
El calendario marca el 16 de junio. Al mirar el reloj en este día, es inevitable que el tiempo ruede hacia atrás en mi memoria, exactamente tres décadas, hasta situarme en el domingo 16 de junio de 1996. Ese día, a través de los transistores de Sandoná, el siseo de la frecuencia modulada de Cañaveral Stereo abrió paso a un nuevo espacio radial: la “Radio Revista Cañaveral”. Lo que para muchos parecía un proyecto más en el tablero de la radio local, terminó siendo el primer plano de un viaje periodístico ininterrumpido que hoy tengo el honor de celebrar.
Sin embargo, para entender la fuerza de este río informativo, debo viajar aún más atrás en el tiempo, hasta los días en que la madurez era apenas un horizonte lejano para mí.
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Mi preludio en los 1.410 kilohertz
A mediados de 1985, siendo un joven apasionado por el deporte, con los bolsillos llenos de sueños y la voz templada por el entusiasmo, encontré mi primera oportunidad frente a un micrófono en Ondas del Guáitara. Era la emisora de la Parroquia Nuestra Señora del Rosario, una señal que viajaba en la frecuencia de los 1.410 AM y se metía hasta la cocina de los hogares sandoneños.
Allí, con el respaldo técnico imprescindible del señor Héctor Cabrera, le di vida a “Deporte en Siete Días”, un programa sabatino que se convirtió en mi propio laboratorio de coberturas. Aquel año trajo consigo mis primeros retos memorables: comentar la intensidad del campeonato departamental de baloncesto, disputado sobre el cemento del patio del colegio Nuestra Señora de Fátima, y registrar las crónicas del tradicional reinado de galladas en las fiestas tradicionales de agosto. Sin saberlo, entre el rebote de un balón y el bullicio de las fiestas, estaba cincelando la vocación de mi vida.
Los años corrieron y el dial se transformó. En 1993, la radio local dio un vuelco con la aparición de Cañaveral Stereo, en frecuencia moduladda, una estación instalada de forma apasionada en la vivienda del señor Meterling López Ortiz, en pleno barrio Comercio. Aquella casa fue el epicentro de una nueva etapa de aprendizaje para mí, participando en programas y transmisiones especiales antes de dar el salto definitivo hacia mi propio espacio.
Una banca en el parque y el impulso definitivo
Hay mañanas que le cambian a uno el destino. En mi historia, esa fecha quedó grabada el 5 de enero de 1997. Tras terminar una entrevista en cabina con el respetado escritor sandoneño Alejandro García Gómez, ambos prolongamos la tertulia fuera de los micrófonos. Nos sentamos en una banca del parque principal, justo frente a la Alcaldía, bajo el sol de ese día de “Negritos”.
En medio de la charla, el escritor me miró y, con palabras sencillas pero cargadas de una profunda lucidez, me expresó que yo tenía las condiciones y el talento necesarios para ejercer el periodismo con rigor. Aquel veredicto generoso no fue una simple frase de cortesía; se convirtió en mi faro y en el estímulo definitivo para abrazar este oficio con total responsabilidad.
A partir de allí, el camino se ensanchó. Saqué adelante nuevos proyectos radiales en las estaciones que han marcado la historia de nuestro municipio: Cañaveral Stereo, Café Stereo y Digital Stereo, desde hace unos seis años Cañaveral Stereo. Mi espectro se llenó de magazines, transmisiones especiales y espacios deportivos. Luego, el desafío saltó a las pantallas con mi incursión en la televisión local a través de Cañavisión, emitiendo por el canal 7 del sistema Góez Televisión.
De la corresponsalía a la vanguardia digital
Pronto, mi voz desde Sandoná comenzó a resonar en el resto del departamento. Llegaron las colaboraciones para Caracol Radio Pasto y Colmundo Radio, y una etapa madura y exigente de dieciocho años como corresponsal del Diario del Sur, llevando el pulso informativo del occidente de Nariño a las páginas de la prensa departamental.
Sé que en la memoria colectiva de nuestro pueblo aún vibra con fuerza el noticiero de Digital Stereo. Durante cerca de quince años, desde las seis de la mañana, ese espacio fue el encargado de levantar a los oyentes, convirtiéndose en el termómetro y la referencia informativa obligatoria de Sandoná y municipios vecinos. Esa credibilidad me llevó más tarde a asumir la dirección del noticiero de la Red Sindamanoy, liderando la información de las emisoras comunitarias de Nariño durante tres años, una casa con la que mantuve mi lazo firme hasta el año de la pandemia.
Pero el periodismo, como la vida, exige saber evolucionar. El 30 de mayo de 2010, anticipándome a la transformación tecnológica, fundé el Informativo del Guaico. Lo que comencé tímidamente como un blog dedicado a rescatar las noticias locales, maduró hasta consolidarse hoy como un medio nativo digital de actualización diaria. Su cobertura ya no solo abraza a mi municipio, sino a todo el departamento, demostrando que el periodismo regional puede y debe reinventarse cada día.
Hace un año y medio empecé un nuevo proyecto: Nuestro Guaico en Contexto, un programa de comentarios de las noticias a través del canal de Youtube; y hace mes y medio el más reciente programa: Entre-tejidos, un magazín sabatino que realizamos por tres medios, el Informativo del Guaico, Cañaveral Stereo y el sistema de televisión por cable de la empresa NetPlay.
El balance invisible y mi gratitud
Tres décadas de periodismo me dejan tras de sí un archivo incalculable de coberturas al lado de grandes colegas de Sandoná y Nariño: jornadas deportivas, gestas culturales, debates políticos, emergencias climáticas, reclamos ambientales y campañas solidarias que me demostraron el lado más noble de nuestra gente.
Paralelamente, el micrófono nunca fue una excusa para el estancamiento. La formación académica ha sido mi combustible constante. Talleres, diplomados, foros y la obtención de mi título profesional en Comunicación Social le dieron método a mi pasión; un esfuerzo de superación que hoy continúo con el reto de culminar mi maestría en Comunicación.
Sin embargo, al hacer el balance de estos 30 años, no mido la cifra en el número de artículos que he publicado, las horas que he transmitido o las entrevistas que he grabado. Mi verdadero patrimonio son las personas: los maestros que guiaron mis primeros pasos, los colegas de batalla, las fuentes que confiaron en mi palabra y, por encima de todo, los oyentes, televidentes y lectores que, con sus aplausos, sugerencias y críticas constructivas, me enseñaron que el periodismo solo tiene sentido cuando se concibe como un servicio puro a la comunidad.
Al mirar el camino recorrido desde aquel domingo de 1996, mi pecho se llena de un solo sentimiento: gratitud. Gracias a mi familia por el aguante en las horas de ausencia, a mis amigos de siempre, y a cada protagonista de las historias que le dieron vida a mis páginas y ondas radiales.
30 años después, bajo el cielo de Sandoná y con la brisa del río Guáitara de fondo, mi compromiso sigue intacto: seguiré contando el acontecer de nuestra tierra con la misma responsabilidad, honestidad y respeto del primer día.
A todos ustedes, por caminar a mi lado durante estas tres décadas, como decían los mayores y como reza la hermosa tradición de nuestros pueblos: ¡Dios les pague!
Foto: Libardo Zambrano, retocada con inteligencia artificial
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