Cuando los perros hablen

Por Pablo
Emilio Obando A.
Gratamente nos
ha sorprendido el escritor, compositor y poeta Álvaro Martínez Betancourt con
su texto “Cuando los perros hablen”, una bella y magnifica “selección de
cuentos y relatos compulsivos”
. En él encontramos variados y diferentes temas
que “son expresión del viejo grito contra la violencia partidista, casi como
una apelación de conciencia de su niñez, desarrollada en un medio agreste y
difícil, recopila además vivencias de la vida cotidiana y citadina, la pobreza
en los campos, los enfermos mal atendidos en los hospitales, pasajes
periodísticos, el tumulto de gente sin destino, es todo un deambular por el
acontecer humano, su psicología, sus derrotas y sus glorias, exuberantes de
fantasía, humor, sentencia y suspenso, en un juego verbal de magnífica
estructura…”.
“Cuando los
perros hablen” recopila 16 narraciones que enmarcan las vivencias de nuestros
pueblos y su gente.  Inicia con  “El señor de la bufanda blanca”, contada y
vivenciada desde Guanamita, cuando no había energía eléctrica y el brillo de la
luna  acechaba a los bohemios en su
deambular constante y nostálgico. 
Recorre el autor los días de violencia, de muerte, de desplazamiento en
manos y recuerdos de un viejo que al vaivén de sus pensamientos
y unos buenos
guarapos trae a su mente la vida en su pueblo, sus amigos, sus parientes, sus
canciones y todas las angustias que se despiertan en una alma que se atreve a
hablar consigo mismo, con sus sombras y sus pesares.  Guanamita nos recuerda a Comala por cuanto
ambos pueblos encierran el eco de palabras idas, muertas y desaparecidas, pero
que cada día se dejan oír en el sentimiento de cada uno de sus protagonistas.
Encontramos en
este texto narraciones como “La loma de oro”, “Chantaje burlón”, “La
compuerta”, “Voces de la casona”, “Vivencias del autor”, “las cabriolas de un
gol”, “Plumas en el estanque” entre otros, permitiéndonos conocer de cerca y de
primera mano vivencias y recuerdos del autor, días de niñez,  instantes de adolescencia y angustias de un
adulto que necesita realizar un balance de lo vivido para procesar la catarsis
de sus propias angustias, anhelos y temores
.
Nos hacía falta
un texto como “Cuando los perro hablen” por cuanto hace muchos siglos nos
encontramos huérfanos de nuestras propias historias, de mitos y cuentos que
habitaron a nuestros abuelos
y con ellos se enterraron para dejarnos una vaga y
leve percepción de que algún día habitaron entre nuestros montes y en nuestros
pueblos, forrados de follaje, vestido del verde paisaje que sucumbió ante el
embiste de la energía eléctrica, los vehículos, las grandes autopistas o el
simple y llano olvido de los hombres. 

En
sus páginas encontramos la historia que siempre escuchamos aún sin haberla oído
de primera mano
, pero que escondida y temerosa, quería salir a los caminos para
encontrar aquellos paisajes y parajes que enmarcan su presencia. 

Sin duda alguna que más que un texto
netamente narrativo es la premonición de aquello que fuimos
y aquello en que
nos convertimos mientras hombres, mujeres, niños y bestias inundaban los
polvorientos caminos en busca de una paz que les era siempre esquiva entre las
grandes urbes, pero que se ofrecía insistentemente a aquellos seres que huían
para rescatar la única posibilidad de existencia y esperanza.

La virtud del
autor consiste en hacernos vivir y sentir sus propias experiencias, sus
vivencias y sus nostalgias pues su palabra es sonora y cargada de efluvios
preñados de olores y sensaciones. Grato recordar al abuelo contando sus
historias, su ruana portadora de instantes de eternidad, sus palabras colmadas
de recuerdos y expectativas

Y también
la nostalgia de la transformación de los hombres y de los pueblos que
persiguiendo una civilización y un progreso sepultan en su intento la única
eternidad posible: la memoria de los días, de los vividos, de los soñados, de
los acariciados al son de una canción mientras por la garganta corre el sabor
de la panela en el sonoro guarapo que nos hizo hombres
y nos permitió tocar de
cerca la eternidad.

Hermoso y
sentido texto el de Álvaro Martínez Betancourt, digno de leerse y
compartir. “Cuando los perros hablen” no
puede faltar en las bibliotecas personales y su lectura debe promoverse en
instituciones educativas para así recuperar esa memoria que con el tiempo hemos
perdido
.  Felicitaciones a su autor y
gracias por permitirnos su grata y agradable lectura.

Este es un espacio de opinión destinado a
columnistas, blogueros, comunidades y similares. Las opiniones aquí expresadas
pertenecen exclusivamente a los autores que ocupan los espacios destinados a
este fin por el blog Informativo del Guaico y no reflejan la opinión o posición
de este medio digital.

Author: Miguel Cordoba

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