Agualongo, valor y orgullo de un pueblo (2da parte)

Por Enrique Herrera Enríquez
Las ciudades confederadas del Valle del Cauca
El día 1 de febrero de 1811, las ciudades
confederadas del Valle del Cauca, lideradas por Joaquín de Caicedo y Cuero, se
manifiestan también a favor de Fernando VII y España
, cuando el Gobernador de
Popayán don Miguel de Tacón creando la “Junta Provisional de Seguridad” los
desconoció, no los tuvo en cuenta dentro de la integración de la junta en
referencia, decidiendo los vallecaucanos conformar su propia Junta para marchar
hacia Popayán en contra del gobernador don Miguel Tacón a quien calificaban de
bonapartista por cierto parentesco familiar de su esposa con Manuel Godoy.

Al conocerse en Pasto los acontecimientos de
Santa Fe de Bogotá y Popayán, las autoridades consideraron oportuno convocar al
pueblo el 7 de marzo de 1811 para integrar las milicias que se apresten a
defender la ciudad de una posible agresión. Agustín Agualongo se hizo presente
y registró su filiación ante la Compañía 3ª a cargo de Blas de la Villota.
«Compañía 3″ de Milicias del cargo de el
Capn. Dn. Blas de la Villota.
Filiación: «Juan Agustín Agualongo, hijo
Legitimo de Gregoria Almeida y de Manuel, natural y vecino de esta ciudad de
Pasto de la Governación de Popayán
; su oficio, pintor al óleo, su edad, más de
veinticinco años; su estado casado, pero divorciado legalmente; su Relign., C.
A. R.; su esta¬tura cinco pies; sus señales, éstas: Pelo y cejas negras.; ojos
pardos; nariz regular; poca barba; algunas cicatrices debajo de los ojos,
semejantes al carate; cari-abultado; color preto bastante abultado el labio
superior; centó pla¬za voluntario, para servir por el tiempo de la voluntad de
Ntro. Soberano, hoy 7 de marzo de 1811 y firma esta su filiación, a presencia
de los dos Sargtos. 1º y 2º de la misma compañía.
«Agustín Agualongo. – José Mariano Maya. –
José Mesías.
 «Apruébase este individuo.
 «Santa Cruz» (8)
Curioso a destacar en el documento anterior es
el estado civil de Agualongo: “casado pero divorciado legalmente”, situación
que está indicando un hecho para tener en cuenta respecto a quien era este
personaje si además de pintor al óleo se había separado con todas las de la ley
de su legitima esposa
en una época nada fácil para tan particular situación.
De igual manera, no podemos pasar por
desapercibido la grafía, el estilo, los rasgos de su firma que denota son
trazados por una persona que tiene preparación académica, que es culto, sabe
leer y escribir, es un artista, un pintor al óleo
.
El tesoro de Tacón
El 28 de marzo de 1811, Miguel Tacón es
derrotado en Palacé por las tropas de las ciudades confederadas del valle del
Cauca
, saliendo en huida para Pasto donde de antemano había enviado un valioso
cargamento de oro consistente en aproximadamente algo más de 413 libras del precioso
metal
que fueron escondidas entre las paredes del templo y convento de Santo
Domingo hoy Cristo Rey en Pasto. Todo bajo la gravedad de juramento de guardar
el secreto. Tras de ese maldito dinero o como se conoce en la historia “el
tesoro de Tacón” vendrán en su momento los ejércitos de Quito, Popayán y Cali
respectivamente.
Estando en Pasto Tacón pretende llevarse el
oro camino del Pacifico buscando salida para España, al no permitírselo el
Cabildo, algo se lleva, pero deja en tremendo encarte a la ciudad y su gente
cuando tanto Quito como Popayán reclaman para si el maldito tesoro. La
incursión de los dos ejércitos no se hace esperar y luego de los preparativos
militares pertinentes se lanzan contra Pasto a combatir a sangre y fuego con
una fuerza de seis mil hombres para atacar por los flancos del sur y del norte,
frente a una población que sumada en su totalidad escasamente llegaba a las
nueve mil personas entre hombres, mujeres, niños y ancianos. Los quiteños
ingresar el 22 de septiembre de 1811, lo hacen a punta de metralla, saqueo y
violencia en busca del codiciado tesoro
, el que finalmente fue encontrado y
llevado a Quito, a costa de cuanto crimen y violencia da el poder de las armas
y, además, tomaron venganza por la derrota del 16 de octubre de 1809 en Chapal
de Funes. El pueblo resistió cuanto pudo, atacando y defendiéndose con valor y
bizarría, destacándose el soldado pintor Agustín Agualongo quien recibió luego
como reconocimiento a su ímpetu guerrero el grado de Cabo Segundo.
Días después del violento saqueo quiteño a
sangre y fuego, ingresan a Pasto las tropas de Joaquín de Caicedo y Cuero que
en su camino para el ataque a esta ciudad, torpe y criminalmente habían
sacrificado a la gente del Patia, incendiándoles y destruyendo el pueblo por
órdenes del Capitán Eusebio Borrero. La ciudad estaba casi desierta, la gente
había huido a refugiarse en los campos, en los bosques, en los sectores
circunvecinos. Solo el paso militar y las descargas de fusilería de los
invasores quiteños y caleños amedrentando al pueblo se escuchaban en sus
solitarias calles retumbando por doquier
. Las puertas y ventanas de las casas
caían bajo la culata y la metralla, dando paso a cuanta iniquidad da el poder
dominante de las armas. Después de un acuerdo con los quiteños éstos
abandonaron la ciudad y Joaquín de Caicedo y Cuero se hizo cargo de la
calamitosa y desastrosa situación en que quedó Pasto. Llamó a la gente buscando
un entendimiento para subsanar el caos y la incertidumbre en que se
encontraban, y cuando consideró oportuno viajó a Quito a reclamar ante las
autoridades de esa ciudad el famoso “tesoro de Tacón”, sin haber logrado su
objetivo por cuanto para ellas, el codiciado botín hacia parte de la guerra
ganada por las tropas quiteñas en Pasto.
El ánimo de la gente en Pasto era de total
incomprensión ante la agresión de que fue objeto por parte de quiteños y
caleños en búsqueda del maldito tesoro que estuvo escondido en sagrado
reciento. No es cierto, entonces, como la historia oficial del país pretende
hacer creer que la gente de Pasto se opuso desde un principio a las ideas de
independencia de España, estas no estaban contempladas ni en las autoridades
que ahora gobernaban a Quito, donde el español Conde Ruiz de Castilla se
encontraba nuevamente como Presidente de la Real Audiencia, ni menos aún de don
Joaquín de Caicedo y Cuero frente a las Ciudades confederadas del Valle del
Cauca quien en todos sus documentos pregona sumisión, vasallaje y
reconocimiento a Fernando VII y a España
, prueba de su conducta monarquista es
la precisión que hace a don Tomas de Santacruz en carta que suscribe desde la
población de La Cruz el 13 septiembre de 1811, cuando le dice: “Yo se bien que
Usted y todo ese honroso vecindario han tomado las armas engañados por la más
vil calumnia, DE QUE NOSOTROS OBRAMOS CONTRA LA RELIGIÓN Y EL REY”.
“Sé que les ha persuadido, que no respetamos
los templos, que hollamos los más sagrados, que pasamos a cuchillo hombres y
mujeres, ancianos y niños; que todo lo talamos y destruimos y que nos complacemos
en la ruina y desolación”.
“SE QUE NOS MARCA CON LA INFAME SEÑAL DE
INSURGENTES Y REVOLUCIONARIOS, CUANDO HACEMOS ALARDE DE SER FIELES VASALLOS DE
FERNANDO SEPTIMO Y DE VENERAR LA SANTA RELIGION QUE PROFESAMOS
…” (9)
En la arenga que pronuncia en la instalación
de la junta extraordinaria de Santiago de Cali del 3 de julio de 1810, que
algunos historiadores equivocadamente consideran de independencia de Cali, don
Joaquín de Caicedo y Cuero dijo entre otras cosas: “Obedezcamos pues el
Tribunal de Regencia, por nuestra libre y espontánea voluntad, por no dividir
la unidad de la nación, por dar este testimonio de nuestra generosidad, de
nuestra unión y amor a los españoles europeos, Y MAS QUE POR OTROS MOTIVOS, POR
HABERSE INVOCADO EL RESPETABLE Y PARA NOSOTROS TAN DULCE NOMBRE DE FERNANDO
SEPTIMO
; pero sea bajo las siguientes precisas condiciones que delante de Dios
pretexto me inspiran la Religión Santa de Jesucristo, MI FIDELIDAD A FERNANDO
SEPTIMO, mi amor a la Patria.
Yo, en nombre de Dios, por la Religión Santa
que profesamos, EN EL DE FERNANDO SEPTIMO, POR LA FIDELIDAD QUE LE DEBEMOS, y
en el de la Patria, cuya tranquilidad hemos de defender a sangre y fuego
,
exhorto a todos los señores que se han reunido en este lugar a que con sus
talentos, sus luces, su doctrina, su prudencia, dirijan los pasos de este
ilustre Cuerpo, que digna y legalmente representa la Ciudad, y que quiere
asegurar sus deliberaciones y acuerdos oyendo no solo al personero público, que
con el mayor entusiasmo y ardor patriótico ha explicado sus sentimientos, sino
a todos los señores que se hallan presentes y cuya voz es tan respetable en el
Pueblo…”.(10)
Por estas y muchas razones, el historiador
vallecaucano Germán Patiño Ossa, al hablar de don Joaquín Caicedo y Cuero es
enfático en manifestar que: “Esta Junta (la de Ciudades Confederadas del Valle
del Cauca) se organizó como gobierno, formó ejercito propio y se ocupó de la
hacienda pública. Su presidente fue Joaquín de Caicedo y Cuero, QUIEN NACIÓ,
VIVIÓ, LUCHÓ Y MURIÓ COMO REALISTA
, hasta donde la documentación permite
conocerlo. No fue mártir de la independencia, ni mucho menos protomártir…”.
La actitud criminal de las tropas caleñas con
el capitán Eusebio Borrero al incendiar el pueblo del Patía camino a Pasto, al
igual que el fusilamiento en El Tambo (Cauca) del sacerdote José María Morcillo
por órdenes de la Junta de Popayán, hizo que los patianos llegaran poco tiempo
después a Pasto y encontraran respaldo en su acción militar para deponer a
Caicedo y Cuero
y someter a su tropa que si bien no habían actuado con la
agresividad de los quiteños eran invasores en Pasto y como tal no gozaban de la
voluntad de la gente. Estando éstos últimos presos en Pasto ingresa en el
panorama histórico de esta ciudad, el norteamericano Alejandro Macaulay quien
sin habérselo esperado es comisionado en Popayán para que marche a Pasto en
procura de conseguir la libertad para Caicedo y su tropa.
Alejandro Macaulay estaba en Popayán de paso
para Quito, donde pretendía encontrarse con su novia, su prometida, Claudina la
hija de don Toribio Montes, Presidente de la Real Audiencia de Quito. Dice el
historiador José Manuel Restrepo que Macaulay llegó de manera providencial a
Popayán cuando ésta ciudad estaba siendo atacada por los patianos como consecuencia
del incendio de que fueron objeto por parte de las tropas de Joaquín de Caicedo
y Cuero
a su paso para someter a Pasto en búsqueda del “tesoro de Tacón”. Sin
proponérselo fue designado como coronel del Ejército y como tal tenía la misión
de marchar con un contingente militar a Pasto para conseguir de ser necesario a
sangre y fuego la libertad del presidente de las ciudades Confederadas del
Valle del Cauca y un grupo de soldados que estaban prisioneros en la referida
ciudad.
El Supremo Gobierno de la Provincia de Popayán
que había asumido en ausencia del titular Caicedo y Cuero, se pronunció así en
contra de Pasto, el 4 de julio de 1812: “La ruina de Pasto ha llegado y esa
ciudad infame y criminal va a ser reducida a cenizas
“No hay remedio: un pueblo estúpido, perjuro e
ingrato que ha roto los pactos y convenciones políticas y que con la más negra
perfidia ha cometido el horrible atentado de hacer prisionero al Presidente de
este Gobierno, después de que enjugó sus lágrimas y le levantó de la desgracia
en los días de sus amarguras, debe ser, como el Pueblo Judío, entregado al
saqueo y a las llamas. Tiemble, pues, la ingrata Pasto que ha hecho causa común
con los asesinos y ladrones de Patia
, y tiemblen esos hombres de escoria y de
oprobio que se han erigido en cabeza de la insurrección de los pueblos. Una
fuerza poderosa, terrible, destructora y hábilmente dirigida va a caer sobre
esa ciudad inicua”.
“Ella será la victima del furor de un Reino
entero, puesto en la actitud de vengarse y aniquilarla”.
Las tropas belicosas de las Provincia
Confederadas de la Nueva Granada reducirán a pavesas a Pasto
y solo podrán
evitar su irremediable destrucción poniendo inmediatamente en libertad las
personas del Presidente, Oficiales y Soldados, pérfidamente sorprendidos, y
entregando todas las armas”.
“Decídase, pues, ese Ayuntamiento: esta es la
primera y última intimación que le hace este gobierno, justamente irritado, de
la Provincia de Popayán” (11)
Este lenguaje nada cordial, menos diplomático,
absolutamente guerrerista, insultante y oprobioso con que se manifiesta el
Supremo Gobierno de Popayán, encuentra digna respuesta en contestación del
Cabildo de Pasto cuando en oficio del 20 de julio de 1812, dice: “Ha recibido
este Ayuntamiento el oficio de la Junta Superior de esa ciudad, concebido en
términos poco equitativos y conciliadores de paz que todos deseamos
”.
“No ha reflexionado esa Junta que el tratar de
perjura a esta ciudad es renovar la llaga con que ésta está lastimada”.
“Si en términos decentes y decorosos se trata
de ajuste y reconciliación, no se hará sordo este Cabildo a las voces de la
razón y justicia, así como no lo ha estado a las de la humanidad
, cooperando
eficazmente a la conservación y asistencia cómoda de los principales
prisioneros que con las armas en la mano y exponiendo sus vidas hicieron los
patianos, proclamando nuestro jurado Soberano y estableciendo en lo posible el
antiguo gobierno en que nacieron nuestro padres y nosotros y con que vivieron y
vivimos en paz, sin efusión de sangre, sin robos sin los males que a todos nos
inundan..” (12)
El norteamericano Alejandro Macaulay,
ascendido sin mérito alguno al grado de coronel con el flamante título de
“Ayudante e Inspector General de las armas de la Provincia”, retoma el lenguaje
amenazante con que se manifestara el Supremo Gobierno de Popayán, y dice en un
primer comunicado con fecha 17 de julio de 1812: “Si se me dispara un solo
fusilazo en el transito, Pasto pagará sus crímenes desapareciendo de la
tierra…No quedará hombre vivo desde el Guáytara hasta el Juanambú
; el fuego
consumirá sus edificios y propiedades; las futuras generaciones admiraran en
sus ruinas y escombros un castigo proporcional a su delitos”. El Cabildo de
Pasto da respuesta de manera mesurada: “Cuando las condiciones que se proponga
vengan desnudas de fanfarronada y terrorismo y sean conformes a la equidad, al
derecho de gentes y a evitar la efusión de sangre
, este cabildo sabrá oírlas y
sabrá proponer los medios conciliadores, así como ha sabido cooperar
eficazmente a la conservación de los presos, para que no sean insultados ni
tratados como usted amenaza a esta ciudad”.(13)
Días después, el aventurero norteamericano
enamorado, estando en los Ejidos de Pasto reafirma su disposición belicista
cuando afirma: “No tocando a nuestras facultades el entrar en capitulaciones,
libre que sea el presidente, oficialidad y tropas y también los demás sujetos
que están presos, podrán ustedes con él acordar la condiciones y términos que
su persona, discernimiento y rango en que está colocado puede verificar,
teniendo entendido que dado principio al asalto, nadie podrá contener lo que se
haga, ni atajar las consecuencias lastimosas que sobrevengan”. Los cabildantes,
no se amilanan y responden: “Nuestros mayores ignoraron esta decantada
felicidad y nosotros sostendremos el antiguo gobierno, hasta que deje de
existir el último hombre de esta ciudad
”. (14)
Si existiese duda respecto al fervor
monarquista de Macaulay, observemos el planteamiento que hace el 11 de agosto
de 1812 al cabildo de Pasto: “Pero si debo manifestar a Usía, con la franqueza
propia de mi carácter, que cuando ahora se dirigen las de esa ciudad (se
refiere a las armas) contra la expedición del Norte, y cuando se han repetido
tantos actos de hostilidad, yo, a pesar de los sentimientos de humanidad que me
animan, entraré inmediatamente en nueva lucha y entonces Usía RESPONDERÁ A
DIOS, AL REY, y a la Patria, de la sangre que se derramare y de las espantosas
consecuencias que serán efectos de la más ciega obstinación
…” (15)
El norteamericano Macaulay no estaba en contra
del monarca español, pero quería a todo trance pasar a como dé lugar a Quito
donde estaba el amor de su vida, Claudina Montes, verdadero objeto de su
presencia en estos lares.
Atendiendo la voz de la razón se integra en
Pasto una comisión para entrar en diálogos que beneficien a las partes,
figurando como integrante de ella el propio Joaquín de Caicedo y Cuero,
llegándose a un general acuerdo de hacer entrega formal de los prisioneros que
se encontraban en Pasto
y regresar con ellos a Popayán. Algo más de seiscientos
prisioneros era para la ciudad una gran carga que alimentar y poder suplir las
necesidades que éstos tenían. Macaulay aceptó y firmó en principio el acuerdo
pero no lo cumplió, aun teniendo en cuenta que Caicedo y Cuero pidió una
escolta para continuar a Popayán y el norteamericano no accedió a esa
propuesta. Pretendiendo el aventurero norteamericano nuevamente amedrentar a
sus contrincantes les dice: “hoy ocupo un punto ventajoso y me será muy fácil
entrar por asalto en la ciudad y reducirla a cenizas. ¡Qué cuadro tan
horroroso! Yo me estremezco; pero no habiendo otro arbitrio, así lo ejecutaré
con el mayor dolor de mi corazón…Si estas reflexiones no son bastantes para
convencer a usía, tiemble de las consecuencias que inmediatamente van a
originarse, de la sangre que derramaré y de la desolación que se le espera”
El Ayuntamiento de Pasto que sabe en lo que
está, responde: “Dios, a cuya vista está presente la sinceridad con que este
cabildo ha procedido, y que ve el fondo de las más ocultas intenciones de Usted
y su tropa, hará justicia a todos en esta vida y en la otra. Sin embargo, para
dar a usted esta contestación, ha tenido este ilustre Ayuntamiento que tocar
con la oficialidad y tropas de la ciudad, sin cuyo consentimiento nada puede
hacer por si solo, y han resuelto esperar a usted y quedar sepultados bajo las
ruinas de su patria con el consuelo y la gloria de haber sido hombres de su
palabra, incapaces de felonía
”. (16)
Desesperado Macaulay por cuanto comprende que
se encuentra frente a un pueblo que no tiene ni demuestra temor alguno y son
valientes hasta la temeraridad
, y además, tiene él a su cargo el grave problema
de atender las necesidades de una tropa que ahora se agrandó con el grupo de
prisioneros que recibió de la gente de Pasto, decide enviar un nuevo oficio
amenazante al cabildo donde lo responsabiliza del sacrificio que pretende hacer
del pueblo de Pasto si no se accede a sus peticiones, situación que tiene como
respuesta una tajante frase de los cabildantes: “si es amigo de sangre, verá la
que correrá cuando llegué a esta ciudad”.
Confiado en tener mejor suerte si logra pasar
de Pasto hacia el sur en busca de su furtivo amor en Quito, responsable de la
suerte de sus compañeros, Macaulay da la orden de marchar subrepticiamente por
los contornos de la ciudad tomando entre otras precauciones la de cubrir los
cascos de las bestias con trapos disque para que no lo sientan y delaten,
siendo a pesar de todo descubierto su movimiento por la gente de Chapal que de
inmediato informó y se preparó para detener la incursión. Ocho horas gastó en
escasos siete kilómetros hasta llegar a Catambuco donde el 13 de agosto de 1812
se presenta el combate en que finalmente es derrotado Macaulay
, quien sale
huyendo precipitadamente a Buesaco, dejando a Caicedo y Cuero y el resto de la
tropa en desbandada. Doscientos hombres entre heridos y muertos y más de
cuatrocientos prisioneros de parte de los caleños es el saldo que deja el
enfrentamiento, entre ellos toda la oficialidad y Joaquín de Caicedo y Cuero.
En este combate Agustín Agualongo es ascendido a Sargento Segundo, al
destacarse en cada uno de los frentes que tuvo que afrontar.
Macaulay quien luego de ser cogido prisionero
en Buesaco, cuando huía del conflicto que el creara, es traído a Pasto, fue
juzgado y condenado conjuntamente con Joaquín de Caicedo y Cuero, siendo
fusilados cinco meses después con diez más de sus soldados. Macaulay, aún
cuando declaró que era católico, apostólico y romano, quedaba duda para la
gente de Pasto si decía o no la verdad, razón por la cual se ordenó enterrar su
cuerpo en el umbral de la puerta de entrada del templo de San Agustín, en tanto
a Caicedo y Cuero se sepultó en el interior del templo de La Merced.

Continuará……..

Author: Miguel Cordoba

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