
Por: Diana Isabela Velásquez Andrade – Estudiante Inem de Pasto, grado 11-4
La inflación y el alza de precios en la canasta familiar en Pasto
Últimamente, ir al mercado se ha vuelto una tarea complicada para muchas familias en Pasto. Lo que antes alcanzaba para una compra completa ahora apenas rinde para lo básico. Algunas personas sienten que cada vez llevan menos cosas de regreso a su hogar, aunque gasten lo mismo o incluso mucho más.
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¿La razón? Una palabra que se escucha cada vez más seguido: la inflación.
Entonces… ¿Qué es la inflación?
La inflación, para resumir, es cuando los precios de los productos y servicios que usamos suben constantemente. No se trata de que un solo producto suba, sino de que todo en general se vuelve más caro con el pasar del tiempo. Es como si el dinero perdiera su valor: con la misma cantidad, ya no puedes comprar lo mismo que antes.
Para medir esto, se utiliza el Índice de Precios al Consumidor (IPC), que registra cuánto suben los precios de una canasta básica representativa de lo que compran la mayoría de las familias. Si ese índice sube, es señal de inflación.
Aunque parezca un tema lejano, la inflación afecta directamente el bolsillo de las personas, en especial a quienes viven con ingresos fijos: trabajadores, jubilados o beneficiarios de ayudas estatales.
Lo que está pasando en Pasto
En nuestra capital nariñense, como en muchas otras ciudades, los efectos de la inflación se han hecho sentir. Productos tan comunes como el arroz, la papa, los huevos y las verduras han subido notablemente.
Don Luis, comerciante del mercado El Potrerillo, comenta:
“Nos ha tocado subir los precios porque los insumos y el transporte también están más caros. Uno no quiere afectar a los clientes, pero tampoco puede perder.”
Doña Rosa, ama de casa, expresa con preocupación:
“Antes yo hacía mercado completo para toda la semana con $100.000. Ahora, con eso solo traigo lo esencial, y a veces tengo que dejar cosas por fuera.”
Estos testimonios reflejan una realidad común: la economía del hogar es cada vez más difícil de manejar, sobre todo para quienes tienen que alimentar a varias personas con un solo ingreso.
¿Por qué han subido tanto los precios?
No hay una sola razón. Es una mezcla de varios factores:
- Transporte más caro: Pasto depende del transporte terrestre. Si sube el precio del combustible o hay bloqueos en las vías, traer productos se encarece, y ese sobrecosto lo paga el consumidor.
- Problemas climáticos: lluvias intensas, sequías o heladas afectan las cosechas. Menos producción = precios más altos.
- Aumento en los costos de producción: insumos como fertilizantes o semillas han subido de precio.
- Factores externos: crisis internacionales, guerras o decisiones de otros países impactan precios locales, como ocurre con trigo o maíz.
¿Qué está haciendo el Estado?
En Colombia, el Banco de la República controla la inflación mediante la tasa de interés. Al subirla, endeudarse se vuelve más costoso, reduciendo el consumo y frenando la inflación. Sin embargo, esto también puede afectar a quienes tienen créditos y frenar el crecimiento económico.
En lo local, hay iniciativas como mercados campesinos o el impulso al consumo de productos regionales, pero suelen ser insuficientes para compensar el golpe al bolsillo.
¿Y qué podemos hacer nosotros?
Aunque no controlamos los precios, sí podemos tomar decisiones para cuidar nuestros recursos:
- Hacer lista de compras y ajustarse a ella.
- Comparar precios entre distintos lugares.
- Aprovechar ofertas, días sin IVA o promociones locales.
- Comprar productos de temporada, más baratos y frescos.
- Evitar desperdiciar comida organizando el refrigerador y cocinando lo justo.
- Participar en mercados comunitarios o redes de trueque.
Además, la educación financiera es clave: entender cómo manejar el dinero, ahorrar y planear gastos ayuda a enfrentar tiempos difíciles.
Un llamado a reflexionar
La inflación no se vive con cifras sino en el día a día:
- al dejar de comprar frutas para poder comprar arroz,
- al caminar para ahorrar el pasaje,
- cuando un papá hace cuentas frente a la canasta básica,
- o cuando una mamá madruga para aprovechar ofertas.
No es solo una “subida de precios”, sino un reflejo de las fragilidades de nuestro sistema económico. Es urgente entender, hablar y buscar soluciones desde la gente, no solo desde las oficinas del Estado.
La educación económica debe enseñarse desde jóvenes. No todos enfrentan la inflación igual: para algunos es dejar un gusto, para otros significa pasar hambre. Las políticas públicas deben centrarse en el bienestar real, con subsidios, programas sociales, mercados campesinos y apoyo a emprendedores.
Y más allá del gobierno, la comunidad es una fuerza poderosa: trueques, compras colectivas, redes de apoyo. La solidaridad es una forma de resistencia.
Un llamado a no rendirnos
Aunque suban los precios, no debe subir la desesperanza.
- Podemos cuidar mejor nuestros recursos.
- Apoyar lo local.
- Exigir derechos y estar informados.
Las políticas deben escuchar a quienes viven la inflación en carne propia: entender lo que significa que una libra de papa suba $300 o que el transporte escolar sea inalcanzable.
También hay que prepararnos para el futuro fortaleciendo la economía local, enseñando finanzas desde temprana edad y reconociendo el valor del trabajo doméstico, campesino e informal, que sostiene gran parte de la economía.
Una reflexión desde el corazón
En medio de todo, hay cosas que no tienen precio: la empatía, la colaboración y la creatividad para salir adelante.
La inflación nos pone a prueba, pero también revela lo mejor de la gente:
- la señora que cocina para sostener a su familia,
- el joven que emprende para ayudar a sus padres,
- la familia que convierte su patio en una huerta.
Sí, el dinero rinde menos. Pero si cuidamos nuestras relaciones, fortalecemos nuestra comunidad y aprendemos a manejar con inteligencia nuestros recursos, podremos enfrentar cualquier dificultad con firmeza.
Porque no se trata solo de cuánto cuesta la vida, sino de cómo decidimos vivirla.
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