Levantamiento indígena de la Provincia de los Pastos

Por Eduardo Buenaventura Orbes

Facebook: eduardobuenaventura.orbesorbes

En 1792 llegan a Túquerres, cabecera de la Provincia de los Pastos, Francisco, Atanasio y Rafael Rodríguez Clavijo, provenientes de Cartago, Valle, ambiciosos comerciantes de profesión.

Don Francisco fue designado como Corregidor de la Provincia y por tanto la primera autoridad que representaba al Rey, dependía de la Gobernación de Popayán y del Virrey del Nuevo Reino de Granada, don Pedro Mendinueta, Presidente de la Real Audiencia de Santa Fe y Superintendente General de la Real Hacienda. Su hermano don Atanasio era el encargado de la recaudación de los Diezmos e Impuestos.

Atanasio compra al asentista, don Francisco Muñoz de Ayala, el partido de Túquerres y Guaitarilla, con el objeto de acrecentar mayores ganancias, a costa del aumento de las obligaciones que pagarían los indígenas. Se aumentarían impuestos por las tenencias no acostumbradas, por cuyes, gallinas, por el humo y productos agrícolas que en sus minifundios cultivaban. Hasta se dio la amenaza, que toda mujer embarazada debería contribuir con diferente impuesto, tanto por niña o varón.

Se destacaron por su despotismo, tiranía y fueron crueles opresores de todos estos pueblos bajo su administración. Con su incisiva conducta, ataques y demandas, no solo abusaron de los infelices indígenas, sino, de mayor manera, de la élite de la región. Sus hostigamientos fueron por casi más de diez años, al punto de pensarse, que este levantamiento fue patrocinado por los poderosos, especialmente por el español Miguel González del Palacio. Personajes que cometían toda clase de atropellos contra la dignidad humana, saqueaban sus infelices chozas, cometían violaciones, decomisaban arbitrariamente cualquier pertenencia, obligaron a beber licor de pésima calidad. Azotaban o torturaban a personas que no cumplían con sus exigencias, hasta el aborto o la asfixia según el método empleado, u obligados a trabajos forzados sin remuneración. Graves e inhumanos acontecimientos que fueran ya denunciados en el mes de noviembre de 1799, ante el Virrey Ezpeleta, aunque se le hiciera caso omiso.

Para complementar las desgracias por ese mismo tiempo, la Real Audiencia de Quito expide el llamado “Recudimiento de Diezmos”, en los primeros días del año 1800. Dicho decreto gravaría aún más los artículos que hasta el momento no se pagaban. Este hecho alegró a Atanasio, quien humilló y burlase de los miserables cuando quiso ejecutar la orden. Antes se anunciaba, simplemente con pregoneros en las plazas, pero en esta oportunidad, debería leerse en todas las iglesias en las misas del domingo.

El día 18 de mayo de 1800, en la misa mayor, celebrada por el cura BERNARDO ERAZO, en la población de Guaitarilla, se dispone a comunicar la orden del señor Provisor del Obispado y notificando el nuevo “Recudimiento de Diezmos”.  Pero el pueblo alborota lanzando terribles amenazas e insultos contra los opresores. “Que ojalá las mujeres decidieran quitarle el papel”, gritan desde atrás, entonces, MANUELA CUMBAL y FRANCISCA AUCUG, se levantan y corren a arrebatarle el documento de las manos del cura, quienes temerosas, lanzan al piso el mencionado papel, luego la turba lo vuelve menudos pedazos. En medio de los gritos, churos y tambores, los lugareños apoyan la causa hasta llenarse la plaza y empiezan a quemar el estanco y edificios de la población. Entre tanto, con el temor de que estas dos mujeres serían apresadas, huyen por la ventana de la sacristía en el mismo momento. Francisca se precipita por un barranco quedando malherida, mientras Manuela logra llegar al valle de Yacuanquer, viviendo escondida hasta el día 31 de enero de 1801, fecha en la que fuera capturada. La noticia llega a todas las poblaciones de la comarca, especialmente a Túquerres.

El día lunes, 19 de mayo, se tenía conocimiento que dos indias habían sido apresadas y se las trasladaría a Túquerres, los vecinos de Chaitán encabezados por Ramón Cucas Remo y otros, preparan el rescate. Pronto este dato es descartado, sin embargo, es la oportunidad de castigar al tirano. Para ello, son enviadas ANDREA CUCAS, NICOLASA TAQUES y PAULA FLOREZ, a hacer un recorrido por todos los pueblos de la provincia, Calcán, Sapuyes, Imués, Guachucal, Cumbal, entre otros, citando a las gentes para cobrar venganza a los clavijos, las que amenazaban diciendo: “Si no acuden serían quemadas sus casas”. Incansables recorridos que se hacen durante día y noche. Lograron reunirse en el llano de la COFRADÍA más de 300 indios, armados con palos, piedras y herramientas, al lado del camino, enseguida de la quebrada, como se había señalado. Según el capellán Ramón Ordóñez de Lara, hacen su arribo a Túquerres a eso de las cuatro de la tarde. La gente enardecida persigue a los clavijos,  a los argotes  y a otros comerciantes, a piedra y palo, razón por la que se ve obligado a brindarles la iglesia como protección. Venimos a morir matando”, decían. En la agitada noche del lunes, hay alborotos, LORENZO PISCAL, es quien anduvo con el tambor incitando al levantamiento, además es quien da la señal con tres golpes para que se incendiara el estanco. JOSEFA BOLAÑOS es vista en el techo junto con otras mujeres prendiéndole fuego. Es derribada la casa de don Raimundo Argote y quemado el estanquillo de Marcos Arroyo como también la fábrica principal de Túquerres. Se sabía que el cura había escondido a los Clavijos en la Iglesia, por lo que la habían sitiado. Atanasio y Francisco se escondían detrás de las cortinas del nicho de la Virgen Inmaculada y Rafael se hallaba en el nicho de San José.

Túquerres
Foto: Eduardo Orbes

El día martes 20 de mayo de 1800, debido a todo lo ocurrido en la noche anterior, los sacerdotes RAMON ORDOÑEZ DE LARA y NICOLAS FLOREZ, habían previsto concelebrar la misa que desde entonces se realizaba en la madrugada. Pero ya rondaba un pesado ambiente durante la celebración religiosa. Como era el mes de la virgen, la Inmaculada estaba expuesta en el altar mayor, y en este día se colocó en la puerta para bajar los ánimos enardecidos de las gentes. Aún así se rumoraba la peor de las tragedias. Para ello, el padre Nicolás Flórez, después de la misa, recorre la plaza en procesión con la custodia de Jesús Sacramentado rezando las letanías pero la gente no lo sigue.

Todo este operativo había sido coordinado por Ramón Cucas Remo, apoyado por Juan y Andrea sus hermanos, personajes oriundos de Chaitán, Juan venía desde Guaitarilla a caballo encabezando la multitud guerrera. Después de la misa y en vista que ningún argumento detenía la turba, el padre Ramón optó por cerrar las puertas de la iglesia, pero la gente enardecida gritaba: “si se cierran las puertas, conforme levantamos el templo, lo derribaremos…” y levantado en peso es sacado de allí. Es JULIAN CARLOSAMA, quien primero entra al templo en busca de los Clavijos. Doña Teresa apodada la “rusia” y Floriano Pastás, personas de Guaitarilla, ayudaron a escapar a Rafael, camuflado con un traje de bayeta blanca. Francisco Naspusil hizo escapar de la sacristía a Raimundo y Gabriel Argote, también comerciantes. Entraron furiosos, con odio, armados con palos, piedras, herramientas de trabajo, con churos y tambores, reclamaban justicia. “Que dios ni que dios, ya está el diablo con nosotros”, gritaban, “no hay perdón, guerra, guerra…” Se dirigen con violencia al altar mayor donde se escondían los clavijos y justo en el nicho de la virgen son encontrados, entre insultos y forcejeos, es Gerónimo de la Cruz, quien propina el primer lanzaso, y Ramón Cucas Remo quien ajusticia a Francisco a lanza y piedra. Marcelo Ramírez,  de una pedrada derriba a Atanasio, quien se desploma del altar mientras ambos cuerpos son arrastradas a la entrada del templo. Ignasio Asmaza, apodado el “borrachito”, remata a Atanasio con un hachazo en la cabeza. Sus cuerpos fueron llevados con insultos, palazos y puntapiés por toda la plaza, hecho considerado inhumano por los sacerdotes, quienes hasta les suplican para que permitieran darles cristiana sepultura. El 20 de mayo de 1800, el sacerdote RAMON ORDOÑEZ DE LARA tesorero titular de la provincia de los Pastos, firma las actas de defunción, luego de sepultar sus cadáveres en el interior del templo. Desde la misma tarde empezaron las investigaciones para dar con los reos.

Como un acto sentido, el cacique Pablo Díaz, Leandro Díaz, Salvador Almusa, Francisco Naspusil, Lorenzo Chaguala, envían un mensaje escrito el día 26 de septiembre de 1800, ofreciendo sumisión con la petición de misericordia y perdón ante el señor Virrey. El fiscal JUAN ROSAS, expone las razones por las cuales se debiera aplicar la máxima de las penas por todos estos crímenes cometidos. El protector partidario de naturales, FRANCISCO MARTINEZ SEGOVIA, hace una sentida disertación en defensa, con el fin de que se los exonerara de sus culpas a “estos miserables e irracionales indios, no lo habían hecho premeditadamente, que actuaron sin medir las consecuencias”.

De esta manera son apresados y enviados a la cárcel de Pasto, 17 reos con la lista adjunta firmada el 22 de diciembre de 1800, donde iban incluidos: RAMON CUCAS REMO, MARCELO RAMIREZ, MARIANO CERON, BERNARDO BACCA, PEDRO VALENZUELA, LORENZO PISCAL, JOSE BETANCOURT, BALTAZAR TUTISTAR, JULIAN CARLOSAMA, GERONIMO DE LA CRUZ, ANTONIO TELAC, PEDRO ASACAS, JUAN CRIOLLO, MANUEL CHALIALCAMAG, PEDRO YARPAZ, ATANASIO PIARPUZAN, JUAN CUASPUD.

Posteriormente viene la represalia y aplicación de la justicia real, el día 4 de julio de 1801, MANUELA TARAPUEZ CUMBAL, es condenada a doscientos azotes, pero el 6 de octubre de 1802, se cambia dicha pena por la vergüenza pública y el destierro fuera de los pueblos de la Provincia de los Pastos. Mientras a FRANCISCA MAINGUAL AUCUG, dado a su estado de salud, aunque se argumentó no encontrársele cargo alguno, es eximida de toda pena, como caso curioso.

El 22 de noviembre de 1802, siendo las nueve de la mañana, según certificación del escribano de cabildo y de la Real Hacienda Miguel José Arturo, a RAMON CUCAS REMO y JULIAN CARLOSAMA, considerados los cabecillas principales y al convicto y confeso LORENZO PISCAL, encontrados culpables de los crímenes, “reos de la lesa Majestad humana y divina”, son condenados a la pena de muerte. Arrastrados por las calles de Pasto a cola de caballos, luego llevados a la horca hasta su muerte y descuartizados, orden cumplida por Marcelo Ramírez ejecutor de sentencias y por el alguacil mayor Manuel Apráiz, en tanto el pregonero decía: “quien tal hace que tal pague”, sus cabezas serían expuestas en la plaza de Túquerres y sus manos en la plaza de Guaitarilla. Sentencia que se cumplió al pie de la letra. Así mismo, MARCELO RAMIREZ es castigado con doscientos azotes y por ocho años de presidio. Los tres cadáveres descuartizados, fueron custodiados en la cárcel hasta dárseles su destino final. Juan Ortiz y Miguel de la Rosa reclamaron sus cuerpos para darles cristiana sepultura, argumentando ser hermanos de la caridad.

Después, temor, silencio, dos fantasmales protagonistas que fueron revistiendo de olvido las páginas sangrientas de la historia. Hoy recorremos sitios, caminos, puertas, tejados, paisajes, escenarios silenciosos que fueran testigos secretos de lo ocurrido en ese legendario 1800, pareciendo repetir a nuestro paso: los gritos, amenazas, temores, el secreto de la cita, pies descalzos que avanzan rutas oscuras para llegar a quebrantar el corazón duro del tirano ajusticiado.

Así queda registrada la página dorada de nuestra historia, que llevó a todos los habitantes de esta comarca sometida y pisoteada a liberarse del yugo opresor, ajusticiando al tirano de la manera merecida. Acontecimiento que no solo debe conmemorarse, sino imitar tan valiente ejemplo por amor a la libertad. “Por la vida hasta la vida misma”[1]

Share:

Author: Miguel Cordoba

1 thought on “Levantamiento indígena de la Provincia de los Pastos

  1. Dónde se puede acceder a más información sobre este impresionante episodio vivido en nuestra tierra, lleno de gente valerosa e irreverente, ya qve no se consigue literatura sobre ello

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.