Una visita sin igual

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Visión de mujer

Por Elsy Melo
Maya
Solo quien cree
en Dios y le permita hacer parte de su vida, puede sentir la magnitud de lo que
significó la visita del Papa Francisco a nuestro país. Y no es para menos, pues
como lo repetían los jóvenes y niños en Bogotá, Él es la representación de Dios
en la tierra. El relato de una estudiante que tuvo la oportunidad de verlo
pasar por la calle séptima, lo refleja todo: “es algo indescriptible, transmite
una energía y una paz sin igual, siento que todo el cuerpo aún me tiembla y
unos deseos inmensos de gritar y llorar al mismo tiempo
; todas las personas
parecíamos unidas por un solo hechizo: la fe y la esperanza nos invadieron. La
sensación que sentí, nunca antes la había vivido…gracias Dios mío por esta
experiencia inolvidable”.

Sin duda fue
gratificante ver como en un país que está viviendo transformaciones
fundamentales (que aspiramos sean para el bien de toda la sociedad), y que así
mismo registra decepcionado el “destape” de graves hechos pasados y presentes
de corrupción en sus tres ramas del poder público, con la desafortunada participación
del sector privado, se conmovió masivamente frente a la presencia del Papa
Francisco, por ser el mensajero de la paz, de la alegría, de la esperanza; por
ser como es: un ser real, legítimo, que habla de frente a la realidad,
consecuente, que no esconde los errores de la iglesia, que pide perdón, que
mira a los habitantes del mundo como lo que realmente somos: seres humanos con
virtudes y defectos
. Sin lugar a equivocarme, si algo tenemos hoy en día, es un
Papa que vale la pena.
Su llamado
reiterativo a no retroceder en el camino de la paz, debe servir para que los
colombianos sin importar si votamos por el sí o el no, o si somos víctimas o
victimarios, entendamos de una vez, que más importante que establecer quien
tiene la razón, es seguir construyendo el país que soñamos para nuestros
hijo@s, para nuestras familias, libre de venganza, de odios pasionales y de
intereses particulares, mezquinos y electoreros
.
Dios permita
que un acontecimiento de fe tan importante como el que vivió Colombia, nos
incite a poner en práctica uno de los tantos mensajes que el Papa ha
transmitido al mundo entero
, pidiendo que vivamos con intensidad, pero con más
amor, con más perdón y dejando el resto, “en manos de Dios”.

Septiembre 11 de 2017

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