Injusticias de la justicia internacional

Por Manuel
Erazo Cabrera
Ismael Botina
popular maestro Buchón, en su bicicleta “Monark”, se fue hasta Bogotá con el
fin de visitar en la cárcel, a dos compadres suyos que ya completan mes y
medio de retención
. El compadre Alejo y
la comadre María. Los dos son esposos, viven en la vereda Inantáz, jurisdicción
del municipio de Yacuanquer, departamento de Nariño; es una vereda donde se
cultiva café, frijol y maíz, queda encima de la zona del Placer, para más
señas.

Allá en Bogotá,
el compadre está pasando las verdes y maduras en La Picota, mientras que la
comadre María, purga su angustia en El Buen Pastor. Y los dos, hombre y mujer
están en la lista de extraditables hacia los Estados Unidos de América, donde
tendrán que cumplir penas por narcotráfico
; ya están  en planilla para conocer cárceles
norteamericanas y morirán allá porque hasta el momento no habido poder humano
para demostrar su inocencia.
¿Pero qué pasó?
Hace un mes y medio, un viernes, a eso de las diez de la mañana, el compadre
estaba desyerbando una chagra sembrada de café; y la comadre preparaba un caldo
de papas, porque sus ingresos no les dan para comprar carnita. Mientras esto
ocurría, sintieron que a la vereda llegó un helicóptero y vecinos salieron a la
curiosidad. Se bajaron soldados americanos y un poco de gringos que hablaban en
inglés; entraron al rancho, y esposaron a la comadre María, y otro grupo de
gringos hicieron lo mismo con el compadre Alejo
. Fue una pesadilla que asombro
a los pocos vecinos que alcanzaron a llegar a ver este espectáculo de la
justicia norteamericana, según se escuchaba, eran agentes de la DEA.
Charlando con
los compadres en Bogotá, ellos no saben ni las razones ni los motivos, ni
circunstancias por las cuales están preso
s. Cuando se les pregunta que si saben
porque los van a extraditar, ni siquiera conocen el significado de la palabra
extradición, así se llamó una discoteca del pueblo, dice el Alejo.
Según se sabe,
sus nombres con números de cedulas aparecen en archivos internacionales como
propietarios de enormes haciendas de los Llanos Orientales
, y en registros de grandes
capos del narcotráfico latinoamericano.
Los días pasan,
sus familiares no pueden pagar un abogado para que los defienda; pero, hasta
hoy, le decisión de extraditarlos se mantiene
y solo falta que lleguen agentes
norteamericanos y se los carguen.
Gracias a los
buenos oficios de la Defensoría del Pueblo, a última hora se les asignó un
defensor público, quien tendrá que enfrentarse a la justicia internacional
.
En la vereda no
se da coca ni para remedio; la pareja vive con lo poco que se cultiva en su
huerta
; nunca habían montado en avión, no conocen el mar, no saben manejar
carro, es decir, son pobres de solemnidad.
El operativo
para llevar a los compadres, se hizo tan en secreto
, que ni la Policía, ni la
Fiscalía, y todas las “ías” en Nariño, fueron notificadas.

Domingo 10 de
julio 2016

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Author: Miguel Cordoba

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