La Cocha, sus lancheros y el turismo

Desde Nod
Por Alejandro
García Gómez
Salidos de
Pasto, comienza el ascenso por paisajes cada vez más fríos, pero también plenos
de la total Morada del poeta Arturo. Con una inigualable simetría del
“desparrame” entre los verdes “de todos los colores”, se levantan sencillas y
sobrias casas campesinas con su techo a dos aguas y sus tejas de barro cocido
,
con sus corredores inundados de la luz de sus macetas florales, con cultivos o
con ganado pastando en los alrededores y gentes laboreando. Más adelante, una
iglesia como centro de ese profundo silencio, nos indica que pasamos por
Cabrera.

A medida que el carro avanza, el paisaje empieza a mostrar el bosque
nativo, la fábrica de las heladas y cristalinas quebradas que surtirán al río
Pasto, el mismo que se transformará en otros nombres hasta desembocar en los
históricos peñones del Juanambú, que llegarán al Patía y al Pacífico. El páramo
de La Divina Pastora es la cumbre de la vía e inicio del descenso. De repente,
y a la derecha, la majestuosa Cocha –en pose de mujer que necesita espectador-
y su isla La Corota (kucha, lago, mar o laguna; kuruta, significa testículos,
según el Diccionario Kichwa-Castellano de Glauco Torres,  1982)
. Allí, en El Mirador, las fotos para
los amigos y para el recuerdo.
Se desciende
finalmente a la vereda El Puerto, pequeño poblado de una sola calle frente que
se adentra en la laguna, donde a cada “acera” se presenta una carta de
ofrecimientos al turista: comida y lanchas, infaltablemente. Aconsejable la
trucha, que es pescada allí. Más recomendable aún, ahumada por los lugareños;
como postre, cuajada con miel
. Para llevar, dulces y mermeladas de frutas
exóticas para forasteros y extranjeros y más tarde las artesanías.
En El Puerto se
contrata al lanchero. Están agrupados legalmente. Exhiben un tablero con los
costos de los diferentes viajes
. Uno de ellos es la visita a La Corota que vale
más o menos $30.000. Es el de mayor demanda. Pero aquí viene el “pero”. Todo
lugareño sabe que la totalidad de los turistas que visitan la isla desean
caminarla, recorrido total que es de más o menos una hora, “sin engolosinarse”.
La asociación de lancheros, a sabiendas, con conocimiento pleno, reconoce una
espera, en La Corota, de 30 minutos como “derechos” por “la carrera”; por cada
5 minutos de más se les debe cancelar $5.000 adicionales. Por lo general, el
turista sólo llegará a darse cuenta de este tiempo, ya cuando está en la isla;
la mayor parte de las veces después del recorrido, o al comenzarlo, si es que
se le ocurre preguntar. Entonces los paga pero, de alguna forma, se siente engañado.
Algo faltó en la claridad del contrato, piensa. Algunos entran en desavenencia
y hasta en riñas.
Viene un
inesperado recibimiento de la sede de Parques Nacionales ubicada allá, que
consiste en un cobro adicional de $2.500/persona por el ingreso a conocer la
isla
. Los de Parques argumentan defensa para su cobro pero también aseguran que
han tratado de hacer entrar en razón a los lancheros en conversaciones
particulares, en foros y otras charlas grupales, de esta y de otras equivocadas
maneras de proceder, pero la asociación no ha querido ceder. Pero podrían ceder
de lado y lado, pienso.
Una lástima
esta forma errónea -y quizá abusiva- de los lancheros
. Ojalá entren en razón
con los de Parques, porque ese paseo es imperdible para todos quienes visiten Pasto
y, al igual que ellos, los turistas también tienen derechos. 04.VIII.16
Este es un espacio de opinión destinado a
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Author: Miguel Cordoba

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