
La Justicia Especial para la Paz (JEP) confirmó en las últimas horas la primera condena contra el secretariado de las antiguas FARC en el marco del macrocaso 001 —relativo a secuestro, toma de rehenes y delitos asociados— y los obligó a cumplir ocho años de medidas restaurativas.
Las sanciones, de corte restaurador y no privativas de la libertad, incluyen tareas como apoyo en la desarticulación de campos minados, trabajos de cuidado ambiental, actividades de memoria y perdón y el apoyo en los procesos de búsqueda de personas dadas por desaparecidas, labores que inicialmente se centrarán en el Valle del Cauca y el Huila.
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La decisión generó reacciones encontradas: varias víctimas y colectivos cuestionaron lo que califican como penas blandas frente a la gravedad de los delitos cometidos, mientras que otras personas afectadas, como la madre de una desaparecida, recibieron la medida con cauta esperanza.
Mariela Ortega, madre de Helen, una joven que desapareció hace 16 años tras ser engañada para trabajar y nunca más ser localizada, dijo que la resolución abre una posibilidad real de hallar restos. “Se ha logrado que esta gente reconozca lo que hicieron y que no se vuelva a repetir esta historia y tanto dolor, tendrán que trabajar arduamente estos 8 años para que se encuentren los restos de las personas que desaparecieron, porque ellos saben dónde están. Mi hija desapareció hace 16 años y no sé si mi hija vive o si mi hija muere, con lo que van a hacer puedo tener la esperanza de que mi hija aparezca en una de esas fosas”, expresó Ortega, entre tristeza y esperanza.
La mujer relató el drama personal que vive desde la desaparición de su hija: asumió la responsabilidad de criar a los tres hijos de Helen, hoy jóvenes en distintas etapas de formación, y mantiene una constante búsqueda de respuestas ante la Fiscalía. “Cada día me levanto con la esperanza de poder encontrar a mi hija o que me digan que mi hija está en tal parte para yo, como madre, poderle dar una cristiana sepultura. Este es un dolor que no tiene nombre, para mí fuera un milagro de Dios y de la vida misma que me digan dónde está mi hija. Un descanso para esta vida, porque el día que desapareció mi hija me robaron la tranquilidad, que si no la encontrara viva, que por lo menos me digan: ‘estos son los restos que quedan de su hija’ y yo, como madre y mis nietos, podamos descansar en paz”, afirmó.
Con información de Caracol Radio
Foto: Mariela Ortega
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