Plebiscito: inexplicando lo inexplicable

Desde Nod
Por Alejandro
García Gómez
Después de mi
tristeza e impotencia a partir del domingo 2 de octubre a las 5:30 pm, he
intentado escribir mi artículo semanal y cada vez que creo haber logrado
comenzarlo, debo aceptar que no podría continuar la línea escogida, porque una
nueva “chiva” periodística pifia la columna central de mi punto de vista
.

A un
amigo le he señalado que estos días me hacen recordar “Diez días que
estremecieron al mundo” (John Reed), guardadas las proporciones. Como hay un
límite para el envío de los artículos a los periódicos me veo obligado a
hilvanar ideas que no sé si sean válidas de aquí a media hora o, para ser
extensos, a un día más. Pero si no lo logro, respetados lectores, no le voy a
echar la culpa a nadie, es sólo mi incapacidad; deseo ser claro
. Hay mucho por
decir y hoy, por espacio, no alcanzaré.

Sobre unas
encuestas en donde el SÍ, más o menos, casi duplicaba al NO (65 a 70% SÍ sobre
30 al 37% NO), ocurrió lo inesperado, ganó el NO con una diferencia del 0,47%,
o sea casi un 50-50%. A quienes votamos por el SÍ nos tomó por sorpresa y
muchos lloraron de rabia, tristeza o impotencia o todas juntas (mi esposa entre
ellas). Pero a quienes se notó más desconcertados (¿espantados?) después del
primer sorbo del triunfo, fue a los líderes ganadores
. Tanto que su usual
argumentación dialéctica del insulto se transformó en docenas de manos tendidas
y sonrientes abrazos para todo el mundo. Mientras, sus seguidores invitaban al
after party por redes.
Hay un hecho
esencial para comenzar el análisis de lo acontecido este 2 de octubre: las Farc
han llegado a convocar un odio visceral por una inmensa mayoría, la casi
totalidad de la población colombiana
. Lejos está de la identificación que
concitaban en las clases medias y populares, cuando para nosotros encarnaban al
mítico revolucionario decente colombiano. Sus abusos y crímenes contra los
mismos a quienes afirmaban defender hoy son clásicos de la barbarie: secuestro,
extorsión –vacunas-, “pescas milagrosas” -secuestros masivos en carreteras,
iniciados por á. Romaña-, campos de concentración donde filmaban a sus
secuestrados tras alambrados de púas, mentiras sobre los asesinatos a sangre
fría contra los diputados del Valle y otros políticos, etc, y un resto de
barbaridades y mentiras más. Todo esto concitó ese odio.
De otro lado,
somos una cultura-país intensamente machista y patriarcal. Aquí un hombre lleno
de odio que asegura que las Farc mataron a su padre (asesinato del que hay
investigaciones académicas -mas no judiciales, porque no han prosperado- que
dan versiones diferentes) encarnó y encauzó todo el odio de una inmensa
cantidad de los “odiadores”, con una campaña de mentiras y medias mentiras,
según acaba de confesar en entrevista el gerente nacional de su partido (Centro
Democrático) Juan Carlos Vélez Uribe, exsenador y ¡excandidato a la Alcaldía de
Medellín! (¿cinismo o estupidez? ¿Más cinismo aún en la desautorización de la
entrevista por su jefe? ¿Alguna alta corte debería investigar? Diario La
República, 05.X.16 y Blu Radio 06.X.16). Pero además ese hombre se sintió
“traicionado” por el ahijado que con sus votos llegó a la presidencia. Ese
hombre –Álvaro Uribe- canalizó para sus fines políticos el odio común. Sólo
buscaba atravesarse, pero triunfó. A los del SÍ, la derrota los tomó por
sorpresa. A los líderes del No, los aterrorizó su triunfo
. Ayer estuvieron en
cita presidencial, solicitada por él, Uribe (¿otra jugada política?),
proponiendo con ellos lo contrario a lo que en campaña proponían. Pero además,
el presidente JM Santos se encuentra entre la indiferencia del común y el odio
de los uribistas.
Queda mucho por
decir. Del psicoanálisis debemos pasar a otras razones. 06.X.16
Este es un espacio de opinión destinado a
columnistas, blogueros, comunidades y similares. Las opiniones aquí expresadas
pertenecen exclusivamente a los autores que ocupan los espacios destinados a
este fin por el blog Informativo del Guaico y no reflejan la opinión o posición
de este medio digital.

Author: Miguel Cordoba

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.