Homenaje a las madres, de Pablo Neruda

Desde Nod
Por Alejandro García Gómez.
A todas las mujeres que, siendo o no madres
biológicas, entregan cada día su vida a la maternidad, esperando a cambio sólo
la satisfacción de prodigar el desarrollo, la seguridad y la felicidad de sus
hijos o de sus protegidos
. Rompiéndose y llorando con ellos; alegrándose
también. Apagándose en silencio cuando su ciclo se cumple.

“La Mamadre
La mamadre viene por ahí,
con zuecos de madera. Anoche
sopló el viento del polo, se
rompieron los tejados, se cayeron
los puentes, aulló la noche entera con sus
pumas,
y ahora, en la mañana,
de sol helado, llega
mi mamadre, doña Trinidad Marverde,
dulce como la tímida frescura
del sol en las regiones tempestuosas,
lamparita menuda apagándose,
encendiéndose para que todos vean el camino.
“Oh dulce mamadre
-nunca pude decir madrastra-
ahora mi boca tiembla para definirte,
porque apenas abrí el entendimiento
vi la bondad vestida de pobre trapo oscuro,
la santidad más útil:
la del agua y la harina, y eso fuiste:
la vida te hizo pan y allí te consumimos,
invierno largo a invierno desolado
con las goteras dentro de la casa
y tu humildad ubicua
desangrando el áspero cereal de la pobreza
como si hubieras ido repartiendo un río de
diamantes
.
“Ay mamá, ¿cómo pude vivir sin recordarte cada
minuto mío?
No es posible.
Yo llevo tu Marverde en mi sangre,
el apellido del pan que se reparte,
de aquellas dulces manos
que cortaron del saco de la harina
los calzoncillos de mi infancia,
de la que cocinó, lavó, sembró, calmó la
fiebre,
y cuando todo estuvo hecho,
y ya podía yo sostenerme con los pies seguros,
se fue, cumplida, oscura,
al pequeño ataúd donde por vez primera
estuvo ociosa bajo la dura lluvia de Temuco”.
Pablo Neruda.

05.V.15

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Author: Miguel Cordoba

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