Sombrero sandoneño

Por Jorge Mideros Rosero
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Es muy conocido desde la época colonial, de origen ecuatoriano, el sombrero de jipijapa, es fabricado con la paja toquilla (Carluduvica palmata), también llamada Iraca, en el cantón del mismo nombre, ubicado al sur de la provincia de Manabí, Ecuador. Es una planta en forma de palma, sin tronco, pegada al suelo, dispuesta con innumerables manojos verdes en todos los tonos, siendo los más oscuros los más maduros y los más pálidos los más jóvenes; los primeros se cortan para el proceso de elaboración del sombrero. Esta planta es nativa desde el sur de México hasta Bolivia, principalmente en zonas montañosas y de piedemonte; es la fibra natural de más fácil manejo para la elaboración de tejidos como sombreros, carteras y muchos otros elementos para uso del hombre.

La iraca se teje subdividiendo previamente la fibra o paja toquilla en varios hilos, en un proceso que toma meses para tejer un ejemplar. El preparado de la paja sigue cuatro pasos: desombligado, eripiado, cocimiento y secado en manojos de color natural blanco. También se aplican colorantes naturales a este material y por eso vemos sombreros sandoneños de variados colores.

El sombrero está constituido por: empiezo, plato, copa y ala. Los sombreros más finos se caracterizan por su tejido casi invisible, dadas las delgadas fibras que han sido preparadas especialmente para mantener su flexibilidad y fortaleza.

Producción del sombrero: La paja de iraca se remoja previamente al iniciar el tejido, separándola del pecíolo para iniciar la traba o comienzo del tejido. La traba comienza con un manojo de ocho pares de paja, que se anudan en una de las dos puntas con otra paja, atravesando una paja por dos. El tejido resulta de doblar dos pajas del manojo hacia arriba, abrazando la paja vertical, y dos hacia abajo; la siguiente paja se teje alternando las que se doblaron del manojo así: las que se doblaron se estiran y las que se estiraron se doblan.

La paja vertical se suelta del manojo. El tejido va quedando hacia fuera y los cabos del manojo de paja hacia adentro (se motilan una vez el sombrero esté terminado). La primera parte que se elabora es el plato y, de acuerdo a la finura del sombrero, se hacen varias crecidas, es decir, se le agregan pajas. Estas crecidas se realizan entre dos, tres y cuatro veces según lo tupido del tejido. Después continúa el tejido de la copa, que se realiza sobre unas hormas de madera llamadas entrecopas, las cuales varían de tamaño, según la talla o número del sombrero, aunque comúnmente se trabaja sobre la número cuatro, que es estándar.

Terminado el tejido de la copa, se comienza el ala, para lo que se realizan una o dos crecidas más. El ala puede ser de dos, tres, cuatro o cinco dedos de ancho, al cabo de los cuales se hace el remate del borde, consistente en un trenzado en forma de espina de pescado; las pajas sobrantes se dejan. El terminado final es un delicado proceso artesanal que dura entre 3 y 4 semanas, según la finura del tejido. Se debe guardar en bolsa negra, cepillar en seco, no ejercer presión sobre él. NUNCA LOS APOYE SOBRE SU ALA, GUARDELOS COLGADOS.

Producción:

Actualmente la producción de artículos de iraca históricamente la más importante y voluminosa del departamento y muy seguramente del país, está localizada en el municipio de Sandoná Nariño, donde el oficio, que se ha explotado ininterrumpidamente desde hace más de 80 años, ocupa a más de 7.000 artesanos —un 25% de su población total—, y alberga en su casco urbano a numerosos talleres, fábricas y comercios especializados. Igualmente, habitantes de municipios cercanos como Consacá, Ancuya, Linares, Yacuanquer y Sotomayor se dedican a la fabricación de estos sombreros y Sandoná se constituye en el centro de la comercialización, industrialización y acabado del sombrero.

En la mejor y mayor industria artesanal que haya tenido nuestro Sandoná, el sombrero de paja toquilla, logró reconocimiento nacional e internacional, gracias comerciantes e industriales guaicosos, entre quienes recordamos a: Olegario Arcos, Juvencio Zambrano, Mauro y Antidio Benavides, Azael Meza, Arquímedes y Audelo Arcos, Mr. Fernando Jáuregui (Francés), Bernabé Guzmán, Clodomiro Rodríguez, Essau Parra, Víctor Girón y muchos otros sandoneños de la década del 60 y 70. Merece recordación Marco Tulio Rodríguez el mejor tallador de sombreros. Igualmente, con esta industria se presenta la tradición de las familias que por generaciones han sostenido esta industria en los diferentes procesos y épocas.

Grandes y tradicionales casas de sandoneños se acondicionaron como verdaderas factorías del sombrero, hasta nuestras calles fueron escenarios de preparación de estos bellos donde se instalan amplios salones y patios para las diferentes labores de mejoramiento y tratamiento de este sombrero, que una vez comprado a la artesana como “producto en rama” era sometido a diferentes faenas de apretado, corte, conservación, coloración y mejoramiento de sus fibras mediante lavados y aplicaciones de sustancias que limpian, conservan y fortalecen esta fibra natural. Además, se colocaban elementos que mejoran su uso más la ornamentación del mismo mediante cintas, cordones o elementos para ganar atracción en las miradas de los amigos. Para rematar los gustos, había unas artesanas experimentadas que trabajan el sombrero super especial de color blanco con fibra mucho más delgada a la tradicional, la fortalecían más de tal manera que el producto era un sobrero muy fino, muy liviano, muy manejable y se podía enrollar para guardarlo hasta en un estuche redondo como un lapicero. Luego para el uso se sacaba y se daba la forma deseada y a la cabeza…cual elegante sobrero jamás visto. Es el sombrero de más alto costo, pues su fabricación y tratamiento es más especializado.

Esta industria que ha llegado a diferentes cabezas de colombianos, costarricenses, venezolanos, puertorriqueños, cubanos, mexicanos, ecuatorianos y por el resto de la geografía andina y Caribe, gracias a la osadía y aventura de un puñado de guaycosos que miraron más allá de donde se oculta el sol. Llegaron hasta el Canal de Panamá cuando se construía por parte ya de los gringos, quienes se lo llevaron a USA a sus ranchos y carreteras… De allí viene el mal ubicado sobrenombre de sombrero panameño, cuando allá simplemente se comerciaba. Los viernes y sábados se empacaban, los domingos en la tarde se embalaban en un sinnúmero de camiones sandoneños y los lunes salían en desfile con destinos diferentes, unos a Cali, otros a Bogotá otros a Medellín. Y toda la semana con sus soles y lunas como testigos miles de guaycosas (vecinas del Guáytara) se dedicaban a entregar su creatividad, su ingenio, su paciencia, sus destrezas, sus pulsos y hasta sus esperanzas en estas ramas de iraca nacidas espontáneamente en el suelo del Galeras, para embellecer y proteger las cabezas de hombres y mujeres…aun hasta en las pasarelas europeas mostrando vestidos y piernas delgadas de hermosas modelos, o de caballistas orgullosos.

Todo se ha hecho en Sandoná por el sombrero y lo último es el reconocimiento de marca de origen por parte de la Superintendencia de Industria y Comercio garante y protector de autorías y patentes comerciales, artesanales y científicas en Colombia y que indica ante propios y extraños SOMBRERO SANDONEÑO , es obra exclusiva de las artesanas nariñenses, de tal manera que los vividores de las artesanías colombianas de otras geografía amparadas en su afán comercial manosean y engañan colocando “su marca” a nuestro producto ancestral y así lo vendan como “propio”.

Por tanto, se requiere de autoridades líderes que hagan respetar esas calidades propias para que el Sombrero sandoneño sigua mostrándose como el mejor compañero cotidiano o fiestero, en cualquier punto de la América india, por tanto las Autoridades locales, regionales junto con las artesanas organizadas de Sandoná, definan un sello gráfico propio de nuestro producto, ojala que vaya tejido en nuestro producto a fin de evitar falsificaciones, abusos para que sea respetado con su sello de calidad de origen inconfundible y respetado en los mercados mundiales, como un Marlboro gringo, un café Juan Valdés, o un ron Bacardí puertorriqueño, o un Mercedes Benz alemán. Desde estos lares de la geografía colombiana me he encontrado con esas manipulaciones a nuestro Sombrero sandoneño por comerciantes aguadeños o paisas, que tranquilamente le acomodan el sello de aguadeño.

Por eso recordamos como un 14 de marzo de 1985 cuando un puñado de artesanas sandoneñas se organizaron en la Cooperativa Femenina Artesanal COOFA hoy liderada por Lilian Rosero quien expresa su satisfacción por el logro alcanzado de SELLO DE ORIGEN, luego de adelantarse un proceso de dos años con el acompañamiento de Artesanías de Colombia, del Instituto Colombiano de Normas Técnicas – Icontec – y de algunas agencias de cooperación internacional que hacen parte del sistema de Naciones Unidas. Por tanto, esta actividad y sus artesanas deben recibir un total y permanente apoyo por los gobiernos municipal, departamental y nacional para que sus esfuerzos sean bien encausados a beneficio del nivel de vida de más de seis mil familias sandoneñas, y no de unos pocos vividores traficantes de las artesanías colombianas.

Ese empeño puesto en la fabricación del sombrero sandoneño por el grupo de artesanas de la Cooperativa Femenina Artesanal Sandoná (COOFA) fue premiado en el 2004 en un concurso sobre biocomercio sostenible, convocado por el Instituto Humbolt.

En Colombia se conocen los más tradicionales sombreros que por orden cronológico de creación: primero el sombrero sandoneño, el vueltiao (costa Caribe), suaceño (Suaza Huila) y aguadeño (Caldas) el más joven. Estos cuatro modelos descritos, no son los únicos típicos que se producen o comercializan en Colombia, ni su uso obedece exclusivamente a la costumbre, pues en muchos hogares es posible encontrar uno colgado, bien por pertenecer a alguien que lo usa o está allí como elemento decorativo, muy propio de la colombianidad.

El mayor azote para esta producción artesanal, es el contrabando de sombrero proveniente del Ecuador. Ni mencionar el sombrero chino que no tiene comparación con esta obra artesanal nariñense. Otro flagelo es el plagio de esta obra por parte de burdos comerciantes que lo compran en grandes cantidades en Sandoná y luego le colocan una banda ancha color negro y lo pasan como aguadeño con la evidente marca de origen etiquetada, pero lo hacen pasar como aguadeño con sobretiqueta. Otros sombreros que se destacan en el comercio nacional son los provenientes del Huila, Cauca, Santander y la gran diferencia está en el calibre de la fibra (más delgada y suave en el sandoneño). El respeto a la marca de origen que obtuvo el sandoneño obliga a las autoridades del Ministerio de Desarrollo hacer respetar esa condición e investigar estos abusos, como también obliga a la competencia de artesanos a respetar esa condición y a no plagiar o mercadear el Sombrero Sandoneño cambiando su etiqueta de origen, como efectivamente lo comprobó el autor en una compra realizada de un sombrero con evidencia de manufactura sandoneño, pero con sobretiqueta de sombrero de Aguadas.

A partir del CONPES (2008) “Bases de un Plan de Acción para la adecuación del Sistema de Propiedad Intelectual a la competitividad y productividad nacional” y teniendo en cuenta que el sector artesanal crea sus piezas a partir de su ingenio, creatividad y de la experticia de artesanos y diseñadores, Artesanías de Colombia S.A., Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, adelanta el proyecto denominado “Implementación de los derechos de propiedad intelectual de las artesanías emblemáticas de Colombia”, el cual está encaminado a desarrollar estrategias que estimulan la aplicación de los derechos de propiedad intelectual a la artesanía colombiana como política de estado para contribuir a elevar los niveles de competitividad y sofisticación el producto artesanal.

Nariño es un departamento tan artesanal como tradicional. En la laboriosidad y talento de sus artesanos y artistas cobran dinámica las diferentes disciplinas artesanales que abastecen las ferias, los mercados y galerías internacionales. La fibra de la iraca es la materia prima con la que las artesanas sandoneñas han cualificado el sombrero de paja toquilla. Es importante resaltar el mejor y mayor ejemplo de artesana a la Señora Rosa Elvira Montoya evidencia el ímpetu de la mujer campesina. Con el de su natalicio en 1904, doña Elvira comparte el año de la creación del Departamento de Nariño, constituyéndose en una de las memorias vivas que testimonian el acontecer de esta región colombiana. Desde niña le gustaron los oficios manuales y se inclinó por el tejido de sombreros con paja toquilla, actividad que aprendió de su tío Leonides Montoya. De su matrimonio tuvo 4 hijos, los tres primeros fallecieron al nacer y Rosario hoy con 65 años, continuó con la descendencia Nasmín Montoya, que actualmente se compone de 4 nietos, 13 bisnietos y 4 tataranietos, todos giran en fraterna convivencia con la matrona centenaria, quien se complace en relatarles los episodios que marcaron la evolución de un esparcido caserío, hoy convertido en la “Ciudad Dulce de Colombia”, Sandoná. Doña Elvira nació y vive en el barrio Meléndez, desde donde asiste cada ocho días a la misa dominical, primero en la antigua capilla y luego en la actual levantada en piedra sillar. “yo participé con el padre Luis Rodríguez en la construcción de la iglesia que hacían mingas y festivales.

La producción del sombrero sandoneño goza de variedad en colores, fibras delgadas, gruesas y finas características que se resaltan en el proceso industrial que lleva al endurecimiento de la fibra, resalte del brillo, moldeado y refuerzo de bordes y adornos con cintas contrastantes.

Fuentes:

Historia personal.

Diario El Tiempo: Juan Carlos Dominguez

Redacción Económica

Artesanías de Colombia.com.co

www.vocesdenariño.com.co

www.diariodelsur.com.co

Blogs de artesanos, comerciantes y sandoneños.

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Author: Miguel Cordoba

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