Evocando al arriero

Por Natibel Guerrero Araujo

Evocar, es recordar todo ese caminar de las personas que miraron crecer los pueblos, es un reencuentro con el pasado en el que los arrieros a lomo de mula levaban los productos a la ciudad capital, obteniendo mejores precios a cambio de mucho sufrimiento. Es un cuento hecho canción y un proceso que lo vivieron muchos a nivel local, departamental y por qué no decirlo a escala nacional en el momento que se recuerda la colonización antioqueña, igualmente en la Europa antigua, el proceso fue similar y de gran ayuda porque así comenzó el comercio y el crecimiento de las ciudades originando las migraciones de la gente que buscó mejores oportunidades.

Para llegar a la ciudad de Pasto, se utilizó los antiguos caminos reales o de lo contrario a partir de los senderos o trochas que entre todos construían con machetes, palas y picas y de tanto ir y venir, se fueron convirtiendo en vías de acceso, el arriero generalmente iba a pie, vestido con camisa y pantalón de caqui, alpargatas de fique, un machete al cinto, sombrero barbisio, ruana y un buen berraquillo para azuzar la recua, sin embargo muchos hacían el viaje con los pies descalzos.

En el trayecto y en épocas de invierno, los caminos eran completos barriales y hondonadas que llegaban hasta el pecho de los animales y había que ayudarlos, quitándoles la carga y volviéndolos a cargar pero cuando ya salían del riesgo de ahogarse o sufrir lesiones enterrados el barro, de verdad que era un trabajo muy duro donde se veía la verraquera de los hombres que se empeñaban en mejorar la economía y la identidad de un pueblo.

De muchos lugares incluso desde otros municipios vecinos, se reunían muy temprano, llegaban apurados para no quedarse de los demás y eran la esperanza para los hogares ya que sus padres los salían a empuntar, luego les entregaban el avío, dándoles todas las bendiciones para que les vaya bien y entre tantos arrieros se hacía grande la caravana, al primer animal que encabeza la recua le colgaban una campanilla en el cuello, signo de que los que venían en sentido contrario debían orillarse para dar paso (Hoy es dar vía).

En cada lugar donde se encontraban para unirse a los demás, siempre brindaban café supuestamente para que les quite el frío de la madrugada, se santiguaban y emprendían el viaje esperando que todo salga bien.

Cuando entraban a Guallibamba, esto es a la entrada a Pasto, los que tenían alguna comodidad se cambiaban de ropa, otros tenían que lavar, escurrir y volvérsela a colocar hasta llegar a la posada donde les esperaban fuego para que puedan secarse y obtener abrigo.

Al entrar a Pasto, algunas calles eran empedradas y cuando se pasaba por allí, las herraduras de los animales sonaban, eso advertía a los comerciantes pastusos la llegada de los productos del Guaico; el esfuerzo valía la pena porque pagaban un poco más tanto por el plátano, guineo, panela, maíz, yuca y muchas otras cosas cultivadas en a orillas del Guaitara y que se llevaban a vender.

La mayoría de los arrieros no terminaron la primaria, en ese tiempo el objetivo era aprender a leer, escribir, sumar, restar, multiplicar, dividir y saber firmar y practicaron en la pizarra, así se convirtieron en grandes comerciantes arrieros, forjaron sus familias y acumularon alguna fortuna.

Y miraron crecer los pueblos, espacios que hoy poco son valorados por la premura del tiempo y la absorción de la tecnología, la juventud presta poca atención al pasado y a los mayores que vivieron estos procesos, los “Viejitos” considerados las bibliotecas andantes de la cultura popular y la tradición oral, si recuerdan y añoran ese pasado de solidaridad, de empuje, de palabra, de amistad verdadera y de la esperanza de salir adelante.

Este pasado nadie lo puede desconocer, es totalmente verdadero y lo vivieron muchos personas entre ellos los aguerridos campesinos que son guerreros por naturaleza y la canción coincide con el dueño de la narración: SOFONIÁS GUERRERO, nacido el 31 de Diciembre de 1.925, que ha estado presente en 23 presidentes y hoy mira con desánimo el actual gobierno porque siempre ha tenido la esperanza de ver un mejor país, así mismo vivió en carne propia la violencia bipartidista de Colombia, perseguido por el pecado de ser liberal, amigo fiel y personal de Alfonso López Pumarejo, compañero de lucha de Heraldo Romero, rebelde por naturaleza y cuando recuerda y quiere contar, se le mira la nostalgia y sus ojos aguaditos a puntico de llorar, a sus 94 años todavía siembra esperanza y de una semilla espera ver un árbol.

Igualmente la canción es dedicada a los acarreadores de caña que son los que forjan la economía panelera en Sandoná y a todos los campesinos que madrugan a buscar el pan de cada día a lomo de sus caballos. Por último, es cierto que los pasos de Sofonías ya se están cansando pero viven en su memoria todos los momentos desde cuando mi abuelo le enseñó el difícil pero noble arte de la arriería donde de alguna manera fue feliz.

Imágenes de Sofonías Guerrero: Cortesía del profesor Natibel Guerrero

EVOCANDO AL ARRIERO

De tanto andar por la vida,

Mis pies ya se están cansando

Todavía veo los senderos,

Que a pie los fuimos formando.

Recuerdo los caballitos,

Pasando en esos zanjones,

Eran jornadas muy duras,

Al fin trabajo e varones

ARIERO FUI, SI, SI

ARRIERO Y MUY FELIZ. (Bis)

Toditos ya nos reuníamos,

Muy temprano en la mañana,

Con el paso apuradito,

A engrosar la caravana

Y se empezaba la marcha,

Al sabor de un cafecito, (Bis)

Y le pedíamos a Dios,

Que el viaje sea muy bonito.

ARIERO FUI, SI, SI

ARRIERO Y MUY FELIZ. (Bis)

Las herraduras sonaban,

Como un baile de zarzuela,

Y toditos comentaban,

Aquí llega la panela.

No fuimos mucho a la escuela,

Pero tejimos la historia,

Son muchos recuerdos lindos,

Que evoca nuestra memoria

Los pueblos fueron creciendo,

Entre luchas y esperanzas,

Y ahora todo es pasado,

Solo quedan añoranzas.

Todo lo que se ha vivido,

Es pasado verdadero, (Bis)

Y se lo puedo jurar,

Es palabra de un guerrero.

ARIERO FUI, SI, SI

ARRIERO Y MUY FELIZ. (Bis)

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