“Pa qué te digo que no, si sí”

Endulzando las
palabras
Por Iván
Antonio Jurado Cortés
Continuando con
nuestra presentación cómica de los últimos días, hasta algunos que yacían
muertos han resucitado para participar de la mejor comedia colombiana de todos
los tiempos. En el reciente plebiscito para refrendar la propuesta pacificadora
entre gobierno y las Farc, perfectamente encaja una de las célebres frases de
‘Chespirito’, “Pa qué te digo que no, si sí”. Ahora todos los que
votaron NO en este mecanismo de participación ciudadana dicen querer la paz,
pero no, pero sí…

La encrucijada
producto de los resultados inesperados del plebiscito ha pasado a un escenario
tan peculiar que solo disfrutan los colombianos. La población ha manifestado
que sí desea la paz pero no como la plantea el gobierno sino de otra manera
.
Cuando las circunstancias aprietan, salen a manifestar que el país necesita la
paz, y vuelve el dicho del gran actor mejicano: “Pa qué te digo que no, si
sí”. Palabras desconcertantes desde que se conocieron los resultados de la
refrendación.
Mientras se
desarrollan tensas e inoficiosas discusiones, el tiempo acelera su marcha y la
necesidad insurgente y la de la gente que anhela el cambio de esta patria
,
ahorca sin compasión a quienes dirigen este polémico proceso que intenta poner
límite a las acciones bélicas consecuencia de la injusticia social que por
décadas ha acribillado a la sociedad del ‘Corazón de Jesús’. Es natural en
cualquier postura política de un gobierno que existan discusiones o
contradicciones, pero lo sorprendente es la respuesta de los propios
sacrificados insistiendo en continuar bajo la opresión desgarradora de los
patrones del mal.
El mundo no
sale del asombro por el show mediático de los seudolíderes colombianos, unos
ufanándose del logro obtenido, otros, llorando sobre su propia necesidad. Al
final, siempre coinciden en la ineptitud para resolver el problema. Después del
aleteo del gallo ha llegado el canto, y ese sí que es amargo para quienes
esperaban primero el cacaraqueo y luego el aleteo. Tan ridículos que se miran
desafiándose públicamente sin considerar que el pueblo observa sus mañas
.
Este pasaje de
la política criolla trae a mi memoria algunos capítulos de uno de los mejores
comediantes que ha parido Latinoamérica, ‘Chespirito’, quien con sus palabras
tergiversadas le sacaba chispa a la adversidad, generando espectáculo y
entretenimiento. Nuestros políticos a su estilo, desfilan en tarima, algunos
con frases que en otro país serían esquizofrénicas
. Sin embargo, ya nos tienen
acostumbrados a aplaudir sus desabridas presentaciones.
Con los
calzones abajo cogieron al ‘Patrón del Ubérrimo’, es lo que se escucha en
distintos lugares de las grandes urbes, mientras en los campos, la gente se
come las uñas a la expectativa de oír pronto una solución a una
problemática  que a surcado de terror y
humillación a millones de compatriotas, especialmente a esos manicallosos que
aun en sus oídos les retumba las explosiones de artillería y sus corazones
titilan por las determinaciones de la ley del monte
.
Patéticas las
actuaciones de los caballeros de la política nacional; ni que decir el rechazo
de los extranjeros a este circo que reúne los mejores payasos de la era
republicana. Cuando se pensaba que un proceso de paz con una de las
agrupaciones guerrilleras más viejas del continente sería aplaudido por la
mayoría, resultó un fiasco. La esperanza de una masa oprimida se ha puesto en
vaivén por la irresponsabilidad de un caudillismo amarillista
que insiste
marcar protagonismo aprovechándose de una causa social.
“Pa qué te
digo que no, si sí”, es lo que está de moda en el país de las más bellas
flores y del mejor café
, ni siquiera la paz popular se ha asimilado con
seriedad; al contrario, se convirtió en un juego de ajedrez donde los peones
son atropellados por la soberbia de las reinas.
La puja sigue y
los delirios de grandeza se fortalecen a paso de cocodrilo anciano, cuyas ancas
no soportan un sacudón más. Las máscaras de los pregoneros de la no
pacificación de Colombia empiezan a derretirse
, y los que no quieren quemarse,
salen a la luz con flexibilización en sus proposiciones que al menos permiten
entablar diálogos con intenciones de ajustar lo acordado en La Habana.
Admirable, en
medio de la comedia del momento, las marchas alimentan la obligación y aprietan
las riendas de la responsabilidad estatal
. Aunque la reforma tributaria agiliza
su paso por el congreso, la insistencia popular explaya su necesidad de
encontrar respuesta a lo solicitado por décadas, paz.

Domingo, 23 de
octubre de 2016

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Author: Miguel Cordoba

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