Las Lajas: La construcción del santuario (y 2)

Columna DESDE NOD
Por Alejandro García Gómez
pakahuay@gmail.com
La primera edificación es una capilla de
madera con techo de paja que la dirige el padre Villafuerte
ayudado por los
diferentes peregrinos que empiezan a llegar en crecido número a los pocos días
del 15 de septiembre de 1754, o sea de la aparición pública. Pero el padre
Villafuerte fallece antes de dar principio a su obra y lo reemplaza
interinamente fr. Bonifacio Garzón (dominico) con quien parece que no ocurre
nada. A éste le sucede fray Luis Herrera (también dominico) en propiedad.

El propósito del p. Herrera es sustituir la
capilla existente por otra de cal y ladrillo. Pero el 27 de septiembre de 1769
se seculariza la parroquia de Ipiales, los dominicos deben dejarla al clero
diocesano y la parroquia es entregada al curato del padre Manuel de Salazar y Santacruz.
La supuesta razón es que Ipiales ya es una parroquia madura. A los dos años
aparecen construidas las dos primeras casas del nuevo caserío para peregrinos
en Las Lajas, con un cobro para la curia por el albergue
. En 1835 aparecen tres
familias con casa de habitación propia, además de algunas más para peregrinos.
A comienzos de la década del treinta del siglo XX, ya es un corregimiento –con
su corregidor allí- de 300 habitantes distribuidos en 45 familias
“pertenecientes en su totalidad a la raza blanca”, según el historiador y
párroco  de Las Lajas, p. Justino Mejía y
Mejía.
En el interregno administrativo del padre
Herrera sucede un hecho curioso: Manuel de Rivera se presenta como un ciego al
que Nuestra Señora le ha hecho el favor milagroso de restituirle la vista,
según le manifiesta a fr. Luis y le pide que le conceda el encargo de andar por
las regiones del sur de la Nueva Granada y por Quito solicitando limosna para
construir el templo a lo que accede fr. Luis
. El Ciego Rivera –así se lo conoce
hasta hoy-, al parecer sí se dedica a pedir para el templo pero no rinde
cuentas y por eso el síndico de la parroquia de Ipiales, Manuel Fernando
Zarama, eleva una solicitud al Obispo Ponce y Carrasco para que se las pida,
pues parece que había llegado a saber que el buen ciego no andaba en pasos
claros en Caranqui (Ecuador, territorio llamado Quito en ese tiempo). El obispo
ordena (22 nov. 1769) al cura de Cumbayá (Ecuador), Januario Montesdeoca, que
le recoja la licencia de petición de limosnas y le pida cuentas al Ciego. El
resultado: “cargo 569 pesos con 4 reales; descargo, 368 pesos con 7 reales;
saldo en contra de Rivera, 200 pesos con 7 reales”. El ciego apeló la
liquidación “porque (las cuentas) no estaban a su satisfacción” y solicitó
nueva licencia ante el Obispo Ponce y Carrasco y obtuvo ambas cosas. El 20 de
diciembre de ese año el notario episcopal Manuel Miguel Álvarez de Salinas
revisó las cuentas con este resultado: cargo 367 pesos con 4 reales; descargo,
388 pesos con 4 reales; saldo a favor de Rivera, 21 pesos con 5 reales. El
síndico Zarama vuelve a la carga y manifiesta a Su S. I. (Ponce y Carrasco) que
Rivera en 5 años no ha hecho el menor aporte para el templo, que no es
necesario que el ciego ande pidiendo limosna en otras regiones aun en
Guayaquil, sino que, quitándole su licencia, se centralice la recolección de
las ofrendas en Las Lajas, porque las romerías son inmensas y generosas y se
necesita un capellán para que se encargue de las ofrendas y de la construcción,
como posteriormente se hizo. Como homenaje a Rivera, se le levantó una
escultura de tamaño humano en un recodo de los cientos de escalones de roca
labrada del camino de a pie hacia el santuario
y las gentes le rendían gran
reconocimiento. Una avalancha invernal actual tiró la escultura al fondo del
abismo. Se ahogó en el Guáitara, me cuenta el periodista Miguel Garzón.
Lo más grandioso de la ingeniería para su
construcción definitiva se realizó en el 
s. XX. Según las cuentas, sólo desde el año 1911 hasta 1956, se
recogieron 1.168.818,26 pesos, resultado de las ofrendas de los peregrinos
.
Jamás hubo apoyo oficial: ni municipal ni departamental ni nacional. Hoy es
patrimonio cultural de la humanidad. 10.IX.14

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Author: Miguel Cordoba

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