Están pasando cosas inéditas

Por Álvaro Sierra Restrepo
@cortapalo
Tomado de
El verdadero
pulso entre el Sí y el No no es por la impunidad o la participación en política
de los guerrilleros; es entre la modernización y el pasado.
En una sola
cosa están de acuerdo los arquitectos del Sí y el No: lo que pasa en Colombia
es histórico
. De allí su feroz contradicción.

Si el acuerdo
de La Habana entra en vigor, Colombia puede cambiar radicalmente
. Así lo
entienden quienes lo negociaron y quienes lideran la oposición. Unos buscan el
cambio con tanta fuerza como se le resisten los otros.
Cambia el
campo. Pasaría de ser un universo dominado por terratenientes que acumulan
tierra y ganado, pagan jornales mínimos y casi nada de predial a tener
catastro, títulos de propiedad, impuestos progresivos contra la acumulación
para generar un mercado normal de tierras
, justicia agraria, leyes laborales y
familias campesinas a las que se les dan tierra y condiciones para producir
alimentos: infraestructura vial y de riego, electrificación, salud, educación,
economías viables.
Los que buscan
cerrar la brecha entre el mundo rural y el urbano y los que defienden el viejo
statu quo entienden por igual que el acuerdo implica un cambio histórico en el
campo –por eso unos lo promueven y a los otros los aterra–
.
Cambia la
política. La oposición política y la protesta social reciben las garantías que
nunca tuvieron y siempre demandaron. Se transforma el régimen electoral. Se
amplía la representación en el Congreso de territorios a los que la guerra y el
centralismo mantienen sin voz ni voto. Y se potencia tremendamente la única
herramienta capaz de limar los dientes al clientelismo y la corrupción: la
participación ciudadana
.
Que esta
ampliación de la democracia es histórica lo entienden tanto los que la desean
para modernizar el régimen político como los que la ven como una amenaza para
el ejercicio tradicional del poder
.
Cambia el
manejo del problema de las drogas ilícitas. Del enfoque represivo contra el
campesino cultivador y el usuario del producto final se pasa a un plan de
sustitución de cultivos de coca por economías campesinas legales rentables y un
tratamiento de salud pública y no de cárcel y estigmatización para el
consumidor
. Los que diseñaron este acuerdo y quienes se oponen, porque insisten
en criminalizar, entienden por igual la magnitud del cambio.
Histórico es
poner a las víctimas en el centro de todo
. Amigos y enemigos del acuerdo saben
que eso significa que la verdad y la reparación serán los pilares de la
reconstrucción del país. La verdad es incómoda. Destruye las narrativas con las
que todos justificaron la sevicia. La reparación implica reconocer que se hizo
lo injustificable.
Eso lo están
haciendo las Farc y el Gobierno. Comandantes guerrilleros compungidos ante los
familiares de los diputados del Valle asesinados
; el Presidente, aceptando
responsabilidad del Estado por la masacre de la Unión Patriótica; los jefes de
los ejércitos enemigos, apareciendo juntos ante las víctimas en Montes de
María… ¿Cuándo había visto Colombia algo así?
Estos hechos de
reconocimiento de la guerrilla y el Estado son inéditos. Y ponen a los
arquitectos del No ante la pregunta incómoda de si ellos están, también,
dispuestos a hacerlos
.
Al acuerdo lo
subtienden dos cosas: la participación activa de la gente en las decisiones y
el énfasis de que son los territorios, y no las élites locales y bogotanas, los
que deben diseñar y ejecutar tod
o. El impacto que esto puede llegar a tener en
el ejercicio del poder entusiasma tanto a los que diseñaron el acuerdo como
preocupa a los que se le oponen.
* * * *
Desde orillas
opuestas, los arquitectos del Sí y el No perciben por igual el impacto
histórico del acuerdo de paz. Unos lo buscan; a los otros los asusta. Por eso,
el debate de fondo no es sobre impunidad y participación en política de los
guerrilleros. Ese es apenas el velo retórico del verdadero pulso: entre la
modernización y el pasado.
Este es un espacio de opinión destinado a
columnistas, blogueros, comunidades y similares. Las opiniones aquí expresadas
pertenecen exclusivamente a los autores que ocupan los espacios destinados a
este fin por el blog Informativo del Guaico y no reflejan la opinión o posición
de este medio digital.

Author: Miguel Cordoba

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