Cultura masoquista

Endulzando las
palabras
Por Iván
Antonio Jurado Cortés
Es una lástima
que un derecho fundamental de los colombianos se haya politizado hasta el punto
de ser aprovechado miserablemente por algunos seudolíderes para protagonizar
acciones que en nada contribuyen a saciar la urgente necesidad que tiene el
pueblo, cesar la violencia. Colombia es uno de los pocos países en el mundo que
ha tenido que convivir con un conflicto interno por décadas, siendo
responsables los gobiernos de turno que nunca tomaron con seriedad este
problema; incluso algunos desconocieron que en la tierra del ‘Corazón de Jesús’
existiese lucha armada
.

Desde la década
de los 60 cuando se crearon las primeras guerrillas incluida la más poderosa
militar y políticamente como las Farc E.P., también nació la solicitud de los
directamente afectados para que el Estado tomará cartas en el asunto.
Desafortunadamente este clamor ha caído en saco roto, engendrándose una
desesperanza con el paso del tiempo, transformándose sutilmente en una cultura
masoquista
, donde la misma guerra se ha considerado necesaria para el diario
vivir.
El caso de la
desmovilización de la guerrilla del M-19 hace aproximadamente 26 años, nos dejó
una gran experiencia, siendo la nueva constitución, el mayor logro, permitiendo
por primera vez la participación política de millones de colombianos que nunca
tuvieron el espacio para reflejarse ante el Estado
. Sin embargo, así como la
UP, al final sistemáticamente muchos fueron exterminados, y otro tanto
sometidos a la flagelación sociopolítica por parte de las elites gobiernistas,
que piensan que Colombia es una finca y debe ser gobernada exclusivamente con
patrones de apellidos añejos.
La esperanza de
que se lleven a práctica los acuerdos de La Habana, es la petición de millones
de compatriotas víctimas de una fratricida cacería humana, que por años hurtó
la alegría de los más vulnerables, una razón para que este conflicto haya sido
visto de reojo, nunca cobró la importancia que debiera tener. Solo fue visible
cuando las víctimas eran funcionarios de alto nivel. Es tanta la impotencia del
pueblo y el egoísmo de los mismos connacionales, que la culminación de un
enfrentamiento sangriento se encuentre en tela de juicio. Más desafiante y
espeluznante que sea el padecimiento ajeno, el caballo de batalla de políticos
mezquinos, ufanados de ser voceros y redentores de unas víctimas que desean
conocer la verdad, justicia y reparación
.
Es una
vergüenza mundial que un acuerdo para la reconciliación y cese del fuego, sea
polemizado hasta el colmo de oponerse rotundamente que se cumpla. Más ridículo
aun, que quienes se oponen sean personas con tantos cuestionamientos éticos,
legales y judiciales. El plebiscito de este domingo votado afirmativamente es
trascendental para el bienestar y desarrollo de las comunidades
, especialmente
las rurales que han sufrido en carne propia los rigores de la crueldad humana.
Es imperativo reflexionar y entender que al votar NO simplemente se está
aceptando el conflicto armado como la mejor solución, y de paso demostrándole a
la sociedad mundial un masoquismo indiscutible.
Las verdaderas
víctimas del conflicto nos han enseñado en medio de su dolor, que la violencia
no es una salida racional; al contrario, ellas manifiestan que la oportunidad
es buscar el sendero de la reconciliación a través del dialogo. Una completa
paradoja: las personas más lastimadas por la guerra son las entusiastas en
buscar la pacificación
, mientras que personajes con discursos y argumentos
infundados se jactan de ser salvadores de una causa perdida.
Los acuerdos
pactados entre gobierno y guerrilla, han servido de vitrina para que el pueblo
observe el pensamiento e intenciones de los políticos autoproclamados
‘redentores de Colombia’. Entendiéndose como político el encargado de la
organización de las sociedades humanas, su bienestar y buen vivir
. Es
inconcebible con el respeto de las víctimas, que parlanchines con título de
políticos pregonen una supuesta angustia en favor de las comunidades afectadas,
sabiendo que ellos han sido en gran medida causantes de estos sucesos.
El próximo
domingo la ciudadanía debe decidir por su propio bienestar y no por el de unos
oligarcas aprovechados de la ingenuidad nacional
, para saciar sus apetitos
mercantiles y caudillistas. Absolutamente ninguna persona con uso de razón,
puede estar de acuerdo que el sonar de un fusil sea mejor que el ritmo de una
gaita. Es indispensable romper el paradigma del masoquismo politiquero y
abrirse paso a una oportunidad que sin titubeos será mucho mejor que la actual.
La paz es una necesidad de este país. No queda otra alternativa.

Domingo, 25 de septiembre de 2016

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Author: Miguel Cordoba

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