Tolú: viaje a un paraíso (1)

Columna DESDE NOD
Por Alejandro García Gómez
Acondicionarás tu Vitara para el viaje de casi
doce horas y pretenderás salir antes de las primeras luces. Al dar encendido
para calentar, no olvidarás ni la presión del aire de las llantas ni el nivel
del líquido de frenos. El día anterior habrás hecho maletas con lo que usarás y
con lo que no necesitarás
. Siempre será así. Otra vez con esa ropa y con esos
chécheres que sólo los llevas a pasear, dirá tu mujer.

Eso cambiará un día de
estos, piensas. Ahora los llevarás “por si las moscas”. Al fin la ansiada salida,
retardada más de una hora… No importará. Vas al Caribe, a su mar, a su calor de
todo el año, a su sol, a sudar cada instante sin descanso
. A beber y beber agua
de botellita, sin descanso. Tu mujer habrá reservado un hotelito, que ni ella
ni tú conocen, al que esperarás llegar mucho antes de las primeras sombras de
la noche.

Enfrentarás el tráfico endemoniado de una hora
pico matinal de cualquier día de Medellín, con cientos de nuevos carros y motos
particulares cada mes llenando, rellenando, las mismas atestadas vías.
Enfrentarás trancones, algunos los evadirás. Otros… Paciencia, hombre, vas al
Caribe, a su mar, a su… Por fin, tu buena o tu mala suerte, te sacarán de este
Valle de Lágrimas del Valle de Aburrá en hora pico. ¡El Valle de Aburrá! ¡Doble
calzada! ¡Ah…! ¿Ah…? ¿El primer peaje? ¿Cómo? ¡Peaje, no! ¡“Peajito social”!,
en diminutivo, porque lo impuso Uribe, presidencia I
. Con él se habla en
diminutivos; cuando menciones algo de él –perdón, de Él- habla sólo en
diminutivos, doctor. Y claro, el peajito tiene su cuento: el municipio de
Copacabana, residencia de uno de los filósofos del Pensamiento de Él, organizó
un paro cívico de rechazo que duró sus días. El doctor, El filósofo sofista se
había opuesto antes, cuando era del pueblo –quizá ya era filósofo, pero del
pueblo y no sofista-. Los copacabanenses, al comienzo, locos de la felicidad
con el nombramiento de su coterráneo, pasaron a la loca ira y montaron su paro
de rechazo que duró más de tres días. Nadie salía ni entraba a la costa Caribe.
El sofista medió; llevó la solución: no sería peaje sino Peajito (sofístico)
Social, porque el cobro sería una sofística mitad. (¿Dónde andarán los
cronistas de este paro?).
Entonces subirás la tortura de Matasanos. Aún
no hay niebla. Curvas y más curvas; estrechez… Y una tractomula, dos tres… Una
fila de mulas y carros detrás de ellas. Y el TLC nos espera, ¡jua! De 1486
pasarás a 2100 msnm. Llegarás al restaurante montañero de Santa Rosa de Osos.
¡Oh, qué desayuno! “Calentao” (fríjoles “trasnochaos” en arroz, y huevos
además. Y arepa, claro), chocolate espeso en leche y pan de queso, ¡ah! Ahora,
sentirás la belleza primaveral de los Llanos de Cuibá, sus valles verdes de
lomas suaves, su viento frío
. Empatarás con la pobreza manifiesta de los
alrededores del Municipio de Valdivia. Desde la primera vez que hiciste el
trayecto, hace más de treinta años, será la misma. Años y años de presidentes,
gobernadores y alcaldes. Niños y madres que salen de sus ranchos de “paredes”
plásticas alargando la mano para la moneda.
Bajarás por Ventanas. Estás de buenas. No hay
niebla, quizá porque es temprano aún. Otra vez las filas de mulas y otra vez
pensarás en el TLC, y otra vez… ¡jua! Y llegarás al río Cauca y lo atravesarás
en Puerto Valdivia (140 msnm) y comenzarás a sudar y sudar y a beber y beber
botellitas de agua. Y seguirás pagando peajes, el resto de día… Por fin Tolú,
con las primeras de la noche
. Salir sin apenas desempacar. El calor… La brisa
marina que refresca… El malecón con mínima playa… Los niños que juegan en el
mar de la noche… Y el fragor de la música que te llega de todos los lados. Más
infernal que un fin de semana en Sandoná, donde cada vecino manifiesta sus
gustos musicales. Y el descanso. Prenderás la radio. Aquí, K-ribbean Stereo, su
97.8 FM y su Despertando con el cariño de mi pueblo, con éste, su servidor
Santiago Colón. Almorzarás cojinúa y tu mujer un pargo donde El Viejo Colón, de
su servidor, el negro Santiago. 29.VII.14

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Author: Miguel Cordoba

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