
García Márquez, escribía en “Cien años de soledad”, que en una de sus mágicas y
pintorescas apariciones por Macondo, “los gitanos comandados por
Melquíades llevaron un catalejo y una
lupa del tamaño de un tambor, que exhibieron como el último descubrimiento de
los judíos de Ámsterdam. Sentaron a una
joven gitana en un extremo de la aldea e
instalaron el catalejo a la entrada de la carpa.
Mediante el pago de cinco
reales, se asomaban al catalejo y veían a la gitana al alcance de
su mano. “La ciencia ha eliminado las distancias”, pregonaba
Melquíades. “Dentro de poco, el hombre podrá ver lo que ocurre en
cualquier lugar de la tierra, sin moverse de su casa”.
telaraña de las comunicaciones, en donde, ciertamente, la ciencia nos permite
conocer en tiempo real de todo cuanto sucede a nuestros semejantes, dispersos a
lo largo y ancho del globo terráqueo.
avance de la informática, que muchas veces pareciéramos claudicar ante el
espectro de los tanto novedosos cuanto sofisticados sistemas y aparatos
electrónicos de comunicación ingresan al mercado. En efecto, muchos
compatriotas pertenecientes a
generaciones con edades superiores a
cuarenta años, confrontan dificultades en el dominio de herramientas
informáticas. Y estar a la zaga en este novedoso tema, tanto en el campo
comercial como laboral, y en la interacción misma con nuestros semejantes,
inevitablemente hace que se pierda en competitividad y se obstaculice ese afán
y necesidad de interactuar y compartir vivencias.
del sistema, no todos sus contenidos son aceptables. En el caso particular de las tan utilizadas redes
sociales, mucho de cuanto se capitaliza
en la gestión del conocimiento y
actualización, se disipa en pérdida de la ansiada privacidad, por lo intruso y
aparente vulnerabilidad del sistema. No obstante, el medio facilita la comunicación
inmediata; entre otros asuntos, para comentar sucesos cotidianos, recordar y compartir anécdotas e imágenes,
opinar sobre algunas frivolidades o
exponer detalles de estados de ánimo no solicitados. Casi siempre se lucen las
mejores galas presentes o pasadas, y se convierte en el mecanismo expedito para socializar la supuesta prosperidad que la
condición humana permite expresar. Lo impropio es el fantasma de los detestables
y omnipresentes hackers. En todo caso, explorar el muro es internarse en una
aventura de sorpresa y novedad.
de Melquíades; uno de los muchos
usuarios del moderno catalejo lo constituye
el mismísimo Sumo Pontífice, quien
ya es un adelantado “tuitero”, con algo más de dos millones de
seguidores, a un mes escaso de su debut en la red. Es decir, desde su cómoda
poltrona papal puede permitirse el lujo de trinar sobre lo divino y humano,
acudiendo al método más actual,
sofisticado y oportuno posible; sin tener, para ello, que desplazarse
personalmente a visitar los más remotos rincones del mundo y comprobar la
prevalencia de la miseria e injusticia
terrenales.
presidente Uribe para pontificar cualquier suceso político o económico y endosar
la causa de todos los males al actual mandatario e ignorar sistemáticamente los
suyos.
contestatario Petro, intentando convencer a sus súbditos que el colosal tarro
de la basura está medio vacío, en tanto sus opositores aseveran que el tarro está medio lleno y
putrefacto.
en nuestra hermana Venezuela.
tradicionales festividades – por cierto, con menos brillo y entusiasmo que otras
anteriores-, las Tics obvian el
despacho, vía Adpostal, de las engorrosas y anacrónicas tarjetas de navidad que
antaño adornaban, como rectangulares
guirnaldas de papel, los árboles navideños; pero que virtualmente hoy permiten, como en mi caso, expresar mis más fervientes deseos porque la
navidad y el año nuevo sean portadores de alegría y felicidad; por supuesto,
mientras la salud y el bolsillo de mis destinatarios lo posibiliten.
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