
El obispo de la Diócesis de Pasto, monseñor Juan Carlos Cárdenas Toro, visitó nuevamente Sandoná, donde presidió la celebración del sacramento de la Confirmación para 175 jóvenes y adultos de la comunidad parroquial.
Durante su visita, el prelado destacó el trabajo de catequesis adelantado con quienes no habían completado su proceso de formación cristiana y explicó que la Confirmación representa un signo de madurez en la vida de fe.
“Es una invitación a vivir nuestra fe, no solo con los labios, sino a profesarla con la vida, a dejarnos conducir por el Espíritu Santo para que haga de nosotros hombres y mujeres testigos en la vida diaria”, manifestó.
Cárdenas Toro señaló que la fe recibida en la familia y en la Iglesia debe reflejarse en el comportamiento cotidiano, en las acciones y en la manera de relacionarse con los demás.
“El perdón es una manera de cortar las cadenas de violencia”
Durante la celebración, el obispo también hizo énfasis en la necesidad de fortalecer una cultura del perdón, especialmente en un contexto social en el que, según dijo, resulta más fácil responder a una ofensa que buscar caminos de reconciliación.
“Es más fácil enojarse que tolerar. Es más fácil odiar que perdonar. Es más fácil responder a la ofensa que cortar las cadenas de violencia”, expresó.
Para el obispo, el perdón y la capacidad de hacer el bien deben cultivarse desde la familia, antes incluso que en las instituciones educativas o religiosas.
“Eso tiene que comenzar antes que en el colegio, en la familia. Padres e hijos, hermanos, ahí tiene que comenzar a vivir ese estilo de amarnos perdonando”, afirmó.
Iglesia mantiene llamado a construir la paz
Al referirse a los procesos territoriales de paz, monseñor Cárdenas aclaró que la Diócesis de Pasto no establece posiciones frente a las políticas del Gobierno, sino que hace eco del llamado de la Iglesia universal y de la Conferencia Episcopal a trabajar por la paz.
Recordó que el papa ha llamado a “desarmar la palabra y desarmar el corazón” y señaló que la Iglesia respalda la búsqueda de la seguridad, pero considera necesario mantener abiertas las posibilidades de salidas negociadas a los conflictos cuando quienes han optado por la violencia manifiesten de manera inequívoca su voluntad de buscar la paz.
“Siempre hay que orar y pedir porque seguimos a Jesús, que es el príncipe de la paz”, manifestó.
El obispo insistió en que la paz no puede reducirse a la firma de un acuerdo, sino que debe comenzar en las relaciones cotidianas entre las personas, las familias y las comunidades.
“La paz no es solamente un tratado que se firma sobre un papel, sino que empieza por construir relaciones pacíficas entre nosotros, en la familia, en el vecindario, en el pueblo, por supuesto en el país y en el mundo”, concluyó.











