El avión perdido de Avianca

Por Jorge Dueñas Romo
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Mientras culminaba la lectura del libro “Vuelo 19” del español José Antonio Ponseti, el cual a través de una narración muy bien documentada cuenta la historia de la misteriosa perdida de varios aviones pertenecientes al ejército estadounidense en el triángulo de las bermudas, me encontré por casualidad con el relato de un avión perdido, pero este en tierras nariñenses. Se trata del avión HK-161, trayecto Bogotá-Pasto perteneciente a Avianca y cuya tragedia se vio rodeada de una serie de eventos tan particulares como vergonzosos. 

El vuelo partió de Bogotá a las 8:12 del 24 de diciembre de 1966, era un avión DC-47A-80 DL Tuvo como último contacto de radio las 9:20 am. con el controlador de Cali, el vuelo debía llegar a Pasto a las 10:17 del 24 de diciembre. Media hora después se iniciaron labores de búsqueda del avión con sus 29 pasajeros, que se vieron truncadas por el mal tiempo que hacía en la zona, la búsqueda se centró en lugares cercanos a Santander de Quilichao pues fue el último sitio desde donde se recibió señal. En medio de toda la inquietud los rumores aparecieron y se empezó a comentar que el avión había logrado aterrizar en las montañas del Cauca y sus pasajeros estaban ilesos, lo que generaba más dudas y esperanza a los familiares de los pasajeros, en su mayoría de Pasto y Nariño. Fue una navidad oscura para Pasto bajo el vilo de lo que pudo sucederle al Avión HK-161. Lo que viene a continuación es lo que hace particular al suceso, podría llamarse una jugadilla de la siempre benévola Avianca con ayuda de cierto cura católico muy renombrado en años anteriores en la capital Nariñense.

De repente fue noticia que el avión había sido encontrado siniestrado y con todos los cuerpos despedazados, incinerados y por consiguiente irreconocibles. Por medio del cura Jaime Álvarez se organizó toda la parafernalia para darles cristiana sepultura, la ciudad se preparó para el recibimiento de los cadáveres que venían en caravana por la antigua salida al norte, las personas se alistaron al lado y lado de la calle esperando el paso de la caravana fúnebre, expresando así su apoyo ante la tragedia. El padre Jaime Álvarez presidió la misa y posterior traslado de los féretros al camposanto para ser enterrados y así se dio. No se permitió en ningún momento abrir los ataúdes a los familiares con el pretexto de que se encontraban calcinados y en condiciones no aptas.

Sin embargo, todo daría un giro inesperado cuando varios días después del siniestro, un campesino del municipio de la Cruz de nombre Jesús Gallardo realizando labores propias del campo encontró los verdaderos restos del avión perdido en el Cerro de las Ánimas, cerca de Tajumbina. Así procedió a informar a las autoridades, destacándose en este punto el reconocido periodista nacido en Medellín, Antonio Terry Gallego quien dudo siempre de la información dada por Avianca y el cura Álvarez y que llevó al mencionado sepelio ficticio. Ahora, ¿qué pasó? si ya las víctimas del accidente habían sido enterradas, si ya todo el país pensó que la tragedia había finalizado.

Bueno, resulta que el cura Álvarez, reconocido por su inmensa ambición, después de mediar acuerdo con Avianca a cambio de alguna dadiva económica, se dispuso a organizar toda la novela que implicó engañar a la ciudad con una ceremonia y entierros falsos, lo que se mostró a la comunidad no fueron más que cajas llenas de piedra y tierra, por esa razón no se permitió a nadie abrirlas. Y el motivo para la ejecución de este repudiable acto no fue otro que Avianca no quiso seguir costeando los gastos que implicaba mantener la búsqueda del Avión desaparecido.   Al saberse la noticia, el municipio de la cruz se llenó de reporteros de todo el país y organismos de rescate, aviones y helicópteros pasaban continuamente en un episodio de dimensiones no conocidas anteriormente ese ese municipio del norte de Nariño. Finalmente se logró recuperar los cuerpos de las víctimas en su mayoría de Pasto y otras regiones del departamento y cumplir con las respectivas exequias.

Aquí dejo el enlace del reporte del accidente y todas las características: 

https://aviation-safety.net/database/record.php?id=19661224-2&lang=es&fbclid=IwAR0NPgovsSVdvzKJtQETwC-fM1iyKyOS0KpuASA8FOA2_jc_DgGFZzIhheY

Entre tanto, en la ciudad que había estado en vilo y consternada durante todo ese tiempo se entonaba el estribillo que decía “y cuando el pastuso llora es por un avión perdido, es por un avión perdido, es por un avión perdido“. Se tardaron más de 26 horas de vuelo en su búsqueda y se recorrieron 55.000 kms de distancia en vuelos. El avión se encontró en una ruta diferente a la que debía recorrer 11 días después de reportada su perdida.

Hay diferentes versiones de las causas del accidente, entre las que resaltan algunas como que el piloto trató de evitar una tormenta que se encontraba en su ruta original y eso llevó a cambiarla, otra versión dice que fue por acortar tiempo en la llegada ya que habían demorado en despegar. También se ha discutido si el piloto se encontraba en estado de embriaguez y eso lo llevó a cometer los errores en la ruta, razón además por la cual Avianca no fue diligente al momento de realizar la correspondiente autopsia por evitar posibles demandas.

Gran parte de lo aquí contado se relata en los libros del escritor Nariñense Edgar Bastidas Urresty “El Fariseo” y “Torquemada en el infierno” libros en los que igualmente se cuentan otras aventuras poco éticas del mencionado religioso, quien en un acto claro de censura ordenó comprar y quemar todas las ediciones que se pudiera de “El Fariseo”  pretendiendo así ocultar su participación en esta historia que bien pudiera ser contada a través de los medios audiovisuales.

Comparto los enlaces de cómo la prensa de la época registro los hechos:

https://news.google.com/newspapers?id=iMAqAAAAIBAJ&sjid=EmgEAAAAIBAJ&hl=es&pg=1022%2C4402918&fbclid=IwAR3Z8OoSXmS_jB3RtXTaFq914ncO8THXUXDDEJrIDGY_FMRcrBSoW4653is

https://news.google.com/newspapers?id=nt4eAAAAIBAJ&sjid=KWgEAAAAIBAJ&hl=es&pg=922%2C361627&fbclid=IwAR1nxwFX0lDSgSQjpMLsfdqlbKqP9_Sp7Ffy26extqIwR-HPAZi5oJg2Wpw

Imágenes: Jorge Dueñas Romo

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Author: Miguel Cordoba

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