerca, el dolor que sentí era algo inexplicable, entonces entendí los silencios (no respondía las llamadas), entendí el dolor de mi brazo, justo ese día mi hija había tenido una trombosis venosa en su brazo izquierdo.

Comenzó la odisea para poder viajar, la solidaridad de la familia y los amigos no se dejó esperar, todo fue posible en un abrir y cerrar de ojos, llegué al lado de mi hija, mostrándome fuerte, aunque el dolor me carcomía el alma, pero encontré una mujer fuerte, decidida a vivir y dar la pelea, pasaron muchos momentos duros que en una primera etapa; gracias a Dios los superamos.”

Enero 24 de 2022

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Author: Miguel Cordoba

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