La bicicleta y el tesoro / Limonada de coco

Por Alberto Salcedo Ramos
Tomado de www.eltiempo.com
Esta mañana recordé un poema de Gonzalo
Arango. Decía que a veces el tesoro no es el oro sino el esfuerzo de quien lo
busca
.
Después cerré los ojos para evocar algunas
imágenes de los ciclistas colombianos en las cuales se apreciara eso que
señalaba el poema: el sacrificio como fortuna.

Vi otra vez a Lucho Herrera sufriendo una
caída aparatosa en la Vuelta a Francia de 1985. Reviví la aprensión de aquel
momento, mi escalofrío. Pero a continuación Lucho volvió a levantarse. Pedaleó
con bravura hasta la meta
. El verdadero botín no fue el triunfo en la etapa
sino su coraje
. Ninguna corona de laureles vale más que el rostro ensangrentado
de un atleta íntegro. Por eso aquella postal se eternizó en nuestra memoria
colectiva.
Vi otra vez a José Patrocinio Jiménez
fugándose del pelotón en la Vuelta a Francia de 1983. De pronto empezó a
desfallecer porque el frío era cruel. En el televisor apenas se distinguía su
silueta bajo la densa capa de neblina. Jiménez se bajó de la bicicleta con la
cabeza agachada. Decían los locutores radiales que estaba llorando y que
parecía a punto de renunciar. En ese momento apareció su compañero Edgar
‘Condorito’ Corredor, quien se puso a darle ánimo. Segundos después, los dos
volvieron a la lucha
.
Vi otra vez a Pacho Rodríguez liderando la
Dauphiné Libéré de 1984. A lo largo de la competencia había superado con
autoridad al mejor del mundo, Bernard Hinault. Pero en una de las jornadas su
rodilla adolorida le impidió seguir corriendo. Rodríguez se apeó de la
bicicleta con la cara bañada en llanto. Entonces otro colombiano, Martín
Ramírez, partió de atrás súbitamente y se escapó del lote. En aquella ocasión
tuvimos dos campeones: Ramírez, que terminó ganando la vuelta, y Rodríguez, que
durante varias etapas fue capaz de sobreponerse al dolor para dictar cátedra en
las carreteras francesas
.
Al evocar a nuestros pedalistas también vi
reveses, por supuesto, caídas de las que fue imposible levantarse, carreras en
las cuales ocupamos los últimos lugares. Pero en tales casos seguí notando
arrojo. Un ciclista colombiano pierde pero no fracasa, porque jamás regala su
derrota, ni siquiera cuando se enfrenta al rival más intimidante
.
Los futbolistas colombianos, aunque sean muy
talentosos, siguen apocándose ante ciertos equipos que tienen más historia que
calidad. A nuestros ciclistas nadie les gana de camiseta.
Durante años el ciclismo de élite en el mundo
fue una farsa. Reinaban los tramposos, los que consumían porquerías químicas
para obtener victorias de mentira que enriquecieran más a los mercaderes del
deporte. Nuestros muchachos se enfrentaban a subidas intransitables, a
descensos temibles, a curvas feroces y a toda esa maquinaria del engaño, sin
más armas que el fuego de su espíritu y un botellín de aguapanela
.
Esta mañana amanecí pensando en ellos.
Entonces recordé el traspié más reciente. Cuando parecía imparable en su
ambición de ganar la Vuelta a España 2014, Nairo Quintana sufrió una caída
terrible y debió retirarse. Después del susto lo vi hermoso en su camerino. Ya
no sería el campeón pero mantenía la frente en alto porque había encontrado su
tesoro
.

Este es un espacio de opinión destinado a
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pertenecen exclusivamente a los autores que ocupan los espacios destinados a
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de este medio digital.

Author: Miguel Cordoba

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