Nariño entre Guerrero Pérez y Romero Galeano las tradiciones y el futuro


Por Jose germán Zarama de la Espriella

Tomado de

Casi
simultáneamente, dos nariñenses de polos opuestos fueron protagonistas ayer de
importantes noticias de los medios de comunicación masiva. El reconocido
presidente ‘conservador’ de la Corte Constitucional, entrevistado por Yamid
Amat, y el ‘izquierdista’ gobernador sureño, apoyado por un editorial de EL
TIEMPO
.

La Colombia que
estamos construyendo, en un largo proceso iniciado con la Constitución del 91,
se basa en el respeto a las diferencias
. Por ello llama la atención la
coincidencia de figuración mediática de dos personajes con grandes diferencias,
pero con un mismo origen y destino común. Luis Guillermo Guerrero Pérez,
Presidente de la Corte Constitucional, y Camilo Romero Galeano, Gobernador de
Nariño, ejemplifican ‘antagonistas’ personajes nacidos en la misma olvidada
provincia. 
Guerrero viene
de una estirpe conservadora, que conserva sus propiedades en plena plaza
principal de Pasto
. Su padre, Guillermo Guerrero Navarrete, un respetado
intelectual y miembro de ‘la sociedad’ de Pasto, fue alcalde de esta ciudad en
1953. Pasto era entonces una ciudad eminentemente conservadora y pacífica,
características fáciles de confirmar por estadísticas electorales y archivos de
criminalidad en Colombia.   
A diferencia de
otras elites de las urbes de mayor figuración histórica en Colombia, las de
Pasto lograron mayor afinidad con las
masas populares. Y lograron esto en una región de feudalismo tardío, donde las
familias pudientes, como los Guerrero, se distinguían por la posesión de la
tierra. El hecho de que tanto ricos como pobres hubieran sido víctimas
ancestrales de una sangrienta revolución bolivariana de independencia
ayudó a
morigerar odios de clase.
Tal vez las
tradiciones culturales comunes, con blancos, indios y mestizos, hermanados por
tantos quechuismos en su lenguaje y bromatología, acortaban diferencias. Y cómo
olvidar como factor de identidad común los Carnavales de Pasto, tradición
centenaria celebrada más en las calles citadinas que en los clubes sociales
.
Aunque los marxistas asegurarían también que tal solidaridad relativa debe
buscarse en el catolicismo exacerbado, el más fuerte aparato ideológico del estado
en Pasto.    
La cohesión
social en Pasto en los años cincuenta
Lo cierto es
que Nariño escapó, casi indemne, al turbulento efecto nacional del ‘Bogotazo’.
Anecdóticamente cito un suceso de los días de la dictadura de Rojas Pinilla, de
defensa popular de ‘la aristocracia’ pastusa. Según la tradición verbal de ‘la
sociedad de Pasto’, se presentó un enfrentamiento entre los militares
gobernantes, venidos del ‘norte’ y los jóvenes del Club Colombia.  Este club quedaba entonces en plena plaza
central de Pasto, donde las familias de mayor alcurnia tenían sus propiedades.
Allá parqueaban la mayoría de taxis de la ciudad, cuyos conductores, gente de
estratos populares, salieron en su mayoría a defender a los muchachitos
pastusos del club social
.
Tal estabilidad
social relativa empezó a terminarse a fines de los setenta, cuando Pasto empezó
a modernizarse y el conservatismo a perder su preponderancia política
. La mejor
educación de las clases populares, la influencia de los medios y la apertura a
una Colombia más evolucionada, fueron definitivos. Pero también influyeron en
los cambios aquellos avances en comunicaciones y vías como la Carretera
Panamericana.
Empiezan los
cambios pero los extremos aún se entienden
Mientras
familias como las de Guerrero habían declinado en su liderazgo político, ante
el empuje de protagonistas de mayor raigambre popular, arrancaban los
liderazgos liberales, y también de izquierda radical. Aunque socialmente
distinguido, Luis Guillermo Guerrero Pérez fue otro estudiante pastuso más, que
fiel a sus tradiciones se matriculó en la Universidad Javeriana de Bogotá para
estudiar derecho. Intelectualmente sobresaliente llegó a hacerse amigo de un
profesor destacado como Juan Carlos Esguerra Portocarrero, futuro constituyente
y ministro  de origen lopista
. Lo demás
es historia…
Por su parte,
Heraldo Romero Sánchez, hermano de Ricardo Romero, el actual alcalde de Ipiales
y padre del gobernador Romero, representaba una sociedad nariñense distinta. La
sociedad de Ipiales, mucho más liberal que la pastusa, tenía unas tradiciones
políticas muy diferentes de los de la capital de Nariño. Ipiales fue mucho más
cercana a las ideas independentistas que Pasto, su hermana cultural, y allá no
se venera la ‘reacción antibolivariana’ de Agualongo
. Agualongo, dicho sea de
paso, fue un mestizo pastuso, pesadilla de Bolívar, quien retrasó la
consolidación total de la libertad en Colombia casi seis años.
En todo caso,
Heraldo Romero (1948) salió de Ipiales a estudiar en Bogotá, antes de cumplir
veinte años. Por allá en 1968, era ya militante de la Juventud Patriótica
(JUPA). En esta condición participó en los inicios del Movimiento Obrero
Independiente y Revolucionario (MOIR). Posteriormente regresó a estudiar derecho
en la Universidad de Nariño, donde fue un alumno brillante
.
En 1973, ya
había sido  nombrado Secretario Regional
en Nariño. Ese mismo año lideró un motín para tomarse las instalaciones de la
Asamblea Departamental de Nariño. La sociedad de Pasto, que había simpatizado
con las marchas populares que en la época del Presidente Pastrana Boprrero (y
luego con López Michelsen) exigían la construcción de una refinería en Tumaco,
se horrorizó al ver que Romero planeaba tomarse por la fuerza la asamblea departamental
de Nariño, ubicada en Pasto.
Dos años
después, en 1975, Heraldo Romero lideró la lucha cívica contra el alza en el
precio de la gasolina y agitó nuevamente las banderas pro refinería de Tumaco.
En 1977, promovió en Nariño el Paro Cívico Nacional del 14 de septiembre, que
puso en aprietos al Gobierno de López Michelsen
.  Pero su salud no fue la mejor desde entonces
y, a raíz de un cáncer,  falleció en
Bogotá en septiembre de 1980, a la edad de 32 años.
En los días que
falleció Romero empezó una década de progresivo deterioro de la paz social en
Nariño. La causa principal de este fenómeno se debe a la influencia del
narcotráfico y la guerrilla que agobiaba desde hacía años al resto de Colombia
.
A fines de esa década Luis Guillermo Guerrero regresó a Pasto, con la ilusión
de fundar una revista de información y opinión sobre Nariño. El modelo a imitar
era el proyecto del intelectual autodidacta, Alberto Lleras, la revista Semana.
Semana, como es bien conocido llevaba poco de renacer en su segunda encarnación,
en manos de Felipe López Caballero.
El proyecto de
BOGA ‘La Revista de Nariño’ nació con las uñas, pagando costos de impresión en
medianas imprentas de Pasto. La publicación llegó a tener una circulación
respetable para la ciudad y bastantes más suscriptores que el diario de mayor
circulación en Nariño
. Sin embargo, conscientes de sus limitaciones económicas
y para abaratar costos, BOGA terminó alquilando la imprenta social de un
sacerdote jesuita, el Padre Jaime Álvarez. Para ayudarse con los ingresos, la
gerencia de BOGA ofrecía servicios comerciales de impresión.
Con este
motivo, llegaron más de una vez a los talleres de la carrera 29 de Pasto, los
militantes ipialeños del ‘romerismo’, heredero de Heraldo. Ellos conseguían en la imprenta de BOGA, la
impresión de su propaganda proselitista
. Ese fue un singular contacto, en el
orden histórico, entre el pensamiento del futuro presidente ‘conservador’ de la
Corte Constitucional y los ancestros intelectuales del futuro Gobernador de
Nariño.
Nariño del
siglo XXI cercano a la unidad nacional por la paz
Veintiséis años
después, ya como Presidente de la Corte Constitucional, Yamid Amat entrevista a
Guerrero.  Empieza el artículo por
señalar que “la Corte Constitucional tiene, después de muchos años, a un
presidente caracterizadamente conservador
”. Y Yamid pregunta, coherente con
esta afirmación:
A pesar de su
conservadurismo, ¿se mantendrá el carácter progresista de la actual Corte
Constitucional?
“No creo que
pueda decirse que tener un pensamiento conservador impida promover la garantía
de los derechos o la afirmación de las libertades que están consagradas en la
Constitución. Para poner un ejemplo, en el tema de los derechos de la comunidad
homosexual, específicamente en materia de adopción, yo fui ponente de una
sentencia en la que se protegió el derecho de una mujer a adoptar a la hija
biológica de su compañera permanente, aunque luego, en un escenario distinto y
más amplio, salvé el voto, desde la perspectiva del interés de los menores. No
se trata de una negativa de los derechos, sino de concepciones distintas sobre
la manera como deben protegerse
”.
Con pocas horas
de diferencia, de la publicación de esta entrevista, el diario EL TIEMPO publica
un editorial de apoyo al Gobernador de Nariño, Camilo Sánchez. El artículo, ‘El
Grito del Gobernador de Nariño, se solidariza con uno de los departamentos más
golpeados por la lucha armada y el narcotráfico en los últimos 25 años
.
“Pocas regiones del país han sufrido con
dureza extrema los avatares de la guerra como el departamento de Nariño, una
región próspera, de gentes de bien, con un patrimonio étnico y cultural que
envidiarían muchos lugares de la geografía nacional
.
Paradójicamente,
este potencial ha jugado en contra del departamento. Su riqueza geográfica ha
propiciado la conformación y asentamiento de grupos al margen de la ley
,
llámense guerrilla o bandas criminales. La región ha sido catalogada por
organismos internacionales como una de las mayores productoras de coca en el
mundo y, según un informe publicado por EL TIEMPO, es epicentro de la minería
ilegal”…
,,.”El hecho
más reciente son las protestas y bloqueos que tienen lugar hace un mes en
Tumaco –que se ha vuelto puerto predilecto de toda clase de mafias del narco y,
desgraciadamente, rodeado de unas 17.000 hectáreas de coca–, y que dejan como
saldo, hasta el momento, un policía muerto. Los cultivadores de esta planta que
participan en las marchas, aupadas según las autoridades por narcotraficantes,
también retuvieron a un grupo de policías, en claro desafío a la autoridad”
–dice el editorial de EL TIEMPO.
El mismo día
que se produjo la avalancha de Mocoa, que golpeó tanto a la economía de Nariño,
su proveedor histórico, se produjeron varios actos de terrorismo en Tumaco y en
la vía a Pasto. Nariño ha quedado doblemente golpeado por estas situaciones.
En este
territorio de Colombia, el último en doblegarse ante la violencia guerrillera y
del narcotráfico, se juega otra vez la consolidación de la paz. Y una vez más,
los polos opuestos de la sociedad nariñense, representados por Guerrero y
Romero, encuentran afinidades teleológicas
. Ambos, a su manera, luchan por
afianzar la paz, unidos por el respeto a la Constitución del 91.
Y ambos
personajes de Nariño, con trayectorias periodísticas paralelas pero distintas,
se unen con seguridad al llamado de la antigua casa periodística de Santos. Y
con certeza aprueban la invocación editorial de EL TIEMPO, refiriéndose a la
tragedia de Nariño:  “El Ejecutivo lo
sabe, ha desplegado ayudas, pero no son suficientes. Hablamos de una región que
ha sido azotada por la violencia debido a que en ella han pelechado la coca y
la ilegalidad, pero que también le apostó a la paz, y por tanto no merece un
segundo capítulo de guerra fratricida”
–dice la columna periodística.
Nota original: 

Author: Miguel Cordoba

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