Miguel Garzón Arteaga y la cultura en Nariño

Desde Nod
Por Alejandro
García Gómez.
Sería en mis
vacaciones de 1989 cuando por primera vez me acerqué a Diario del Sur, en
Pasto, con todas las angustias y las prevenciones del “escritor” que ha
comenzado sus escarceos literarios. Hacía diez años vivía en Medellín y acababa
de ganar un par de premios literarios nacionales, uno en poesía y otro en
cuento. Llegaba con unos inmensos deseos de escribir algo que me exorcizara del
fariseísmo que había generado un hecho natural: el volcán Galeras se había
reactivado
. La ceniza, los temblores y los rugidos –decía la prensa- eran el
pan diario.

Desde el centro
del país, no sólo el indiferente gobierno sino quienes manejan el poder
político y económico comenzaron la hipócrita letanía de la conmiseración hacia
mi región, al tiempo que quitaban la ayuda económica. Se cortaron los créditos
comerciales y la financiación de los bancos
. De ahí en adelante, los negocios
se harían al contado, fue la consigna.
De un país
europeo llegó una donación de bolsas plásticas negras no recuerdo si al
hospital o a la iglesia de Sandoná, nuestro pueblo
. Una institución de
beneficencia, también internacional, se hizo sentir con otra dádiva de medallas
con el fin de buscar el apaciguamiento lanzándolas por el cráter. Todo esto
había despertado mi ira. Por esa razón me presenté con mi maletín de
expectativas a la dirección de Diario del Sur. Después de esperar por breves
momentos se me hizo pasar. Al otro lado de la mesa se encontraba un señor de
más o menos 40 o 45 años. Siempre mantenía prendido un cigarrillo Président
junto a una taza de tinto y escuchaba noticias desde una inmensa grabadora a
bajísimo volumen.
Vinieron las
presentaciones de rigor. Me contó que en el magazine dominical –Reto- se habían
publicado mis obras ganadoras. Yo le agradecí y le manifesté mi solicitud.  Deseaba escribir una columna para el
periódico, por estas y estas razones. Me manifestó su aceptación. Me dio unas
pocas hojas y me dijo “desde aquí hasta aquí”, señalándome con el dedo el
tamaño de cada artículo. Qué condiciones hay para escribir esta columna, le
pregunté, no creyéndomela que ya “era” columnista. Yo me refería a algunas
condiciones profesionales periodísticas, porque para esos días había unas
normas sobre ello y yo no era periodista graduado. “Aquí la única es no hablar
mal del dueño”, me respondió. Yo no sabía aún cómo se llamaba el propietario.
Todavía sin salir de mi perplejidad me preguntó, “cómo se va llamar su
columna”. No había pensado en ningún nombre; Nod, le respondí. Es el territorio
de Caín, personaje bíblico a quien admiro, le expliqué
. No hizo comentario y
nos despedimos.
Ipiales su
ciudad, Pasto y los nariñenses en general le debemos mucho a este hombre que
toda su vida la ha dedicado al fomento de la cultura y del periodism
o. Varios
amigos escritores de mi edad, o un poco más jóvenes, me cuentan similar
historia que la que me sucedió a mí en el impulso recibieron desde las páginas
de Diario del Sur y desde el lamentablemente desaparecido Reto, su magazín,
levantado con su pulso. A las alcaldías de Pasto e Ipiales, a la gobernación de
Nariño, a Diario del Sur, al resto de sus colegas periodistas y, ante todo, a
la ciudadanía nariñense, que tanto ha recibido de su trabajo humano y
humanístico, propongo un homenaje de reconocimiento a este sociólogo de la
Nacional de los setenta.

Muchas otras cosas habría por contar de este
“Hombre bueno” -en el pleno sentido que de la palabra de “Bueno” da don Antonio
Machado- nacido de la entraña popular de la liberal clase media ipialeña,
refugio del escritor Juan Montalvo, pero dejemos aquí. Vaya Desde Nod mi abrazo
de agradecimiento y amistad para don Miguel Garzón Arteaga
. 27.VII.16

Este es un espacio de opinión destinado a
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pertenecen exclusivamente a los autores que ocupan los espacios destinados a
este fin por el blog Informativo del Guaico y no reflejan la opinión o posición
de este medio digital.

Author: Miguel Cordoba

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