Columna: Desde Nod por Alejandro García Gómez

Ciudades: el conflicto se transforma (4)
Decíamos en el anterior artículo que sólo dar
facilidades para educación, si no forma parte de una gran estrategia, no
llegará a ser una solución efectiva
. Los niños y jóvenes de los barrios
populares no la perciben como un referente de ascenso social y, además, el
posterior acceso a una carrera universitaria la ven casi imposible por las
dificultades que presenta para todo el mundo, más para ellos.
David Turizo,
subdirector de Infancia y Adolescencia del Instituto Colombiano de Bienestar
Familiar (Icbf), asegura que ahora las bandas reclutan a los menores
seduciéndolos con artículos del consumismo (celulares de alta gama, tenis de
marca, etc.) y con prostitución gratuita, atendida por las menores que también
reclutan y que explicaría una parte de los continuos asesinatos de ellas. Turizo aduce que para los menores “la movilización social no es la educación
sino la violencia, y es lo que ellos creen que les da reputación
” (EL MUNDO,
18.I.13). El reclutamiento de menores para la guerra fructifica más que las acciones
para frenarlo. Como señalé en el anterior artículo, si las familias apoyan a
sus hijos para que no entren a formar parte de los “combos” (pandillas
Juveniles) o, peor aún, si las familias los denuncian ante la fuerza pública,
son desterrados en el término de 48 horas; o peor, de una vez aniquilados: “‘lo
grave es que las amenazas y los trasteos están pasando en las narices de la
Policía y nadie hace nada’… afirma un vecino que pidió reservar su nombre por
seguridad” (Ibíd. 19.I.13). Hay quienes temen la delación de las propias
autoridades ante los combos.

El ensañamiento aumenta cada día. En el barrio
Bellavista de San Javier La Loma, Comuna 13, EL MUNDO da cuenta de que 17
viviendas cuyos dueños se desplazaron por temor, se encuentran destruidas. Para
salvar sus vidas, debieron salir a otros sitios a vivir como puedan. “La
destrucción de las casas se hizo para evitar que retornaran las familias que se
fueron”, (22.I.13). Se afirma que la orden para la destrucción de las casas la
dio un joven de 18 años, que quedó al mando de su combo después de que a
finales de diciembre del año pasado asesinaran a su jefe. Estas sucesiones de
mando son lo usual. Una persona asegura al periódico que “varios jóvenes
sacaban tejas y ventanas. El fin de semana llegaron con un camión y subieron lo
que se robaron”. “Jesús Sanchez, Personero Delegado de los Derechos Humanos de
Medellín, explica que es frecuente que en zonas de conflicto, especialmente en
las Comunas 8 y 13, las bandas hagan una amenaza colectiva y luego ocupen y
desvalijen las edificaciones desalojadas” (Ibíd.)
“Jesús Echeverry, personero encargado de
Medellín, asegura que no conoce la supuesta ‘lista negra’… Hasta noviembre
del año pasado (2012), el Ministerio público registró en la Comuna 13, unos
1983 desplazamientos por temor y presión de grupos ilegales” (Ibíd., 19.I.13),
este año aún no hay consolidado.
Casi siempre la Personería de Medellín se
encuentra atestada y difícilmente da abasto. Las filas son tan largas a veces,
que hay personas que, aún si llegan a tempranas horas de la tarde, no alcanzan
ficho
. Deben volver al día siguiente ya que desde las siete y media de la
mañana se reparten. Protestan entre dientes por los nuevos gastos que supone el
volver a hacer otra vez la misma, incierta, “vuelta”. 07.II.13.

Author: Miguel Cordoba

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