Consecuencias de la guerra de los mil días en Ancuya

Rincón literario
Por Irma Zambrano
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La guerra de los mil días fue un conflicto civil en Colombia, disputado entre el 17 de octubre de 1899 y el 21 de noviembre de 1902.

Este movimiento inicialmente encabezado por Rafael Núñez conformado por conservadores y liberales moderados, políticos liberales y conservadores rechazaron medidas que consideraban exageradas por parte del gobierno, además radicales del partido Liberal buscaban formas de llegar al gobierno y otorgar cambios, pero nacionalistas que tenían el gobierno en sus manos disponían de estrategias a favor que podían restringir otros políticos de otros partidos y alejarlos del gobierno.

Fue un conflicto sin límites que dejó un centenar de muertos e incontables niños huérfanos y abandonados como también personas con severas lesiones. Este duro acontecimiento también paralizó la economía y desarrollo del país.

Nuestro municipio fue gravemente golpeado por este conflicto debido a que la alteración del orden público se desarrollaba en la región sur del país, los alcaldes que tuvieron que afrontar la situación fueron los señores Salvador Landázuri y Modesto Portilla y los sacerdotes Arsenio Insuasty y Diositeo Insuasty.

El ejército colombiano reclutaba a los hombres entre 24 y 50 años de edad para que vayan a enfrentar el conflicto, fue así que en Ancuya, sólo quedaron ancianos, mujeres y niños; ya reclutados el ejército los conducía por senderos escarpados hasta llegar a Ipiales, Puerres, Córdoba y otros pueblos del sur de Colombia.

Se cerraron las escuelas y los niños volvieron a sus casas bajo el amparo de sus madres y abuelos; durante los tres años que duró la guerra, la mujer ancuyana luchó con heroísmo para sacar adelante sus hijos.

Los cultivos de caña de azúcar se perdieron porque no había quien trabaje en los trapiches, cultivos de plátano, maqueño, banano y árboles frutales se cubrieron de maleza y se perdieron, sin embargo, los adolescentes se dedicaron al cultivo de maíz, frijol, yuca, batata, arracacha, papasisa, cauchilla, porotos, canchuncho y villano; productos que eran utilizados en la alimentación.

Para la subsistencia machacaban cañas donde obtenían guarapo y así endulzar el café o se mantenían con agua con guarapo y limón, todo el desabastecimiento de alimentos se debía a que el comercio de productos se realizaba con los pueblos del sur y por motivo de la guerra este se paralizó por completo.

Para obtener la sal, las mujeres acudían a un lugar a orillas del rio Guáitara, conocido con el nombre de “Misquio,” donde había una fuente de agua salada, algunas personas realizaban en el lugar el proceso de evaporación hirviendo el agua salada en grandes ollas de barro hasta obtener una mínima cantidad de sal que les alcanzaba para una semana. Las personas que no podían realizar el proceso en el lugar cargaban el agua salada en pondos o calabazos y así almacenar en la casa y poder sazonar los alimentos. El mismo proceso lo realizaban los habitantes del sector sur de Ancuya, quienes se trasladaban hasta la quebrada el Salado y poder conseguir la sal.

Los niños de ese tiempo no conocieron el arroz, se alimentaron con sopa de maíz a la que le agregaban trozos de maqueño y hojas de ají, comían seco de flor de plátano al que lo denominaban yuyo, guiso de verdolaga, flor de la cabuya y pepas de nogal.

Para las curaciones se practicó la medicina ancestral a través de plantas nativas de la región, quienes debían curar a los soldados que llegaban heridos y enfermos por las largas travesías que les tocaba cruzar.

La mayoría de personas del sector rural permanecían semidesnudos ante la escasez de ropa.

Al ejército se lo conocía como la “Tropa” cuando andaba por las zonas rurales éstos abusaban de las mujeres en presencia de los niños y se llevaban los animales que tenían en la casa, el objetivo de la presencia militar era buscar a los hombres para incorporarlos a las filas de la guerra.

En este artículo cabe destacar la historia de una familia que sufrió los rigores de la guerra; tres jóvenes lograron huir a la Tropa y se internaron a orillas de una quebrada escondidos en una cueva, las mujeres en medio de la ropa que iban a lavar a la quebrada les llevaban alimentos para que puedan sobrevivir.

La Tropa se percató de la situación y fueron capturados y llevados a pie hasta la zona sur de Colombia para enfrentar la guerra.

Dos de estos estos señores retornaron a su pueblo y uno de ellos había perdido un ojo, un brazo y con lesión en una pierna, los relatos eran desgarradores, los muertos quedaban tendidos en los campos de batalla y eran devorados por los buitres y los heridos quedaban a la suerte y a lo que el destino les tenga deparado.

Ante la ausencia de medios de comunicación los familiares los daban ya por perdidos, después de haber terminado la guerra muchos regresaron mutilados en busca de sus familiares, pero ya no los encontraban porque habían emigrado a otros lugares.

Uno de los excombatientes  que regresó a Ancuya,  ya no encontró a su esposa ni a su hija, ellas creyendo que su esposo había muerto se fueron a trabajar a otro pueblo como sirvientas.

Al no tener noticias de su familia los dos hermanos sobrevivientes de la guerra de los mil días, emprendieron un nuevo rumbo y se trasladaron, el uno hasta Popayán y el otro se radicó en la Florida, donde formarían nuevos hogares y por los apellidos existentes en esos lugares se puede deducir que son de raíces ancuyanas.

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Author: Miguel Cordoba

1 thought on “Consecuencias de la guerra de los mil días en Ancuya

  1. Que relato tan bonito pero doloroso que nos hace la señora Irma Zambrano sobre la guerra de los mil días, donde la deuda del estado aún sigue vigente y esa herencia de la muerte aún no cesa

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