
La secuencia sísmica registrada después del terremoto de San José del Palmar ha incluido cientos de réplicas y nuevos eventos en municipios de la cuenca del río San Juan. El comportamiento de estos movimientos confirma que la región continúa bajo monitoreo permanente del Servicio Geológico Colombiano.
El departamento del Chocó atraviesa una prolongada secuencia sísmica luego del terremoto de magnitud 7.4 registrado el 10 de agosto de 2026, con epicentro en inmediaciones de San José del Palmar y una profundidad de 103 kilómetros.
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El Servicio Geológico Colombiano (SGC) confirmó que este fue el sismo de mayor magnitud registrado instrumentalmente en Colombia durante el siglo XXI. El movimiento ocurrió a las 7:34 de la mañana y fue seguido por numerosas réplicas. En su primer reporte, el SGC había contabilizado 18 réplicas y advirtió que era probable que continuaran ocurriendo.
La actividad posterior no se ha limitado al municipio donde ocurrió el evento principal. Los registros disponibles muestran sismos en diferentes sectores del Chocó, particularmente en municipios como San José del Palmar, Sipí, Istmina y El Litoral del San Juan, con magnitudes y profundidades diversas.
Una región geológicamente activa
El comportamiento sísmico del Chocó está relacionado con la complejidad tectónica del occidente colombiano. La región se encuentra influenciada por la interacción de las placas tectónicas y por diferentes estructuras geológicas activas.
El terremoto del 10 de agosto tuvo una profundidad de 103 kilómetros, característica que permitió que sus ondas sísmicas fueran percibidas en amplias zonas del país. El SGC ha explicado que la percepción de un sismo depende, entre otros factores, de su magnitud, profundidad, distancia y de las características del suelo.
Después del evento principal, la actividad sísmica ha continuado en el departamento.
Sismos posteriores en la cuenca del San Juan
El catálogo aportado para este análisis muestra numerosos eventos de magnitud igual o superior a 3.0 registrados entre el 10 y el 24 de agosto.
Entre los primeros movimientos posteriores al terremoto se encuentran eventos de magnitudes 4.8 y 3.8, registrados el mismo 10 de agosto en el área de San José del Palmar y Sipí.
Durante los días siguientes se produjeron nuevos sismos de magnitud moderada en San José del Palmar. Posteriormente aparecen registros en municipios de la cuenca del río San Juan, entre ellos Sipí, Istmina, Medio San Juan y El Litoral del San Juan.
Esta distribución espacial es uno de los aspectos que más llama la atención de la secuencia. Sin embargo, la ubicación de los epicentros por sí sola no permite afirmar que exista una migración de la actividad sísmica ni atribuir cada evento a una falla determinada. Para establecer esos mecanismos se requieren análisis sismológicos y geológicos específicos.
El propio SGC mantiene un monitoreo permanente de la actividad sísmica mediante una red nacional de estaciones. En la información publicada tras el terremoto del 10 de agosto se indicó que la red contaba con 201 estaciones distribuidas en el territorio nacional.
Una nueva concentración de movimientos
Entre el 23 y el 24 de agosto se registró un incremento de la actividad sísmica en sectores de la cuenca del San Juan.
El catálogo suministrado para este reportaje registra varios eventos en Sipí e Istmina, algunos de ellos superficiales y otros a profundidades superiores a 40 kilómetros.
El 24 de agosto, por ejemplo, el SGC registró un sismo de magnitud 3.2 en Sipí, con una profundidad de 43 kilómetros.
También aparecen eventos en Istmina y El Litoral del San Juan. Uno de los registros oficiales disponibles corresponde a un sismo de magnitud 3.4, ocurrido el 24 de agosto a las 6:17 de la tarde, con una profundidad de 46 kilómetros y epicentro en jurisdicción de El Litoral del San Juan.
Estos datos muestran que la secuencia continúa activa, aunque no permiten establecer por sí mismos que se esté produciendo un nuevo terremoto de gran magnitud.
¿Qué significa que continúen las réplicas?
Después de un terremoto de gran magnitud es normal que ocurran réplicas durante un periodo que puede prolongarse durante semanas, meses e incluso más tiempo.
El SGC ha explicado que no es posible determinar con anticipación cuándo ocurrirá el próximo sismo, cuál será su magnitud o exactamente dónde se producirá. Por esta razón, la existencia de nuevos movimientos no debe interpretarse como una predicción de otro terremoto.
La recomendación científica es mantener la preparación y consultar exclusivamente la información proporcionada por las autoridades y las entidades encargadas del monitoreo sísmico. El SGC también ha insistido en la importancia de informar sobre estos fenómenos con rigor y evitar mensajes que generen alarma innecesaria.
El suelo también importa
La amenaza sísmica no depende únicamente de la magnitud de un terremoto. Las características geológicas y geotécnicas del terreno pueden modificar la manera en que las ondas sísmicas son percibidas y amplificadas.
En sectores próximos a ríos y zonas con depósitos de materiales poco consolidados, las condiciones del suelo pueden incrementar determinados efectos del movimiento sísmico. Por ello, la evaluación de edificaciones, infraestructura y terrenos resulta especialmente importante después de un terremoto de gran magnitud.
En este contexto, la persistencia de las réplicas representa un desafío adicional para las autoridades encargadas de evaluar daños. Las estructuras que quedaron debilitadas por el movimiento principal pueden estar expuestas a nuevos esfuerzos durante los eventos posteriores.
Una secuencia que todavía se estudia
La información disponible hasta el 24 de agosto permite establecer que el terremoto de magnitud 7.4 ocurrido el 10 de agosto en San José del Palmar fue seguido por una extensa secuencia de réplicas y nuevos sismos en diferentes sectores del Chocó.
Lo que todavía requiere estudios especializados es determinar con precisión cómo se distribuyen las rupturas, qué estructuras geológicas están involucradas y cuál es la evolución espacial y temporal de la secuencia.
Por ahora, la conclusión más prudente es que el territorio continúa presentando actividad sísmica posterior al gran terremoto del 10 de agosto y que esta debe ser observada mediante instrumentos científicos, sin convertir cada nuevo movimiento en una señal de un terremoto inminente.
El Servicio Geológico Colombiano mantiene disponible su visor de sismos, herramienta oficial para consultar los eventos registrados y sus características.
La actividad sísmica no puede predecirse, pero sus efectos sí pueden reducirse mediante prevención, construcción segura, evaluación de las edificaciones y preparación de las comunidades.
Investigación realizada con Gemini. Reportaje consolidado con ChatGPT
Fuentes: Servicio Geológico Colombiano, El Tiempo, El Espectador y muchas más
Foto del Río San Juán: Google Earth
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