“La paz no es
una ráfaga de viento sino una piedra en la que hay que esculpir día a día el
esfuerzo de conquistarla” (Miquel Martí i Pol, poeta catalán, 1986)
Por: Rafael
Grasa Hernández
Grasa Hernández
Tomado de
Gobernanza ConSentido
Gobernanza ConSentido
Muchas personas
compartimos un anhelo común en clave de ciudadanía: tras acabar el proceso de
hacer las paces, habernos comprometido con un proceso, largo y complejo y
fascinante, apasionante, construir paz en Colombia; es decir, lograr que los
conflictos del futuro, que seguirán existiendo en todas las esferas de la vida
social, se manejen siempre sin violencia directa, que la probabilidad de
recidivas de violencia directa en la vida sean bajas o casi nulas.
compartimos un anhelo común en clave de ciudadanía: tras acabar el proceso de
hacer las paces, habernos comprometido con un proceso, largo y complejo y
fascinante, apasionante, construir paz en Colombia; es decir, lograr que los
conflictos del futuro, que seguirán existiendo en todas las esferas de la vida
social, se manejen siempre sin violencia directa, que la probabilidad de
recidivas de violencia directa en la vida sean bajas o casi nulas.
Por decirlo de
forma rápida, construir paz en Colombia significa erradicar la reproducción
intergeneracional de la violencia política que el país arrastra desde al menos
la guerra de los Mil Días y que ha hecho, por citar a James Robinson, que
actualmente Colombia sea, todavía, un caso especial, a ese respecto en América
Latina, merced a la presencia estructural y cronificada de violencia directa
política, algo que fue habitual en la región tras la Independencia, pero ya no
desde hace décadas. Justamente por eso,
sugirió Robinson en el título de dicho texto, que, de no resolverse, podría
llevar al país a enfrentar, quizás, “Otros cien años de soledad”, de caso
atípico. Y hoy sabemos que eso es, puede ser ya, con el trabajo de todos, muy
poco probable. Colombia va a cerrar, si se empeña en ello, esa especificidad y va obtener altos
dividendos sociales de la paz.
forma rápida, construir paz en Colombia significa erradicar la reproducción
intergeneracional de la violencia política que el país arrastra desde al menos
la guerra de los Mil Días y que ha hecho, por citar a James Robinson, que
actualmente Colombia sea, todavía, un caso especial, a ese respecto en América
Latina, merced a la presencia estructural y cronificada de violencia directa
política, algo que fue habitual en la región tras la Independencia, pero ya no
desde hace décadas. Justamente por eso,
sugirió Robinson en el título de dicho texto, que, de no resolverse, podría
llevar al país a enfrentar, quizás, “Otros cien años de soledad”, de caso
atípico. Y hoy sabemos que eso es, puede ser ya, con el trabajo de todos, muy
poco probable. Colombia va a cerrar, si se empeña en ello, esa especificidad y va obtener altos
dividendos sociales de la paz.
Lo diré, si
quieren, de una forma aún más rotunda: lo que los acuerdos de La Habana/Teatro
Colón abrieron fue una ventana de oportunidad para el país, para la sociedad, para
América del Sur y para todas las Américas, incluyendo la del Norte de gran
trascendencia e importancia.
quieren, de una forma aún más rotunda: lo que los acuerdos de La Habana/Teatro
Colón abrieron fue una ventana de oportunidad para el país, para la sociedad, para
América del Sur y para todas las Américas, incluyendo la del Norte de gran
trascendencia e importancia.
Para el país,
porque permitirá centrarse, al avanzar en la construcción de la paz durante los
próximos diez o quince años, en la mejora de otros retos y problemas: la
desigualdad y la inequidad, la mejora de la presencia del Estado en muchas
regiones, el crecimiento y el desarrollo económico o, por ejemplo, en la esfera
política, en los diversos componentes de la democracia que, pese a estar presentes
en la Constitución de 1991, han sido poco desarrollados, como la democracia
participativa y, sobre todo, el núcleo duro de toda democracia, la democracia
deliberativa. Subrayaré a ese respecto lo crucial de la democracia
deliberativa, es decir, interiorizar y practicar constantemente prácticas de
debate, de manejo del disenso y de generación de consensos. En sociedades que
salen de un conflicto armado, las prácticas deliberativas se convierten en
herramientas cruciales de transformación social, cultural, institucional… para
erradicar la violencia directa. Sin capacidad de cambiar la vociferación por el
debate, de generar diálogo, es
decir intercambio de argumentos, resulta
muy difícil resolver sin violencia los conflictos cotidianos, inevitables,
puesto que un conflicto no es más que un debate entre partes que creen tener
objetivos incompatibles respecto de algo o alguien. Esa es la gran ventana de
oportunidad para Colombia, que tendrá, estoy seguro, un gran impacto en todas
las dimensiones de la vida nacional.
porque permitirá centrarse, al avanzar en la construcción de la paz durante los
próximos diez o quince años, en la mejora de otros retos y problemas: la
desigualdad y la inequidad, la mejora de la presencia del Estado en muchas
regiones, el crecimiento y el desarrollo económico o, por ejemplo, en la esfera
política, en los diversos componentes de la democracia que, pese a estar presentes
en la Constitución de 1991, han sido poco desarrollados, como la democracia
participativa y, sobre todo, el núcleo duro de toda democracia, la democracia
deliberativa. Subrayaré a ese respecto lo crucial de la democracia
deliberativa, es decir, interiorizar y practicar constantemente prácticas de
debate, de manejo del disenso y de generación de consensos. En sociedades que
salen de un conflicto armado, las prácticas deliberativas se convierten en
herramientas cruciales de transformación social, cultural, institucional… para
erradicar la violencia directa. Sin capacidad de cambiar la vociferación por el
debate, de generar diálogo, es
decir intercambio de argumentos, resulta
muy difícil resolver sin violencia los conflictos cotidianos, inevitables,
puesto que un conflicto no es más que un debate entre partes que creen tener
objetivos incompatibles respecto de algo o alguien. Esa es la gran ventana de
oportunidad para Colombia, que tendrá, estoy seguro, un gran impacto en todas
las dimensiones de la vida nacional.
Pero construir
paz constituye, decía, también una ventana de oportunidad para la región, para
América del Sur, para América Latina y el Caribe, para todas las Américas: el
abandono de las armas por parte de las FARC-EP; y esperemos que en poco tiempo
más con el ELN, supone cerrar un ciclo de violencia política vinculada al
surgimiento de guerrillas que se inició hace décadas con el asalto al cuartel
de Moncada. Y ese cambio no tiene sólo valor simbólico. Tendrá grandes
consecuencias para la región y para todas las Américas que podrán centrarse
plenamente en otros problemas, incluyendo otras formas de violencia directa de
naturaleza no política. Y para el mundo que, en temas internacionales y de
gestión de crisis humanitarias y de formas de violencia, tiene actualmente sólo
una gran noticia positiva, haber alcanzado el punto de no retorno y el abandono
bilateral del enfrentamiento armado en las conversaciones de La Habana.
Recuerden el proceso de desarme de las FARC-EP es el más exitoso en clave comparada
de los últimos treinta años en todo el mundo. Por ello, el mundo, y no sólo las
élites y estadistas, siguen con interés
y está fascinado con los avances del proceso de paz. Como dije, buenas noticias
en un contexto en general desfavorable y poco prometedor para los próximos
años.
paz constituye, decía, también una ventana de oportunidad para la región, para
América del Sur, para América Latina y el Caribe, para todas las Américas: el
abandono de las armas por parte de las FARC-EP; y esperemos que en poco tiempo
más con el ELN, supone cerrar un ciclo de violencia política vinculada al
surgimiento de guerrillas que se inició hace décadas con el asalto al cuartel
de Moncada. Y ese cambio no tiene sólo valor simbólico. Tendrá grandes
consecuencias para la región y para todas las Américas que podrán centrarse
plenamente en otros problemas, incluyendo otras formas de violencia directa de
naturaleza no política. Y para el mundo que, en temas internacionales y de
gestión de crisis humanitarias y de formas de violencia, tiene actualmente sólo
una gran noticia positiva, haber alcanzado el punto de no retorno y el abandono
bilateral del enfrentamiento armado en las conversaciones de La Habana.
Recuerden el proceso de desarme de las FARC-EP es el más exitoso en clave comparada
de los últimos treinta años en todo el mundo. Por ello, el mundo, y no sólo las
élites y estadistas, siguen con interés
y está fascinado con los avances del proceso de paz. Como dije, buenas noticias
en un contexto en general desfavorable y poco prometedor para los próximos
años.
Hasta ahí,
breves pinceladas sobre la importancia de lo logrado y las oportunidades y
beneficios de lo que viene. Pero, pasando a lo sustancial, lo mucho que puede venir no caerá del cielo. La paz,
como la reconciliación, no se decreta ni se regalan, se construyen.
breves pinceladas sobre la importancia de lo logrado y las oportunidades y
beneficios de lo que viene. Pero, pasando a lo sustancial, lo mucho que puede venir no caerá del cielo. La paz,
como la reconciliación, no se decreta ni se regalan, se construyen.
Estamos en la
fase de pasar de hacer las paces – es decir de negociaciones políticas, con
reglas acordadas y agenda limitada entre quiénes se han enfrentado con armas
para llegar a acuerdos, negociaciones que siempre suponen toma y daca entre
transacciones y transformaciones- a la construcción de la paz, una tarea que
cambia los tiempos, pues dura entre diez y quince años, que cambia también los
actores, la agenda, que implica al conjunto de la sociedad. Una tarea, por
ende, que exige actuaciones concertadas, persistentes. Por decirlo
provocativamente, una tarea que si se quiere exitosa debe aceptar desde el
principio que la construcción de la paz requiere ir mucho más allá de la
implementación de lo acordado, sabiendo, además y en práctica comparada, que,
tendencialmente no determinísticamente, ninguno de los acuerdos de paz de los últimos treinta años ha tenido
tasas de cumplimiento superiores al 75%. Lo más importante para construir la
paz es el trabajo sobre lo no acordado, los retos no escritos del post-acuerdo.
Y, no olvidemos, sólo llevamos 18 meses de aplicación de lo acordado.
fase de pasar de hacer las paces – es decir de negociaciones políticas, con
reglas acordadas y agenda limitada entre quiénes se han enfrentado con armas
para llegar a acuerdos, negociaciones que siempre suponen toma y daca entre
transacciones y transformaciones- a la construcción de la paz, una tarea que
cambia los tiempos, pues dura entre diez y quince años, que cambia también los
actores, la agenda, que implica al conjunto de la sociedad. Una tarea, por
ende, que exige actuaciones concertadas, persistentes. Por decirlo
provocativamente, una tarea que si se quiere exitosa debe aceptar desde el
principio que la construcción de la paz requiere ir mucho más allá de la
implementación de lo acordado, sabiendo, además y en práctica comparada, que,
tendencialmente no determinísticamente, ninguno de los acuerdos de paz de los últimos treinta años ha tenido
tasas de cumplimiento superiores al 75%. Lo más importante para construir la
paz es el trabajo sobre lo no acordado, los retos no escritos del post-acuerdo.
Y, no olvidemos, sólo llevamos 18 meses de aplicación de lo acordado.
En suma,
construir la paz es una tarea que exige requisitos importantes: 1) buen
diagnóstico sobre los retos y la forma de afrontarlos; 2) voluntad real de
transformación para garantizar la no repetición y la mejora cualitativa; 3)
valores y códigos éticos nuevos, diferentes; 4) creatividad, capacidad de
innovación, de flexibilidad, porque nunca las hojas de ruta se comportan como fue
previsto, ni en lo ordinario ni en lo extraordinario, y 5 ), finalmente,
capacidad y voluntad de transformar procedimientos, procesos, formas de hacer,
instituciones en el sentido sociológico de la palabra, pautas regulares de
conducta y de relación entre personas.
construir la paz es una tarea que exige requisitos importantes: 1) buen
diagnóstico sobre los retos y la forma de afrontarlos; 2) voluntad real de
transformación para garantizar la no repetición y la mejora cualitativa; 3)
valores y códigos éticos nuevos, diferentes; 4) creatividad, capacidad de
innovación, de flexibilidad, porque nunca las hojas de ruta se comportan como fue
previsto, ni en lo ordinario ni en lo extraordinario, y 5 ), finalmente,
capacidad y voluntad de transformar procedimientos, procesos, formas de hacer,
instituciones en el sentido sociológico de la palabra, pautas regulares de
conducta y de relación entre personas.
Déjenme que
brevemente me ocupe de estos cinco temas.
brevemente me ocupe de estos cinco temas.
Primero, buen
diagnóstico, porque no basta con buenas intenciones. El reto crucial, clave, es
desterrar definitivamente la violencia política como forma de gestionar
disensos y conflictos en Colombia, actualmente más presente en los territorios
periféricos que en la capital. La buena noticia es que excelente trabajos de
Comisiones de estudio de la violencia, empezando por la presidida por el Padre Guzmán, que no hay nada genético ni
ambiental en las causas que explican su reproducción: es un fenómeno de
naturaleza humana, socialmente construido, y, por tanto, perfectamente
solucionable. La mala, que no hay consenso sobre cómo actúan las diferentes
causas aducidas. No importa, la clave
está en aprender a manejar los conflictos de forma no violenta, o lo que es lo
mismo, hacer que el juego político se ocupe de lo realmente importante: manejar
los conflictos y disensos sociales, económicos y políticos, generando consensos
parciales que permitan la convivencia y el manejo de las diferencias sin
recurrir a “soluciones finales”, eliminar físicamente al “otro”, al
“diferente”. En todo caso, creo
sinceramente que no basta con cambiar el entorno político, hay que cambiar
valores, procesos educativos, porque la cultura de la violencia que ha imperado
tiene raíces sociales e incluso patriarcales.
diagnóstico, porque no basta con buenas intenciones. El reto crucial, clave, es
desterrar definitivamente la violencia política como forma de gestionar
disensos y conflictos en Colombia, actualmente más presente en los territorios
periféricos que en la capital. La buena noticia es que excelente trabajos de
Comisiones de estudio de la violencia, empezando por la presidida por el Padre Guzmán, que no hay nada genético ni
ambiental en las causas que explican su reproducción: es un fenómeno de
naturaleza humana, socialmente construido, y, por tanto, perfectamente
solucionable. La mala, que no hay consenso sobre cómo actúan las diferentes
causas aducidas. No importa, la clave
está en aprender a manejar los conflictos de forma no violenta, o lo que es lo
mismo, hacer que el juego político se ocupe de lo realmente importante: manejar
los conflictos y disensos sociales, económicos y políticos, generando consensos
parciales que permitan la convivencia y el manejo de las diferencias sin
recurrir a “soluciones finales”, eliminar físicamente al “otro”, al
“diferente”. En todo caso, creo
sinceramente que no basta con cambiar el entorno político, hay que cambiar
valores, procesos educativos, porque la cultura de la violencia que ha imperado
tiene raíces sociales e incluso patriarcales.
El segundo
requisito, un reto también estructural, supone desterrar del imaginario de la
sociedad colombiana la idea de que basta con cambios epidérmicos, cosméticos y
de pura apariencia, para resolver la gestión de los problemas de violencia
directa, la desigualdad o la presencia insuficiente o patrimonialista del
Estado. Evitar, en suma, la idea –habitual en la historia reciente de Colombia-
de que basta con un pacto superficial entre élites y una transición
superficial, lampedusiana, que todo cambie para que todo siga igual. Recuerden,
desde Il Gattopardode Tomasso di Lampedusa, que describe el cambio de una
sociedad aristocrática a una burguesa, se llama lampedusiano al cambio que
describen esas palabras que he pronunciado antes, que cambie todo pero que nada
esencial se altere. Sin transformaciones, no hay éxito asegurado. Y en estos 18
meses se ha coqueteado mucho, demasiado en mi opinión, con el cambio
epidérmico, lampeduasiano-
requisito, un reto también estructural, supone desterrar del imaginario de la
sociedad colombiana la idea de que basta con cambios epidérmicos, cosméticos y
de pura apariencia, para resolver la gestión de los problemas de violencia
directa, la desigualdad o la presencia insuficiente o patrimonialista del
Estado. Evitar, en suma, la idea –habitual en la historia reciente de Colombia-
de que basta con un pacto superficial entre élites y una transición
superficial, lampedusiana, que todo cambie para que todo siga igual. Recuerden,
desde Il Gattopardode Tomasso di Lampedusa, que describe el cambio de una
sociedad aristocrática a una burguesa, se llama lampedusiano al cambio que
describen esas palabras que he pronunciado antes, que cambie todo pero que nada
esencial se altere. Sin transformaciones, no hay éxito asegurado. Y en estos 18
meses se ha coqueteado mucho, demasiado en mi opinión, con el cambio
epidérmico, lampeduasiano-
Y eso es
importante porque detrás de los conflictos que pueden conducir a la violencia
hay siempre incompatibilidades importantes. No, si todo sigue igual, al menos
en gran parte, la construcción de la paz no será realidad ni en 2020 ni en
2030, pese a que el fin del conflicto armado con las FARC-EP sea en cualquier
caso un gran avance. La Colombia post-acuerdo, la Colombia 2020 y 2030, exige
transformaciones reales y, por ende, creatividad, ingenio. Y no sólo me atrevo
a pedírselo yo, recuerden que también lo hizo ahora hace un año el Papa
Francisco, concretamente a los jueces de
Colombia, en carta dirigida al presidente de la Corte Suprema de Justicia en
ocasión del XVIII Encuentro de la Jurisdicción Ordinaria, dedicado a “Justicia
transicional, paz y posconflicto”: deben ustedes contribuir con coraje y
creatividad a identificar soluciones que refuercen la paz y la justicia, les
dijo.
importante porque detrás de los conflictos que pueden conducir a la violencia
hay siempre incompatibilidades importantes. No, si todo sigue igual, al menos
en gran parte, la construcción de la paz no será realidad ni en 2020 ni en
2030, pese a que el fin del conflicto armado con las FARC-EP sea en cualquier
caso un gran avance. La Colombia post-acuerdo, la Colombia 2020 y 2030, exige
transformaciones reales y, por ende, creatividad, ingenio. Y no sólo me atrevo
a pedírselo yo, recuerden que también lo hizo ahora hace un año el Papa
Francisco, concretamente a los jueces de
Colombia, en carta dirigida al presidente de la Corte Suprema de Justicia en
ocasión del XVIII Encuentro de la Jurisdicción Ordinaria, dedicado a “Justicia
transicional, paz y posconflicto”: deben ustedes contribuir con coraje y
creatividad a identificar soluciones que refuercen la paz y la justicia, les
dijo.
Eso me lleva al
tercer requisito, la importancia de fomentar valores nuevos, o al menos valores
que sean interiorizados realmente, sentidos, y que sean guía real de conductas nuevas. Los valores, la ética, tienen
un papel clave, pero no basta con enunciarlos. Hay que demostrar coherencia
entre lo que se dice, lo que se enuncia o predica y lo que se hace. Como han
mostrado los sociólogos de la educación, el currículo educativo más importante,
en aras de la eficacia y de la eficiencia, de los resultados transformadores,
no es el currículo oculto, sino el currículo oculto, el no explícito, lo que
enseñamos con nuestro ejemplo. Los valores serán claves en la construcción de
la paz, porque están en el centro de la cultura de la paz, pero esos valores,
nuevamente, no pueden decretarse, deben consensuarse, cultivarse y, ante todo,
mostrarse con ejemplos coherentes. Y lo importante es que ya están en este país
tan creativo, aunque no se conocen suficientemente, existen desde hace décadas
centenares de experiencias exitosas de resiliencia, de construcción de paz,
logradas durante el conflicto armado.
tercer requisito, la importancia de fomentar valores nuevos, o al menos valores
que sean interiorizados realmente, sentidos, y que sean guía real de conductas nuevas. Los valores, la ética, tienen
un papel clave, pero no basta con enunciarlos. Hay que demostrar coherencia
entre lo que se dice, lo que se enuncia o predica y lo que se hace. Como han
mostrado los sociólogos de la educación, el currículo educativo más importante,
en aras de la eficacia y de la eficiencia, de los resultados transformadores,
no es el currículo oculto, sino el currículo oculto, el no explícito, lo que
enseñamos con nuestro ejemplo. Los valores serán claves en la construcción de
la paz, porque están en el centro de la cultura de la paz, pero esos valores,
nuevamente, no pueden decretarse, deben consensuarse, cultivarse y, ante todo,
mostrarse con ejemplos coherentes. Y lo importante es que ya están en este país
tan creativo, aunque no se conocen suficientemente, existen desde hace décadas
centenares de experiencias exitosas de resiliencia, de construcción de paz,
logradas durante el conflicto armado.
El cuarto
requisito es la creatividad, la capacidad de innovación, que implica
flexibilidad. Suelo decir en mis cursos que la actividad profesional más
parecida a la de constructor de paz es la de aficionado al bricolaje. Se trata
no de seguir la receta o la instrucción rígida, sino de ser capaz de improvisar
y de resolver el problema no como lo dice el libro de instrucciones, sino con lo
que uno tiene a mano. Por eso en construcción de paz es tan importante conocer
muchos casos y ejemplos y saber, desde el principio, que cada caso es
diferente, específico, justamente porque tiene mucho en común con otros.
requisito es la creatividad, la capacidad de innovación, que implica
flexibilidad. Suelo decir en mis cursos que la actividad profesional más
parecida a la de constructor de paz es la de aficionado al bricolaje. Se trata
no de seguir la receta o la instrucción rígida, sino de ser capaz de improvisar
y de resolver el problema no como lo dice el libro de instrucciones, sino con lo
que uno tiene a mano. Por eso en construcción de paz es tan importante conocer
muchos casos y ejemplos y saber, desde el principio, que cada caso es
diferente, específico, justamente porque tiene mucho en común con otros.
Un investigador
de la creatividad, Mihaly Csikszentmihalyi, señaló algo bien interesante, a
nivel de creatividad individual, pero que podemos extrapolar a nivel colectivo,
social:
de la creatividad, Mihaly Csikszentmihalyi, señaló algo bien interesante, a
nivel de creatividad individual, pero que podemos extrapolar a nivel colectivo,
social:
“Cada uno de
nosotros ha nacido con dos series contradictorias de instrucciones: una
tendencia conservadora, hecha de instintos de auto conservación, auto
engrandecimiento y ahorro de energía, y una tendencia expansiva hecha de
instintos de exploración, de disfrute de la novedad y el riesgo (la curiosidad
que conduce a la creatividad pertenece a esta última). Tenemos necesidad de
ambos programas. Pero, mientras que la primera tendencia requiere poco estímulo
o apoyo exterior para motivar la conducta, la segunda puede languidecer si no
se cultiva”.
nosotros ha nacido con dos series contradictorias de instrucciones: una
tendencia conservadora, hecha de instintos de auto conservación, auto
engrandecimiento y ahorro de energía, y una tendencia expansiva hecha de
instintos de exploración, de disfrute de la novedad y el riesgo (la curiosidad
que conduce a la creatividad pertenece a esta última). Tenemos necesidad de
ambos programas. Pero, mientras que la primera tendencia requiere poco estímulo
o apoyo exterior para motivar la conducta, la segunda puede languidecer si no
se cultiva”.
De ello,
sostiene, se deriva que ambas tendencias deben ser cultivadas simultáneamente,
pues, constituyen las dos caras de la moneda. Y, colectivamente, en Colombia se
ha cultivado poco, en la esfera social y política, la segunda, la expansiva, la
innovadora. Les dejo con un interrogante para la reflexión: es un tópico,
acertado, decir que la paz en Colombia será territorial, pero ¿seguirá
persistiendo la costumbre de preparar los proyectos territoriales desde la
capital, o con reglas y transparencia, con un campo de juego compartido para
todos los territorios, se les dejará innovar?
sostiene, se deriva que ambas tendencias deben ser cultivadas simultáneamente,
pues, constituyen las dos caras de la moneda. Y, colectivamente, en Colombia se
ha cultivado poco, en la esfera social y política, la segunda, la expansiva, la
innovadora. Les dejo con un interrogante para la reflexión: es un tópico,
acertado, decir que la paz en Colombia será territorial, pero ¿seguirá
persistiendo la costumbre de preparar los proyectos territoriales desde la
capital, o con reglas y transparencia, con un campo de juego compartido para
todos los territorios, se les dejará innovar?
También en la
construcción de paz necesitamos pensamiento lateral, innovador. Como dijo Erich
Fromm, la creatividad “significa considerar el proceso total de vida como un
proceso de nacimiento, y no tomar cualquier estado de vida como un estado
final. La mayoría de la gente muere antes de nacer plenamente. La creatividad
significa nacer desde antes de que se muera”. En la esfera colectiva, eso
supone hacer de la creatividad la punta de lanza, el ariete, que nos permita crear y superar el pasado, con lo cual, de alguna forma, enterramos las ideas
obsoletas y damos vida a un nuevo ser.
construcción de paz necesitamos pensamiento lateral, innovador. Como dijo Erich
Fromm, la creatividad “significa considerar el proceso total de vida como un
proceso de nacimiento, y no tomar cualquier estado de vida como un estado
final. La mayoría de la gente muere antes de nacer plenamente. La creatividad
significa nacer desde antes de que se muera”. En la esfera colectiva, eso
supone hacer de la creatividad la punta de lanza, el ariete, que nos permita crear y superar el pasado, con lo cual, de alguna forma, enterramos las ideas
obsoletas y damos vida a un nuevo ser.
Por decirlo
apelando a un conocido cuento, hay que dejar de hacer lo que hace el borracho
que ha perdido las llaves de su casa y las busca constantemente debajo de un
farol, que, preguntado por alguien que pasa a su lado por qué busca
desesperadamente desde hace una hora ahí, le dice que es el único sitio con luz
en la calle. Colombia tiene una gran oportunidad de encontrar nueva luz, de
ampliar su horizonte de iluminación, pero para ello hay que ser creativo y
abandonar la búsqueda debajo de los viejos fanales. Hay que ser creativo,
arriesgarse, apostar con innovar, crear y ello es imposible sin transformar. Lo
nuevo no lograr nacer nunca del todo sino se elimina, al menos en parte, lo
viejo. El futuro exige siempre dejar atrás partes del presente.
apelando a un conocido cuento, hay que dejar de hacer lo que hace el borracho
que ha perdido las llaves de su casa y las busca constantemente debajo de un
farol, que, preguntado por alguien que pasa a su lado por qué busca
desesperadamente desde hace una hora ahí, le dice que es el único sitio con luz
en la calle. Colombia tiene una gran oportunidad de encontrar nueva luz, de
ampliar su horizonte de iluminación, pero para ello hay que ser creativo y
abandonar la búsqueda debajo de los viejos fanales. Hay que ser creativo,
arriesgarse, apostar con innovar, crear y ello es imposible sin transformar. Lo
nuevo no lograr nacer nunca del todo sino se elimina, al menos en parte, lo
viejo. El futuro exige siempre dejar atrás partes del presente.
Y ello, me
lleva, para ir terminando, al quinto requisito, transformar los procedimientos,
que, son, de hecho, la clave de la democracia en su sentido más genuino.
Permitánme que cita al Alto Comisionado Sergio Jaramillo en su discurso en
Harvard sobre paz territorial. Dijo algo crucial:
lleva, para ir terminando, al quinto requisito, transformar los procedimientos,
que, son, de hecho, la clave de la democracia en su sentido más genuino.
Permitánme que cita al Alto Comisionado Sergio Jaramillo en su discurso en
Harvard sobre paz territorial. Dijo algo crucial:
“la esencia de
cualquier proceso de paz (…es…): facilitar la transformación de un grupo armado
en un movimiento político en democracia. Pero en el caso de Colombia, que ha
padecido en toda su historia la combinación de violencia y política, es mucho
más. Es mucho más porque al marcar claramente la raya entre violencia y
política, se estabiliza definitivamente el campo de la política: todo lo que
juegue por las reglas, incluyendo la protesta social, incluyendo la oposición
radical, es lícito y legítimo. Y todo uso de la violencia es simplemente eso:
violencia criminal. Eso hará la política colombiana más rica y más democrática;
y también más agitada y más contestataria. No hay que tenerle miedo a la
democracia, hay que tenerle miedo a la violencia (S. Jaramillo).[3]
cualquier proceso de paz (…es…): facilitar la transformación de un grupo armado
en un movimiento político en democracia. Pero en el caso de Colombia, que ha
padecido en toda su historia la combinación de violencia y política, es mucho
más. Es mucho más porque al marcar claramente la raya entre violencia y
política, se estabiliza definitivamente el campo de la política: todo lo que
juegue por las reglas, incluyendo la protesta social, incluyendo la oposición
radical, es lícito y legítimo. Y todo uso de la violencia es simplemente eso:
violencia criminal. Eso hará la política colombiana más rica y más democrática;
y también más agitada y más contestataria. No hay que tenerle miedo a la
democracia, hay que tenerle miedo a la violencia (S. Jaramillo).[3]
Cambiar
procedimientos y procesos supone eso, entender que en la nueva Colombia deben
cambiar en toda la sociedad procesos y procedimientos para erradicar el recurso
a la violencia directa, pero permitir al mismo tiempo que todo, sin violencia,
sea posible, pensable, expresable y, por tanto, objeto de lucha social.
procedimientos y procesos supone eso, entender que en la nueva Colombia deben
cambiar en toda la sociedad procesos y procedimientos para erradicar el recurso
a la violencia directa, pero permitir al mismo tiempo que todo, sin violencia,
sea posible, pensable, expresable y, por tanto, objeto de lucha social.
Construir la
paz supone cambiar valores y procedimientos en tres grandes campos, lo que
llamamos las 3 Rs: reconstruir lo que dañó la fase armada del conflicto, y a
mejor; resolver, de manera no violenta, los motivos de incompatibilidad, las
causas del conflicto; y, finalmente, reconciliar las personas y grupos sociales
que se han enfrentado y sufrido el impacto de la violencia durante el
conflicto, para que puedan compartir proyectos de futuro. La práctica comparada
nos muestra que para hacerlo hay que transmitir unos mensajes básicos sobre lo
que está en juego y lo que significa construir la paz: 1) que es tarea que
exige tiempo y estrategias coherentes; 2) que demanda cambios y esfuerzos
colectivos; 3) que requiere clarificar y entender que lo que puede esperarse a
corto plazo difiere de lo esperable a medio y largo plazo; 4) que para que la
paz se construya en los territorios, la descentralización debe ser una práctica
real y no un atributo presente únicamente en la Constitución; y 5) preparar
para superar, en cada territorio y ciudad, la escasa tradición de acuerdos o
consensos amplios, inter-partidarios, inter-sociales, que vayan más allá de una
legislatura y del sistema de gobierno indirecto y el pacto entre élites
capitalinas y élites departamentales.
paz supone cambiar valores y procedimientos en tres grandes campos, lo que
llamamos las 3 Rs: reconstruir lo que dañó la fase armada del conflicto, y a
mejor; resolver, de manera no violenta, los motivos de incompatibilidad, las
causas del conflicto; y, finalmente, reconciliar las personas y grupos sociales
que se han enfrentado y sufrido el impacto de la violencia durante el
conflicto, para que puedan compartir proyectos de futuro. La práctica comparada
nos muestra que para hacerlo hay que transmitir unos mensajes básicos sobre lo
que está en juego y lo que significa construir la paz: 1) que es tarea que
exige tiempo y estrategias coherentes; 2) que demanda cambios y esfuerzos
colectivos; 3) que requiere clarificar y entender que lo que puede esperarse a
corto plazo difiere de lo esperable a medio y largo plazo; 4) que para que la
paz se construya en los territorios, la descentralización debe ser una práctica
real y no un atributo presente únicamente en la Constitución; y 5) preparar
para superar, en cada territorio y ciudad, la escasa tradición de acuerdos o
consensos amplios, inter-partidarios, inter-sociales, que vayan más allá de una
legislatura y del sistema de gobierno indirecto y el pacto entre élites
capitalinas y élites departamentales.
En suma, negociar, acordar consensos a medio y
largo plazo, manejar los disensos como parte del proceso deliberativo, será
clave para afrontar las tres grandes fases de la transición o construcción de
la paz en los próximos diez o quince años
largo plazo, manejar los disensos como parte del proceso deliberativo, será
clave para afrontar las tres grandes fases de la transición o construcción de
la paz en los próximos diez o quince años
Y eso es posible,
viable, factible, está en sus manos, estoy convencido. Les dejo con dos guías
para el viaje. Una, las palabras sabias de un poeta catalán, que recuerda que
la paz no es una ráfaga de viento, sino una piedra en la que hay que esculpir,
día a día, el esfuerzo de conquistarla.
viable, factible, está en sus manos, estoy convencido. Les dejo con dos guías
para el viaje. Una, las palabras sabias de un poeta catalán, que recuerda que
la paz no es una ráfaga de viento, sino una piedra en la que hay que esculpir,
día a día, el esfuerzo de conquistarla.
La segunda,
crucial, de un gran pensador colombiano
del que he aprendido mucho, Estanislao
Zuleta, que dejó escrito:
crucial, de un gran pensador colombiano
del que he aprendido mucho, Estanislao
Zuleta, que dejó escrito:
“Si alguien me
objetara que el reconocimiento previo de los conflictos y de las diferencias,
de su inevitabilidad y de su conveniencia, arriesgaría paralizar en nosotros la
decisión y el entusiasmo en la lucha por una sociedad más justa, organizada y
racional, yo le replicaría que para mí una sociedad mejor es una sociedad capaz
de tener mejores conflictos. De reconocerlos y de contenerlos. De vivir no a
pesar de ellos, sino productiva e inteligentemente en ellos. Que sólo un pueblo
escéptico sobre la fiesta de la guerra, maduro para el conflicto, es un pueblo
maduro para la paz….[4]”
objetara que el reconocimiento previo de los conflictos y de las diferencias,
de su inevitabilidad y de su conveniencia, arriesgaría paralizar en nosotros la
decisión y el entusiasmo en la lucha por una sociedad más justa, organizada y
racional, yo le replicaría que para mí una sociedad mejor es una sociedad capaz
de tener mejores conflictos. De reconocerlos y de contenerlos. De vivir no a
pesar de ellos, sino productiva e inteligentemente en ellos. Que sólo un pueblo
escéptico sobre la fiesta de la guerra, maduro para el conflicto, es un pueblo
maduro para la paz….[4]”
Colombia es un
pueblo y una sociedad madura para la paz, pero ello exige recordar que la paz
no supone la ausencia de conflictos, entendidos como disputas o antagonismos
entre partes, sino manejo de los mismos sin recurso a la violencia. El objetivo
debe ser erradicar la violencia política, y, además las otras formas de
violencia directa.
pueblo y una sociedad madura para la paz, pero ello exige recordar que la paz
no supone la ausencia de conflictos, entendidos como disputas o antagonismos
entre partes, sino manejo de los mismos sin recurso a la violencia. El objetivo
debe ser erradicar la violencia política, y, además las otras formas de
violencia directa.
Pongámonos a
trabajar, incesantemente pero con prudencia, de acuerdo con la atinada
sabiduría popular: vísteme despacio, porque tenemos prisa.
trabajar, incesantemente pero con prudencia, de acuerdo con la atinada
sabiduría popular: vísteme despacio, porque tenemos prisa.
[1] El texto parte del discurso en el Encuentro
Colombia 2020 La creatividad para
construir la paz, Bogotá 3 de agosto de 2016).
Colombia 2020 La creatividad para
construir la paz, Bogotá 3 de agosto de 2016).
[2] Profesor de
Relaciones Internacionales de la Universidad Autónoma de Barcelona,
expresidente del Instituto Catalán Internacional para la paz y coordinador de
su Programa sobre “Construcción de paz estratégica, seguridad humana y
transformación de conflictos”. Ha sido profesor visitante de la Universidad de
los Andes y de la Pontificia Bolivariana. Mail: rafael.grasa@uab.es.
Relaciones Internacionales de la Universidad Autónoma de Barcelona,
expresidente del Instituto Catalán Internacional para la paz y coordinador de
su Programa sobre “Construcción de paz estratégica, seguridad humana y
transformación de conflictos”. Ha sido profesor visitante de la Universidad de
los Andes y de la Pontificia Bolivariana. Mail: rafael.grasa@uab.es.
[3] S. Jaramillo, Extracto del Discurso del Alto
Comisionado en Harvard, “La paz territorial”, abril de 2014.
Comisionado en Harvard, “La paz territorial”, abril de 2014.
[4] Comentario sobre el manejo de los conflictos
de Estanislao Zuleta en “Sobre la guerra”, respuesta a preguntas de La
Cábala,1985
de Estanislao Zuleta en “Sobre la guerra”, respuesta a preguntas de La
Cábala,1985
Este es un espacio de opinión destinado a
columnistas, blogueros, comunidades y similares. Las opiniones aquí expresadas
pertenecen exclusivamente a los autores que ocupan los espacios destinados a
este fin por el blog Informativo del Guaico y no reflejan la opinión o posición
de este medio digital.
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