Yo creo en la paz

Por Liliam Gómez Cabrera
Sí, creo en la paz porque quiero saber qué es
vivir en un país en paz, quiero que mis nietos crezcan en un país en paz; no
quiero más el país que tenemos, fruto de la manera de obrar y de pensar de los
gobernantes que hemos elegido: un país sumido en la violencia, inseguridad,
caos, corrupción, miseria y la desdicha de millones de colombianos… ¡No, no
quiero más este país!

Quiero apoyar los cambios que Colombia
requiere con urgencia para convertirse en el país digno que anhelamos, y
demando que esos cambios tengan que ver con la reparación de dos de los
temibles males que los esquemas políticos dominantes hasta ahora le han
impuesto al país; ellos son la desigualdad económica y la falta de compromiso,
por parte del Estado, con las clases más pobres
.
Aclaro que creo en la paz y apoyo el proceso
de paz, sin ser por ello una adepta a la política de Juan Manuel Santos; no
enarbolé sus banderas, no ignoro que, como Ministro de Defensa en el gobierno
de Uribe, ejecutó sus políticas represivas y tuvo que participar en el
siniestro asunto de los mal llamados “falsos positivos”; no desconozco ni
apruebo su política económica que golpea inmisericorde al sector agrícola
colombiano, como tampoco sus propias medidas represivas frente a las justas
protestas… Admiro sus cualidades de estadista, sus maneras diplomáticas y
discretas de tratar asuntos internacionales; pero no omito que él es parte de
la “clase dirigente” de este país, la misma que ostenta el poder, que se ha
repartido el gobierno y el país de diversas y nefastas maneras y la misma que
es la causante de todos los males que padecemos. Sin embargo y a pesar de ello,
y procurando ser objetiva, rescato el esfuerzo que está haciendo por llevar a
Colombia por el sendero de la paz. Quizás sus motivaciones no sean tan loables
como quiere hacernos creer, quizás se dio cuenta que ahora, en un mundo
económico “globalizado”, la paz es mejor negocio que la guerra
o, a lo mejor,
sus ideales son más nobles que los de un político cualquiera y su objetivo
personal sea pasar a la historia como un hombre de paz, merecedor de
reconocimiento por la conquista de tal condición para su pueblo; o quizás… de
alguna manera desea reparar todo el daño que su clase le ha propinado al país…
Cualquiera sea su motivación, lo importante aquí es el objetivo: la paz para
Colombia y por ello, yo apoyo el proceso de paz.
Indudablemente, la inseguridad y la violencia,
no van a desaparecer cuando las FARC se desmovilicen puesto que la principal
fuente de delitos en Colombia no es la guerrilla, ni el narcotráfico, sino la
delincuencia común; consecuencia de la ignorancia, del resentimiento, de la
pobreza, de las condiciones inhumanas de vida y por supuesto, de la impunidad
;
pero al desaparecer la obligada y dañina oposición armada, con su capacidad de
extorsión y terrorismo, será posible dedicar los esfuerzos y el capital
económico y humano a promover el crecimiento y desarrollo del país mediante el
impulso a la iniciativa económica y a la promoción social para permitir superar
la difícil situación de las clases menos favorecidas, liberándolas de la
necesidad de persistir en negocios ilegales, porque solamente una política
encaminada a mejorar las condiciones de vida de los pobres, su capitalización,
garantizarles niveles decentes de vida; reconocerles el derecho al acceso a la
educación y a la cultura, pueden disminuir ostensiblemente los niveles de
criminalidad y delincuencia en Colombia
.
La guerra sirve para justificar enormes
presupuestos, los mismos que se destinarían a cubrir la inversión en una
política de paz; con la guerra no se superará nunca, de manera efectiva, el
conflicto, ni menos se logrará la reconciliación
. Por todo eso, yo apoyo el
proceso de paz.
Ahora bien, apoyar el proceso de paz, no solo
significa disponerse a votar “sí” en un eventual plebiscito o consulta popular;
es preciso “prepararse para la paz”. Yo creo que ningún colombiano está
preparado para ello porque no conocemos un país en paz, toda nuestra historia
ha estado signada por la guerra y el conflicto y prepararse para la paz va a ser
doloroso porque todo cambio lo es, como es doloroso un cambio a nivel personal
de igual modo lo es a nivel colectivo. Habrá que perdonar, y perdonar cuesta…,
es de las cosas más difíciles de hacer, sino la más difícil
… Perdonar no es
olvidar y mucho menos justificar, es aceptar que lo que ocurrió, por más triste
e intenso que haya sido, fue como fue… pero ya pasó y que no es útil seguir
llevando a cuestas la carga del rencor eternamente, continuar reviviéndolo día
a día… echando sal en la herida. Es preciso perdonar, soltar… para liberarnos
de ese lastre; y ese perdón no es un regalo o una dádiva para nuestro agresor;
es un premio, una conquista para nosotros puesto que liberados de la
servidumbre del rencor podemos avanzar hacia nuevos horizontes…
La paz genera abundantes perspectivas,
numerosas oportunidades. Vivir en un país como Colombia, ya sin conflicto,
significa para todos abrirse a un mundo nuevo, a todas las posibilidades… será
viable aprovechar la inmensa potencialidad de desarrollo que ofrece un país
megadiverso en recursos naturales
, sociales, económicos, culturales…
No permitamos que la clase dominante continúe
moviéndonos como fichas de su ajedrez como ha hecho durante los últimos 100
años de nuestra historia, (por no decir 200…) porque hemos librado una guerra
que no es la nuestra, esta ha sido una guerra de las oligarquías; no
perpetuemos la triste realidad de saber que, como anota William Ospina, “los
hombres alzados en armas de mediados de siglo en Colombia, no luchaban por
ninguna reivindicación popular, sino instigados por los poderes que siempre los
habían despreciado, y cuando empezaron a luchar por algo propio, fue por
espíritu de venganza, para cobrarse las injurias que  esa misma guerra les había hecho”
y comprobar
que “la verdad es que bastó que Alberto Lleras y Laureano Gómez se abrazaran y
pactaran la alianza del Frente Nacional, la vasta violencia colombiana dejara
de ser un caos generalizado y se redujera a la persecución final de unas bandas
de asesinos envilecidos”
.
¿Suena ya vivido? ¿Les parece acertado volver
a vivirlo? ¿Repetir la historia? ¿Qué esperamos? ¿Que Uribe y Santos se fundan
en fraternal abrazo para apoyar el proceso de paz?
No es posible que a estas alturas del siglo
XXI, el pueblo colombiano ceda su poder; es el momento de apreciar las ventajas
que un país sin conflicto, un país en paz, puede ofrecer y empezar a pensar en
la manera de aprovecharlas para iniciar un proceso de reconstrucción mediante
el cual podamos hacer realidad el país con el que soñamos
, uno en el que se
pueda disfrutar de su riqueza natural con total serenidad, un país del que se
pueda enseñar el pasaporte con orgullo y tranquilidad en cualquier lugar del
mundo, un país cuyos deportistas ganen medallas olímpicas, campeonatos de
fútbol, un país cuyos artistas, actores, pintores, escritores, periodistas,
artesanos; es decir 40 millones de seres humanos plenos de capacidades, puedan
expresarse libremente y hacer gala aquí y afuera de la infinita creatividad que
nos caracteriza… en fin… Alcanzar la paz no es fácil, va a ser largo y doloroso
pero la recompensa valdrá la pena.
Preparémonos para la paz y hagamos de Colombia
un país posible
.

Este es un espacio de opinión destinado a
columnistas, blogueros, comunidades y similares. Las opiniones aquí expresadas
pertenecen exclusivamente a los autores que ocupan los espacios destinados a
este fin por el blog Informativo del Guaico y no reflejan la opinión o posición
de este medio digital.

Author: Miguel Cordoba

1 thought on “Yo creo en la paz

  1. Me encanta como escribe y como piensa. Yo también apoyo el proceso de paz con las Farc; pero como Ud. misma dice, no bastará con firmar un acuerdo de paz entre el gobierno y la guerrilla, nó señora. Ese será solo un pequeño peldaño para alcanzar la paz en general.Lo que no puedo es hacerme ilusiones de que los recursos que ahora se destinan para la guerra, vayan a llevarle prosperidad a Colombia. Pienso que mientras sigan existiendo los vicios que siempre han predominado en nuestra democracia, pero que ahora están en su punto más alto, y que mientras la corrupción no sea eliminada de raíz, esos recursos se irán a los bolsillos de los corruptos. La paz es incompatible con la corrupción.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.