El Porvenir de lo pasado….

Por: Diego Armando Chávez
Antropólogo
Profesional en investigación territorial
“La modernidad es un modo de reproducción de la sociedad, basada en la dimensión política e institucional de sus mecanismos de regulación por oposición a la tradición, en la que el modo de reproducción del conjunto y el sentido de las acciones que se cumplen es regulado por dimensiones culturales y simbólicas particulares. La modernidad es un cambio ontológico del modo de regulación de la reproducción social, basado en una transformación del sentido temporal de la legitimidad. En la modernidad el porvenir reemplaza al pasado y racionaliza el juicio de la acción asociada a los hombres. La modernidad es la posibilidad política reflexiva de cambiar las reglas del juego de la vida social. La modernidad es también, el conjunto de las condiciones históricas materiales que permiten pensar la emancipación conjunta de las tradiciones, las doctrinas o las ideologías heredadas, y no problematizadas por una cultura tradicional” (Freitag Michel. La Sociología.)
Ahora quiero citar a Garcia Canclini, sobre todo, pensando en que este texto se encuentre fundamentado no simplemente en hechos, sino también; en teorías científicas que aluden al tema de la modernización. Y que desde mi punto de vista se empieza a convertir en un breve llamado a pensar (¿?) en las obras civiles que se ejecutarán a futuro en Sandoná.
“El mundo moderno no se hace sólo con quienes tienen proyectos modernizadores. Cuando los científicos, los tecnólogos y los empresarios buscan a sus clientes deben ocuparse también de lo que resiste a la modernidad. No sólo por el interés de expandir el mercado, sino para legitimar su hegemonía, los modernizadores necesitan persuadir a sus destinatarios que –al mismo tiempo que renuevan la sociedad– prolongan tradiciones compartidas. Puesto que pretenden abarcar a todos los sectores, los proyectos modernos se apropian de los bienes históricos y las tradiciones populares” […] “El interés de contemporáneo del patrimonio tradicional residiría en beneficios “espirituales” difíciles de ponderar, pero de cuya permanencia dependería la salud presente de los pueblos. Frente a las “catástrofes” de la modernización, de las nuevas tecnologías y de las ciudades anónimas, el campo y sus tradiciones representarán la última esperanza de “redención”. (García Canclini, 1989).
Y ya que hemos visto parte de los conceptos de modernidad y modernización, me empiezo a preguntar sobre “las obras civiles en Sandoná”, y para precisar aún más —sobre la construcción de un nuevo parque (¿?)—.
Uno de los puntos más importantes es hacer la diferencia entre la idea de progreso; para aquellos que intervienen directamente en la piedra, el Progreso está relacionado única y exclusivamente en infraestructura, en asfalto, en ladrillo y se tiene el concepto de que este tipo de nuevos artefactos (si es que así pudiesen llamarse) son los que aproximan a los pueblos a la tecnología o incluso a los nuevos tiempos.
Por otro lado está el concepto de Progreso, para aquellos que intervienen directamente en la carne, el Progreso debe ser el conjunto de interacciones entre el territorio y aquellos que le dan significado a este, sin embargo; se piensa que la única manera de garantizar el Progreso es detener y mantener la evolución cultural, e incluso estancarla dentro de un punto del espacio tiempo manteniendo los conceptos y las formas de vida en tiempos pasados.
Al unir los dos puntos tenemos un encuentro difícil de romper, sobre todo si se piensa que tanto los unos como los otros se enmarcan dentro de las cuadriculas de cada concepto; pero inevitablemente uno sin el otro no puede vivir o mantenerse. Así, el progreso de la piedra no puede NUNCA pasar por alto las dinámicas sociales y territoriales del lugar a intervenir, ni mucho menos pretender conocerlas por completo; el progreso de la carne no puede NUNCA pasar por alto que la cultura evoluciona y cambia, y que ese cambio está dado por la adaptación a las cosas nuevas, a los nuevos lugares y a las nuevas apropiaciones de los territorios. 
Y lógicamente que todos nos estamos preguntando ahora, por donde quedarán los bailes del viejo Botina en la plataforma del parque con sus discursos inentendibles junto al Chicorio, atrás quedaran aquellos paisajes vistos por la Juanita noche tras noche cuando le daba más de 20 vueltas al parque, atrás quedará ese grupo de amigos reunidos alrededor del San Jorge de viernes a domingo; cómo no preguntarnos también por las grandes tertulias dentro de las fuentes y separados por unos ángeles partidos y deteriorados, como no pensar en las jardineras donde todos nuestros viejos se sentaban para armar el chisme o para lanzar piropos a las mujeres, donde nos sentaremos a matar guayabo con los chupones rojos y verdes, será acaso que ya no podremos lucir el plato de salchipapas comprado donde doña Flor; acaso será que ya no podremos tomar las leches donde los Daza o comer los helados de paila de los Cueteros, será que ahora tendremos que decirle al taxista que nos lleve hasta La Avenida a comprar las melcochas de don Primitivo que hasta hace poco se encontraban fácilmente frente a la Ñapanguita (¿?).
Donde quedarán las vueltas al parque en bicicleta o en el gusano motorizado, y donde se ubicará el castillo inflable que llega cada que necesita dinero, donde se sentarán los curiosos para ver quién es el muerto cuando sale de la basílica rumbo al cementerio, donde nos sentaremos los primeros de enero a escuchar los tangos, tríos y bohemia que ponía a todo pulmón don Erazo, donde amarrará don Félix el caballito de palo forrado en cuero de vaca para tomarse las fotografías con el estrén de los 25 de diciembre, donde nos sentaremos el 31 de diciembre a oír el testamento, donde esperaremos a que llegue la pasada en la novena de navidad (¿?)…
Pues fácilmente, podríamos decir que en el nuevo parque, en este nuevo “sitio de encuentro”, cosa que según algunos comentarios no era el parque de antes, y que el de ahora se está desarrollando bajo esos términos y al que paradójicamente le ponemos tantos peros.
Sin embargo, y aunque ahora me meteré en los lados de la arquitectura (sin tener conocimiento de ello), si debo decir que todos los nuevos diseños arquitectónicos sólo se piensan bajo criterios estéticos (los arquitectos han de perdonar si me equivoco), más no como un conjunto entre la carne y la piedra; obviamente hay que tener en cuenta el entorno y todo lo que rodea a este proyecto; pero será que se pensó con los nuevos diseños en aquello que mencioné en los párrafos anteriores, o simplemente se estará buscando la relación entre el parque y la basílica; será que se enteraron que las diagonales del parque marcan los puntos más aislados de todo el mapa municipal, y que según los cuentos de los ancestros por estas cuatro entradas se finalizaba el camino desde todas las veredas para llegar a la antigua plaza de mercado. 
Y será que se pensó que lo que marca los cuatro puntos cardinales de la cabecera municipal está dada también por ese antiguo parque que ahora se destruyó, será que pensaron que en el antiguo piso las baldosas de tránsito número cuatro amarillas, azules y rojas estaban en zigzag representando los tejidos sandoneños a base de iraca; según los comentarios se puede decir que sí los pensaron, pues lo que buscan es mejorar la relación entre templo y parque, más no la relación entre pueblo y parque; para todos es conocido que Sandoná no es un Pueblo con Templo sino un Templo con Pueblo.
Ahora, estamos todos de acuerdo en lo que hemos vivido en nuestro antiguo parque, y lo que nos duele es ese acelerado proceso al olvido, pero también debemos ver el lado positivo, ese que nos abre puertas a nuevas tecnologías, a nuevos lugares donde podamos afianzar nuestros lazos culturales, económicos y a nuevas estéticas.
Y ya pensando a futuro, creo que sí se debe tener en cuenta y dar una mejor comunicación sobre los proyectos a toda la comunidad, pensando en que el temor a la modernización es muy grande, y peor aún, pensando en que en este pueblo tanto lo bueno como lo malo es visto bajo los circuitos políticos, y que si es bueno lo critican hasta convertirlo en malo y si es malo lo critican hasta volverlo personal, a mi modo de ver se debe dejar de pensar por los lados políticos y más por los lados del desarrollo.
Pienso que frente al proyecto, lo que se podría hacer es dar una mejor claridad frente a los caracteres administrativos, pues lo demás es ensañarse en creer que todo tiempo pasado fue mejor.
Y lo que definitivamente se debe hacer frente a la idea de modernización de este pequeño rincón, es empezar a invertir en procesos culturales y adscripción territorial frente a las nuevas cosas que se están haciendo, más educación, más crítica constructiva, menos ladrillo y más pensamiento, menos cemento y más cultura, porque definitivamente se debe cambiar la idea de que el Progreso se mide únicamente con infraestructura.
¿Qué progreso va a ser ese?, acaso ese que catalogó a Sandoná a finales de los noventas como el municipio con más tutelas y deudas de todo Colombia, o será que Progreso, es ese que nos dijo que para el 2002 el municipio donde más cantidad de alcohol se consumía se llamaba Sandoná, o será que Progreso, es eso que en el 2004 nos dijo el censo canino de Colombia “En Sandoná hay 3 perros por habitante” y mostraban imágenes de perros callejeros sacados en volquetas. Esto no es Progreso, tampoco es cultura; esto es falta de educación, de conciencia, de CULTURA; esto es derroche y desconocimiento.   
Así que esperemos que el proyecto se culmine, y que no coja el rumbo que alguna vez tuvo el estadio cuando en intentos de remodelación se sembró plátano, yuca y caña haciendo alusión a su nombre “Cañaveral”, no vaya a ser cosa que nos toque irnos a charlar al parque del corregimiento del Ingenio.   
   
Así que señores de la administración municipal terminen lo que empezaron y comuniquen con anticipación lo que van a ejecutar. 

Author: Miguel Cordoba

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