Anatomía del poder en Colombia: los hilos que conectan a las élites

Capitolio Nacional de Colombia
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Una investigación de Jenny Pearce y Juan David Velasco identificó a 1.281 personas y 112 familias que integraron las élites colombianas entre 1991 y 2022. El estudio plantea que el poder no está concentrado en un solo grupo, sino distribuido en distintas “constelaciones” políticas, económicas, judiciales y tecnocráticas.


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La pregunta parece tener una respuesta sencilla: el presidente, el Congreso, las altas cortes o los grandes empresarios. Sin embargo, una investigación de la académica Jenny Pearce, del London School of Economics, y el politólogo Juan David Velasco, de la Universidad Javeriana, propone mirar más allá de los cargos visibles.

Su estudio “Élites, poder y principios de dominación en Colombia (1991-2022)” identificó a 1.281 personas y 112 familias que, de acuerdo con la metodología utilizada, integraron las élites con capacidad de incidir en las principales decisiones del Estado y la economía durante las últimas tres décadas. Los autores estimaron que ese grupo equivalía al 0,02 % de la población.

La investigación no plantea que esas 1.281 personas formen un grupo homogéneo que actúe siempre de manera coordinada. Por el contrario, utiliza el concepto de “constelaciones de élites” para explicar que existen diferentes grupos de poder que pueden cooperar, competir o enfrentarse entre sí.

Cuatro espacios donde se concentra el poder

El estudio identifica cuatro grandes constelaciones: política, económica, judicial y tecnocrática.

La élite política estaba integrada por 771 personas que ocuparon cargos de alta jerarquía en el Ejecutivo, el Legislativo y organismos de control.

La élite judicial comprendía 360 personas, entre fiscales generales y magistrados de las principales altas cortes y de la JEP.

La élite tecnocrática estaba conformada por 49 personas que ocuparon cargos como el Ministerio de Hacienda, la dirección del Departamento Nacional de Planeación y posiciones directivas en el Banco de la República.

En el ámbito económico, los investigadores identificaron 46 personas pertenecientes a la llamada élite oligárquica, vinculadas con la propiedad o control de grandes conglomerados empresariales, además de 76 dirigentes gremiales.

El dato resulta relevante porque permite observar que el poder económico no necesariamente necesita ocupar directamente un cargo público para influir en las decisiones nacionales.

Un poder que no se mueve demasiado entre sectores

Uno de los hallazgos más llamativos es la escasa circulación de personas entre las diferentes constelaciones.

Según los investigadores, apenas 29 personas, equivalentes al 2 %, transitaron entre diferentes campos de poder. La denominada “puerta giratoria” sería, por tanto, mucho más limitada entre sectores de lo que suele suponerse.

La explicación propuesta es la existencia de espacios relativamente especializados: quienes pertenecen a la élite judicial tienden a permanecer en ese campo; los políticos se mueven principalmente entre Congreso, ministerios, gobernaciones y organismos de control; y la élite económica mantiene su posición a partir del control del capital.

Esto no significa que no existan relaciones entre esos sectores. Significa que la conexión puede producirse mediante redes, familias, instituciones y relaciones sociales sin que necesariamente una misma persona ocupe cargos en todos los campos.

Seis principios que, según la investigación, han sostenido el sistema

Pearce y Velasco identifican seis principios históricos de dominación que, con transformaciones y momentos de ruptura, han marcado el funcionamiento de las élites colombianas.

1. El poder militar bajo control civil

La investigación señala como uno de esos principios la subordinación de las Fuerzas Militares al poder civil.

Los autores ubican antecedentes de esta tradición desde los primeros años de la República y destacan su consolidación durante el Frente Nacional y la llamada doctrina Lleras. La Constitución de 1991 establece, además, que la Fuerza Pública no es deliberante.

Los investigadores también describen una separación social entre las élites civiles y los oficiales militares: diferentes espacios educativos, clubes y redes sociales.

2. La mirada hacia Estados Unidos

Otro principio identificado es la orientación histórica de la política exterior colombiana hacia Estados Unidos, resumida en la expresión “réspice polum”, mirar hacia el norte.

Los investigadores ubican uno de sus antecedentes en el Tratado Urrutia-Thompson de 1914 y posteriormente analizan episodios como la participación colombiana en la Guerra de Corea, el Plan Colombia y la relación estratégica con Estados Unidos.

La investigación también reconoce que hubo momentos de tensión o distanciamiento, por lo que no presenta esta orientación como absolutamente invariable.

3. La defensa de la propiedad privada

El tercer principio está relacionado con la propiedad de la tierra y las dificultades históricas para implementar reformas agrarias de carácter redistributivo.

El estudio sostiene que diferentes intentos reformistas posteriores a los gobiernos de López Pumarejo, Lleras Camargo y Lleras Restrepo enfrentaron fuertes obstáculos. También analiza las dificultades para materializar el primer punto del Acuerdo de Paz de 2016.

Los investigadores incluso incluyen como ejemplo el compromiso firmado ante notaría por Gustavo Petro durante la campaña presidencial de 2022, relacionado con la no expropiación.

4. El clientelismo como mecanismo de intercambio

Para los autores, el clientelismo constituye otro de los principios de dominación.

Su argumento es que las relaciones políticas colombianas han funcionado históricamente mediante intercambios entre fidelidades electorales y acceso privilegiado a recursos, cargos y bienes públicos.

La investigación identifica diferentes etapas del clientelismo, desde los llamados auxilios parlamentarios hasta modalidades posteriores vinculadas con contratistas e intermediarios privados.

5. Un perfil social determinado

La quinta característica es quizás una de las más visibles: la concentración histórica del poder en hombres blancos, nacidos en la región Andina y educados en universidades privadas de Bogotá.

La investigación señala una marcada concentración regional y educativa de quienes han ocupado los principales cargos del Estado y de la economía. También encontró una fuerte desigualdad de género: de las 1.281 personas identificadas, 1.103 eran hombres y 178 mujeres, es decir, 86 % y 14 %, respectivamente.

6. Democracia electoral, pero conflictos con el Estado de derecho

El sexto principio es particularmente complejo: las élites han mantenido un apego a las elecciones competitivas y a la alternancia en el poder, pero, según los investigadores, también han existido rechazos selectivos a la idea de un Estado de derecho como árbitro imparcial.

La tesis no sostiene que Colombia carezca de democracia electoral. Más bien plantea una tensión entre la existencia de instituciones democráticas y las formas en que determinados grupos buscan conservar o disputar posiciones de poder.

El poder económico también tiene apellidos

El estudio identificó familias relacionadas con algunos de los principales conglomerados empresariales del país.

Entre las estructuras económicas analizadas aparecen grupos como Aval, Empresarial Antioqueño, Bolívar, Santo Domingo, Gilinski y Ardila Lülle, entre otros. Los investigadores también estudiaron la relación entre propiedad empresarial, medios de comunicación y capacidad de influencia sobre la opinión pública.

El estudio identificó, además, 68 familias cuyos integrantes habían permanecido en altos cargos estatales durante las últimas tres décadas.

Aquí aparece una de las claves del concepto de “constelación”: el poder no necesariamente está en una sola institución. Puede encontrarse simultáneamente en una familia, una empresa, un gremio, un partido político, una universidad o una red de relaciones.

¿Un sistema cerrado?

El hallazgo de las 29 personas que circularon entre distintas constelaciones cuestiona una idea frecuente: que las mismas personas pasan permanentemente del sector privado al público y viceversa.

Los investigadores encontraron algo diferente: la especialización de los campos de poder.

Eso no elimina las conexiones. Al contrario, permite formular una pregunta más compleja: ¿cómo se relacionan personas que permanecen en campos diferentes?

La respuesta está en conceptos como capital económico, capital social, capital cultural y capital simbólico, categorías tomadas de la sociología de Pierre Bourdieu y utilizadas por los investigadores para analizar la reproducción del poder.

Petro y la ruptura del patrón tradicional

La investigación publicada en 2022 terminó planteando una pregunta sobre lo que podría significar la llegada de Gustavo Petro a la Presidencia: si un gobierno de izquierda podía alterar los patrones históricos descritos por los investigadores.

Pero el análisis no permite reducir el problema a una confrontación entre “Petro y las élites”. Las élites que identifican Pearce y Velasco son diversas y tienen intereses diferentes.

De hecho, una versión posterior de la investigación, publicada en el libro ¿Quién manda en Colombia? Élites, poder y nación, profundiza en las distintas constelaciones y dedica especial atención a la élite judicial y a sus relaciones con los demás centros de poder.

Esto obliga a mirar el fenómeno con mayor cuidado: cambiar al presidente no significa necesariamente cambiar la estructura completa de poder.

Una precisión importante sobre las cifras

Existe una diferencia entre la investigación de 2022 y la versión publicada posteriormente en forma de libro.

El estudio “Élites, poder y principios de dominación en Colombia (1991-2022)” identificó 1.281 personas y 112 familias.

En cambio, referencias recientes al libro ¿Quién manda en Colombia? Élites, poder y nación hablan de 932 personas pertenecientes a 119 familias, lo que indica que los autores realizaron ajustes metodológicos o de delimitación en la nueva versión.

Por eso, ambas cifras no deberían presentarse como si fueran contradictorias: corresponden a productos de investigación diferentes de los mismos autores.

La pregunta que queda abierta

La importancia de este trabajo no está solamente en saber quiénes ocupan los cargos más importantes de Colombia.

Su aporte principal consiste en cambiar la pregunta.

En lugar de preguntarnos únicamente quién ganó las elecciones, propone preguntar quién tiene los recursos sociales, económicos, culturales y políticos necesarios para influir en las decisiones del Estado y conservar su posición de poder.

Colombia ha cambiado de presidentes, partidos, modelos económicos y discursos políticos. Sin embargo, Pearce y Velasco encuentran continuidades profundas en la composición y reproducción de las élites.

Eso no significa que el poder sea inmutable. Los propios investigadores advierten que los principios de dominación pueden ser disputados y sufrir rupturas.

La verdadera discusión, entonces, no es si existen élites —algo que la investigación da por demostrado—, sino hasta qué punto una democracia puede transformar las estructuras que permiten que unas pocas personas y familias acumulen durante décadas una capacidad desproporcionada para incidir sobre el rumbo de un país.

Y esa es, probablemente, la pregunta más incómoda que deja la anatomía del poder colombiano.

Investigación realizada con Gemini Notebook. Reportaje consolidado con ChatGPT

Fuente: Élites, poder y principios de dominación en Colombia (1991-2022)
Jenny Pearce – Profesora e investigadora Latin America and Caribbean Centre LSE
Juan David Velasco Montoya – Profesor de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales Universidad Javeriana

Foto: Aleteia


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Author: Admin

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