Nuevo contralor departamental

Por Manuel Erazo
Cabrera
Ismael Botina, popular
maestro Buchón, se desempeñó como profesor en la escuela rural mixta de La Victoria,
municipio de Ipiales, ahí conoció al niño Enrique Rosero Puerto. Era de cabello
churoso, medio catiro y de pantalón corto, aventajado para las matemáticas, de
memoria se sabía las tablas de multiplicar, sobre todo la del 10, pues, diez
honorables diputados lo eligieron Contralor, amigo de los amigos, pregúntenle
si no me creen al joven Camilo , al gran Raúl, al Senador Enríquez Maya, o al
Cálculo Bastidas.

La alianza de los 8
magníficos se conformó así: 3 conservadores, 1 verde, 1 liberal, 1 Asi, 1
indígena y 1 Cambio Radical
, éstos no se dejaron tentar ni por el fajo,
“empezaron bien mis cachifos” como decía mi colega León Pío Acosta. Luego, dos
de la U se sumaron al tren de la victoria, qué dirá mi jefe Bérner y el
Chiquito Garcia? ¡Achichucas!  tres y van
cero dice Julio Aníbal único heredero del jefe Tato, de inmediato, el sucesor
de Gilberto, el joven Andrés Zúñiga corrigió: 4 y van cero, aprendé a
multiplicar. Jefe Tato II dijo: ?cuál cuatro? Y Zúñiga respondió: ¿la alcaldía
de Ipiales estará pintada? Las arisméticas nunca fallan, o como enseñara el
filósofo de Yacuanquer “el que saca más votos gana y el que saca menos votos
pierde”. Hoy, la cruda realidad es que mi pupilo es el nuevo Contralor de
Nariño y punto.
Me faltaba comentar
que 4 diputados se impidieron: 3 liberales que demandarán a Tato II por no
haber votado con la bancada mayoritaria
, y el joven José Chepe María Moncayo,
antes liberal y ahora de la U, demandará a sus colegas Cerón y Muñoz por haber
votado por Enrique Rosero Puerto, traicionando, según él, al jefe máximo y
copresidente de la U. Qué carajo con este embolate. Sólo resta decir, nadie
sabe para quién trabaja.
Mientras se realizaba
la elección, los dos bandos hacían pronósticos de rigor, recibieron los
resultados con calculadoras modernas
, se cruzaron centenares de llamadas, unas
con mensajes de victoria y otras con malas palabras se echaban la culpa de unos
a otros. Maestro Buchón, estratega como siempre, visitó ambas sedes con la
advertencia de que no les recibió ni fajo ni chorizo, lo que sí espera ahora es
que su alumno le dé un contrato a término indefinido, como cuota de los
impedidos, con sueldo de parlamentario o que de lo contrario no acepta.
Un grupo de notables
hicieron hasta lo imposible para impedir la marcha triunfal de Enrique I a la
Contraloría
, lastimosamente al revés, incluso dos tutelas llegaron después de
la elección, pero ni siquiera alcanzaron a suspender la furrusca donde hubo
mote ipialeño, tortillas del  Pedregal,
chorizo de Samaniego, cuy de Pinzón, chapil fabricado por el Honorable Senador
Manuelito. Y no podían faltar de sobremesa, las rosquillas de Guaitarilla y el
agua de panela aportadas por los Representantes Liliana y Gilberto Betancourt.
La sabiduría popular es exacta. “Ojo afuera no hay Santa Lucía que valga.”
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Author: Miguel Cordoba

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